"Hice todo lo que quería con mi violincito"
El músico santiagueño será homenajeado en el cierre del festival de Cosquín
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COSQUIN.- Sixto Palavecino, que está retirado de la música, pasó por Cosquín para recibir el premio Camín, la distinción más importante del festival en la noche de cierre.
En marzo, don Sixto Palavecino cumplirá noventa años. Nada parece atormentar su inquietud vital, ni siquiera el estado de postración en el que se encuentra por una dolencia en la columna vertebral. "Estoy tranquilo porque he hecho todo lo que quería con mi violincito", dice el músico quichuista. Desde la silla en la que está sentado observa la vida como quien contempla un horizonte despejado. Tiene la actitud humilde de un campesino y la sabiduría de un hombre de monte. "No me siento nada. Soy simplemente lo que soy, un violinero bendecido por el Tata Dios. Por eso a veces me sorprende el cariño de los grandes músicos y del pueblo. Es algo que me pregunto todos los días", dice el violinista santiagueño, que vino al festival de Cosquín para recibir el premio Camín de Folklore, la máxima distinción que entrega el festival a los artistas populares.
El reconocimiento lo pone contento. Hizo el esfuerzo de salir de su casa en Santiago del Estero, con todo lo que implica moverse en silla de ruedas, y fue trasladado especialmente en un avión de la gobernación para que pudiera estar en el escenario Atahualpa Yupanqui. Pero todavía no entiende tanta atención y homenajes. "Debe ser por los 23 años que venimos difundiendo la música nativa. La última vez que vine a tocar fue hace tres años, con mis hijos. Sé que el festival tuvo sus altibajos, pero siempre genera un lindo lugar para que la juventud se encuentre con la música nativa", cuenta el músico, que hace poco recibió otro homenaje en la esquina de su casa, donde tocaron León Gieco y Peteco Carabajal. "Fue muy lindo porque estaba todo el pueblo", agrega.
Su último disco, "Dulzura quichua", salió hace tres años. Ya no toca el violín. Está guardado en su estuche, donde tiene una foto del Che. "Lo extraño al violincito, pero tengo los dedos duros y se me hace difícil tocar. Mi estado de salud me obligó a retirarme de la música. Pero quién sabe, hace unos cuatro meses grabé unas cositas para una chacarera en el disco de Lovatito, un chico que toca muy bien. La chacarera gusta mucho en la juventud y en los últimos años se ve cualquier cantidad de chicos chiquitos que quieren aprender a tocar el violín."
-¿Siente que su música tiene herederos en los más jóvenes?
-Me pone contento que haya chicos que sigan su camino, como Pablo Aznarez, Leandro Lovato y Néstor Garnica, aunque él viene con estudio y es un gran violinista. Yo he sido muy amigo de la juventud y me acerqué a ellos para darles algún consejo si me lo pedían. Pero principalmente les decía que fueran humildes, honrados y buena gente.
Don Sixto Palavecino es uno de los principales difusores de la música del monte santiagueño y de la lengua quichua. Participó activamente del legendario disco "De Ushuaia a La Quiaca", que acaba de cumplir su vigésimo aniversario. Tradujo el "Martín Fierro" a ese idioma ancestral (también trabaja en un formato bilingüe) y grabó más de 30 LP y cuatro compactos con chacareras, gatos y escondidos en quichua. Pero no se reconoce como un maestro. "Yo soy violinista de oído, aprendí mirando y escuchando a mis mayores. Con el tiempo, y viendo a otros músicos, descubrí que la posición mía es incorrecta, pero no la cambié. Toco a mi manera, y eso tiene un saborcito distinto, que recuerda a la música de los abuelos. Es algo que me sale naturalmente cuando toco."
-¿Y el quichua cómo lo aprendió?
-Eso lo mamé desde el vientre de mi madre.
Apostillas / Una jornada signada por el mal tiempo
- Ballet roquero. Técnicos y curiosos se sorprendieron cuando comenzó a sonar a todo volumen el tema "La argentinidad al palo", de la Bersuit, en el escenario Atahualpa Yupanqui. Todavía faltaba media hora para la apertura de la octava jornada y el Ballet Camín en pleno dejó su habitual coreografía telúrica para bailar al compás de la chacarera furibunda de la Bersuit. Al final todos le brindaron un aplauso al ballet y otros se tranquilizaron de que los aires de renovación no llegaran a tanto en la plaza Próspero Molina.
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- Buena suerte. El diluvio que cayó el sábado sobre la ciudad obligó a suspender la octava jornada, pero Raly Barrionuevo tuvo tiempo de presentar las nuevas canciones de "Ey paisano" ante unas cinco mil personas. En uno de los días de menor convocatoria, porque se presentía el temporal, el santiagueño realizó un set contundente, donde combinó su repertorio más roquero, como la guajira "Hasta siempre", con las chacareras más tradicionales: "El guachito". Incluso ofreció un par de bises con el fondo de los relámpagos. Minutos después, cuando Angela Irene estaba en el escenario, se desataron la lluvia y el granizo. La jornada pasará para mañana.
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- Premios. Al cierre de esta edición el nombre que resonaba como Consagración era el de Claudia Pirán. Leandro Lovato quedó descartado por el propio secretario de programación, que le dijo al bajar del escenario: "Lo que hiciste no fue folklore". Como revelación, el premio quedaría para la ganadora del Pre-Cosquín, la solista femenina Mariela Trimaglio.
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- Visita relámpago. Durante la jornada del sábado, un sonriente Eduardo Falú paseaba por la zona aledaña al tablado. El músico no estaba para tocar en el escenario, al que no es invitado desde hace tiempo. Había llegado como un "emisario" para entregar el premio a los ganadores del Festival de la Canción, que se desarrolló durante el festival. Consultado por LA NACION por la pobreza de las canciones presentadas, sólo atinó a decir: "Yo no sabía nada, no tuve opinión en esto".



