
Grätzer, pasión por la música
En el décimo aniversario de su muerte, se lo recuerda como compositor y docente
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Este año se conmemora el décimo aniversario del fallecimiento del maestro Guillermo Grätzer, una de las grandes figuras de la música en nuestro país, ocurrido el 22 de enero de 1993.
Grätzer fue un ser humano excepcional que se entregó con fervor a transmitir sus conocimientos -muy vastos- a mucha juventud argentina.
Quienes tuvimos el privilegio de recibir sus enseñanzas conocimos a un hombre de conmovedora bondad, de una exquisita sensibilidad y de un amor profundo a la música.
Cada día de clase de piano, la experiencia se reiteraba.Caminando por las calles de Belgrano, a pocas cuadras de Cabildo, uno ya vislumbraba la atmósfera familiar de la casa, la dedicación de su esposa.
Más que dominar las notas, era el análisis del contenido, del mensaje espiritual, era descubrir los detalles que a simple vista no se ven lo que definía su estilo en el marco de su época.
-Perdón, maestro. Ayer no tuve tiempo de estudiar la Invención de Bach...
-Qué lastima -decía con voz muy tenue-, así avanzamos poco. ¡No importa! ¡Se me ocurre una cosa! Vamos a leer directamente de la edición crítica de tal como él escribió esa invención. Mira, no hay casi ninguna indicación, ni de tiempo, ni de expresión. Pero eso no quiere decir que no haya una lógica interna. Bach, no dejó indicación porque en cada frase, en cada conjunto, surge una expresividad y una velocidad natural. Si tocamos así -y el maestro ejecutaba un pasaje con rapidez-, no queda bien. Si lo hacemos muy lento, no tiene sentido. En cambio así -y Grätzer se acompañaba cantando y explicando-, sencillo, nota por nota y con justeza, es Bach
La sonrisa dulce de Grätzer siempre me cautivó. Era un rostro que irradiaba calidez.
Los sábados, los alumnos de Grätzer escuchábamos una charla suya o de Leuchter, mientras los más chicos tocaban las flautas dulces o los instrumentos de percusión, porque el método era el Orff y el ritmo se hacía jugando. Pasaban las horas y nadie quería ausentarse. Todos estábamos en un mundo musical fascinante.
Obra prolífica
Guillermo Grätzer había nacido en Viena, el 5 de septiembre de 1914, estudió música desde muy chico con figuras prestigiosas como Ernst Lothar von Knorr, Paul Pisk y Paul Hindemith y, a partir de 1935, dio a conocer una serie de composiciones que entusiasmaron a sus maestros.
Así, por ejemplo, vale la pena mencionar una sonata en si bemol, variaciones fáciles, tres tocatas, todas para piano, el primer cuaderno de lieder, para voz y piano, una sonatina para flauta y piano y el Salmo 44, de 1938, para solistas, coro y orquesta de cuerdas.
Este detalle da la idea de que en Viena, en pleno momento de conmoción mundial, el joven músico austríaco había iniciado una carrera mucho más que auspiciosa. Pero el destino dispuso que no pudiera desarrollarse en su patria y como muchos, se vio obligado a emigrar.
La Argentina lo recibió con cariño y admiración a partir de 1939, y su mensaje de amor y agradecimiento se transformó en música: así nacieron el segundo cuaderno de lieder, 25 canciones hebreas, dos coros sobre textos bíblicos, un cuarteto de cuerdas en un solo movimiento, su magnífico concierto para gran orquesta, la Rapsodia para violín y orquesta, Danzas antiguas de la corte española, la Danza de la muerte y de la niña.
Escribió con frenesí y su catálogo es llamativamente rico y variado. Basta sólo con citar algunas de las obras para la escena y piezas sinfónicas para dar la medida del compositor nato: el ballet "Siete princesas muy desdichadas", "Jerusalén eterna", la cantata para solistas y orquesta de cámara "Bar Cojbah", el oratorio-ballet con solistas y relator "La creación según el Pop wuj maya", "Variaciones sobre un tema de Salomone Rossi", para orquesta de cámara, danzas populares yugoslavas, "La parábola", para gran orquesta, "Liberación", "Piedras preciosas","Música para la juventud", entre otras tan variadas que no es posible aquí enumerar.
Sus enseñanzas escritas
Pero Grätzer fue además un pedagogo. De ahí su monumental contribución en el terreno de la literatura especializada. Algunos títulos son: "Música coral antigua" (Ricordi, 1947), "Nueva escuela coral" ( Ricordi, 1949), "La ejecución de los ornamentos en las obras de Bach" (Ricordi, 1958-59), "Introducción al método Orff" (Barry, 1963), "Guía para la práctica de la música para niños, de Orff" (Barry, 1983), "Antiguas danzas indígenas" (Schott, 1963, reeditado por Ricordi en 1985), "Música de España del Siglo de Oro", "Bach y sus contemporáneos", "El director de coro", "La música contemporánea" (1980), "Musique folklorique d´Amérique", editado en francés, entre otras publicaciones siempre instructivas y de calidad
Después de haber fundado el Collegium Musicum de Buenos Aires, del que fue su director hasta 1980, su personalidad se agigantó. En 1982 se estrenó en Salzburgo un trío de cuerdas, de su autoría; la Asociación Amigos de la Música, le otorgó el primer premio por su "Concierto de cámara" y recibió los premios Guido d´Arezzo, el de la Secretaría de Cultura de la Nación, el de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores e integró el Fondo Nacional de las Artes, desde 1984 y hasta su muerte.
Fue, además, un brillante profesor de composición en la Universidad Nacional de La Plata, por donde pasaron muchos futuros compositores hoy prestigiosos. La composición y la docencia fueron las dos grandes pasiones de su vida.




