Gente que se resiste al amor
No te prometo amor eterno , de Betty Gambartes y Diego Vila. Dirección general: B. Gambartes. Dirección musical: D. Vila. Con Nacha Guevara y Manuel Bandera. Escenografía: Alberto Negrín. Luces: N. Guevara. Sonido: Gabriel Soriano. Asistente de dirección: Pablo Rubio. Producción de vestuario: Andrea Mercado. Vestuario: Pablo Bataglia y Alejandro Bologna. Asesores en coreografías: Gustavo Wons y Junior Cervila. Producción general: Eloísa Canton y Bruno Pedemonti. Músicos: Jorge Pemoff, Fabián Fazzio, Fabián Guerrero, Damián Bolotin y Diego Vila. En el Metropolitan 2, Corrientes 1343. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: buena
Además de otros méritos, Betty Gambartes le aportó al teatro su propio estilo de musical, tal vez emparentado con las llamadas "óperas rantifusas" de Julio Tahier ( Gotán ). Con sus Arráncame la vida y Yo que tú me enamoraba , entre otras, implementó ese estilo de musical romántico con el amor como tema central, pero con una historia hilvanada a través de canciones ya conocidas. No te prometo amor eterno continúa esa línea, con algunas variantes. En esta obra, hay una mayor abundancia de canciones completas y de textos que aportan a la dramaticidad y a la línea de acción. Gambartes y Diego Vila escogieron una buena selección de temas que sirven para contar una historia de amor escéptico, de amor líquido, de ese que ya descree de que todo puede ser "para siempre". Para eso, crearon a un hombre y una mujer que aman con pasión, pero que descreen y sienten encierro en el placer y el sentimiento. Estructuraron el espectáculo en cuadros que reflejan los estadios de esa relación fóbica: la etapa del "no me quieras tanto", el hartazgo, esas soluciones autosuficientes, la soledad, los disfraces, el "me ofendiste", la sanguinaria ausencia, la estrategia, el idilio y el miedo a lo sólido. Y la temática logra la complicidad con el espectador, sobre todo a través de los momentos más pícaros y graciosos.
Para contar todo eso, Gambartes y Vila escogieron un variado cancionero, con algunos textos, que pasa por coplas españolas, temas de amor, boleros, por el sarcasmo de Liliana Felipe, la filosofía de Joaquín Sabina, o la ironía cascada de La Lupe, o de Pasión Vega.
La directora le sacó el jugo a la dupla, que en los momentos que comparte demuestra un perfecto ensamble, con buena comunicación, códigos y picardía. Aunque cada uno tiene muchos solos como para el lucimiento, son más abundantes los duetos y los diálogos cantados, en los que se apela al cruce de canciones y de estilos para crear el hecho dramático, sin llegar a ser Pimpinela. Es potente el dúo que se genera en "Contigo", de Sabina.
Personalidades
Betty Gambartes trazó una hermosa puesta en escena en la que aprovecha cada espacio y cada elemento, para lo que contó con los aportes valiosísimos de Nacha Guevara en la iluminación (siempre es brillante en este aspecto) y la efectiva escenografía de Alberto Negrín. Asimismo, hay un interesante aporte de Gustavo Wons y Junior Cervila en unas coreografías insertas en el lenguaje ya sea para ironizar o para ilustrar.
Se intuye que no debe haber sido fácil su trabajo en la dirección actoral. Esto no quiere decir que esté mal lo que se ve, pero Nacha Guevara es la de los recitales y Manuel Bandera es mejor cantante y bailarín que actor. Es decir, no hay composiciones. La obra tiene cierta cosa de recital que se respira por momentos, sobre todo en los solos, algo que enturbia en algo la teatralidad. Hay algo estático en esos momentos.
Nacha Guevara (Mistinguett le hubiera envidiado las piernas) es genial en lo suyo y sus seguidores no se sentirán defraudados. Sus momentos sublimes: cuando canta "El", una versión del "She", de Elvis Costello; su versión de "Nuestro amor", de Liliana Felipe; el "No", de Alejandro Fernández, y "Soledad", de Le Pera. En tanto, Bandera encuentra sus instantes de lucimiento en las coplas españolas, en "Puta mentira", de Falete, y en "Sin ti", de Pepe Guizar.
Lamentablemente, no se pudo acompañar esta reseña con una foto del espectáculo porque se impidió el acceso de los reporteros gráficos a la función. Una lástima.




