Guli, la promesa del nuevo pop con aires de bon vivant

Con su tercer disco Yate, el músico logra una paleta de sonidos muy de época y amplifica sus influencias contemporáneas
¿Parodia o realidad?: el truco del músico de zona norte
¿Parodia o realidad?: el truco del músico de zona norte Fuente: LA NACION
Con su tercer disco Yate, el músico logra una paleta de sonidos muy de época y amplifica sus influencias contemporáneas
Martín Sanzano
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17 de marzo de 2019  

Guli es el nombre de fantasía que eligió Agustín Bucich, un joven músico porteño de 30 años, para emprender su carrera en solitario. Primero lanzó Hanganga (2016), luego Waiata (2019) y finalmente, a principios de este año, Yate, un disco fresco y lleno de humor que vino a darle una cachetada al letargo veraniego.

"Es un juego", dice Guli del otro lado del teléfono mientras intenta definir la idea de Yate. "Me venía divirtiendo mucho el concepto del yatch rock, ese soft rock de finales de los 70, principios de los 80, que daba la idea de estar navegando en un yate tomando champagne. Empecé a relacionarlo con el éxito. La palabra ?yate' te lleva instantáneamente a eso", asegura.

En la tapa del disco, el propio Guli aparece sentado en una reposera vestido para el éxito: gafas cool, saco, pantalón de vestir y un sombrero al costado. El escenario de la foto parece ser un muelle en donde espera -imaginamos- que atraquen su yate. "En el disco un poco me estoy riendo de las ganas de tener éxito, que no excluyen a nadie. Todos los músicos, desde el más hippie hasta el más estrella, persiguen el éxito de alguna manera. Me río del músico, de mí mismo, tratando de tener éxito. Es una parodia, una ridiculización de esa situación. Es lúdico, también. Soy yo jugando en el estudio a hacer hits de los 70 y 80", sintetiza.

El resultado del juego es positivo. Las ocho canciones que componen Yate, un álbum que no llega a la media hora de duración, tienen ese espíritu de hit que menciona Guli. Y también están cargadas de parodia, de un sonido exageradamente vintage, casi kitsch, que provoca un viaje en el tiempo. Es lo que ocurre desde el primer track, "Obertura", hasta el saxo juguetón de "Bebe Volvé". Pero también hay otro elemento clave: las colaboraciones. María Pien, que además es guitarrista de la banda en vivo de Guli, aporta su voz en la dulce "Cintas con vos". Tomi Morano hace lo propio "Arriba", y el cordobés Juan Ingaramo explota el estribillo de la pegajosa "Ansia".

Pero hay más. Goyo Degano, de Bandalos Chinos, le pone su impronta al último tema del disco, "No hay nadie". Y si hay un featuring que sobresale del resto es el de Ca7riel, el joven trapero revelación del género que se pone en la piel de un jamaiquino para cantar "M.M.B.F." Guli se deshace en elogios con su colega: "Cato es de mis favoritos de todo el país, lo amo. Ya laburamos juntos antes, de hecho mezclé su primer EP ( Povre, 2018). Creo que es el invitado que más se destaca en Yate por ser diferente a los demás. Va por otro costado, es un trapero, no trata de ser elegante. Está haciendo quilombo, enchastre. Para ese tema tenía que ser él".

Agustín nació en la ciudad de Buenos Aires pero se crio en Don Torcuato, en la zona norte del Gran Buenos Aires. "Tuve una infancia muy de los suburbios. Amigos, bicicletas, calle de tierra -enumera-. Más de adolescente nos juntábamos en lo de un amigo a escuchar vinilos, nos quedábamos toda la noche ahí, flasheando psicodelia. Lo urbano me empezó a llamar la atención más adelante y ahí fue cuando dije: ?Bueno, tengo una banda, tengo que ir a la Capital a moverme'". La banda que menciona es Levare, una suerte de antesala de su proyecto actual.

Hoy, Guli trabaja solo en el living de su departamento, donde tiene montado un estudio casero que se fue armando de a poco. "Me quedo acá horas y horas laburando, es como una catarsis también", confiesa. Aunque todavía no vive de la música, nada le impide seguir tocando.

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