
Generación del Centenario
Recordemos en esta rapidísima visión de la historia musical argentina el decisivo papel que tuvieron algunos de los creadores de la Generación del Centenario, es decir los nacidos alrededor de los Noventa, y cuya temprana formación coincide con el centenario de la independencia política (1910) y jurídica (1916) del país. Es también el momento en que la Argentina toma conciencia de sí misma y de sus posibilidades frente a la gran cultura europea. Son esos creadores los que abordan, sin compromisos previos, los rumbos de la modernidad literaria y artística, siguiendo cada uno sus afinidades electivas, pero confiados, al mismo tiempo, en el rango cultural de su país. Unos reflejaron el influjo de Debussy y de otros autores representativos de la música moderna de Francia; otros encontraron en el neoclasicismo de Stravinsky la mejor solución a sus dilemas; hubo quienes sintieron despertar sus vocaciones ancestrales de una hispanidad de la que Manuel de Falla parecía haber diseñado su perfil más seductor, o quienes se enrolaron en los planteos propuestos por Schönberg y sus discípulos. Parece indudable que esta diversificación de tendencias que caracteriza a la Generación del Centenario responde con mayor transparencia la realidad del ser nacional. Eran en su mayor parte hijos de europeos, argentinos de primera generación, portadores de una cultura "de gajo" que aún, en algunos casos más que en otros, no había llegado a echar raíces. La situación de los músicos de la generación anterior había sido similar, sólo que ahora, desprendidos de la pasión nacionalista de fuerte cuño romántico, se afirmaba una mayor conciencia de individualidad creadora.
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Pertenecen a esta generación, entre muchos otros, José María y Juan José Castro, Luis Gianneo y Juan Carlos Paz. Son algunos de los protagonistas del Grupo Renovación, motivados por aspectos profundos que incidieron en el plano estético y por tanto en la poética de cada músico. Es que el conocimiento de Debussy y Ravel, Stravinsky, Schönberg, Honegger, Falla? debía provocar una transformación de fondo en nuestra cultura musical, con el añadido del sacudón producido por la eclosión del ultraísmo y el influjo de movimientos como el futurismo italiano. Pero en particular los grandes polos se organizaron en torno del neoclasicismo de Stravinsky y en el lenguaje dodecafónico de Schönberg y sus discípulos, en los que alienta la búsqueda de una nueva objetividad.
Todo ello provoca la consiguiente expectativa en los jóvenes, para quienes la superación de romanticismo y nacionalismo adquiere en los casos más radicales la fuerza de un imperativo categórico. Seguimos este recorrido el próximo jueves.





