Hilary Hahn: una violinista extraordinaria
Esta destacada y joven música norteamericana llega para tocar en la Argentina en el Templo Amijai como parte de su gira mundial
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Cuando el Templo Amijai inició su ciclo Grandes Violinistas, apostó a lo seguro: para hacer música de cámara, en dos años consecutivos, vinieron Shlomo Mintz, Pinchas Zukerman y Gideon Kremer. Mañana se abre la tercera temporada del mismo emprendimiento con Hilary Hahn, un nombre de menos predicamento en nuestro medio y que podría hacer suponer que las cuestiones vienen ahora con algún descenso en la calidad. Pues para poner las cosas en claro, nos parece conveniente comentar, desde el mismo inicio, que esta violinista, nacida en Virginia hace 29 años, es una de las instrumentistas más brillantes de la actualidad, que ya lleva registrados diez álbumes notables y que el último de ellos, dedicado a los conciertos para violín y orquesta de Sibelius y de Schönberg, junto con Esa-Pekka Salonen y con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Suecia (ver recuadro), le ha valido, ni más ni menos, el Grammy al mejor álbum para solista y orquesta de 2008, el "Choc" de Le Monde de la Musique y, sobre todo, el haber sido distinguida artista del año por la revista Gramophone, algo así como el Oscar de la música clásica.
Desde Inglaterra, antes de emprender la gira que la traerá por América latina, dentro de la cual está este único concierto que ofrecerá en Amijai junto con la también muy bella y joven pianista Valentina Lisitsa, Hilary conversó con La Nacion y contó que estaba finalizando un tour europeo en el cual estuvo tocando, especialmente, el Concierto para violín y orquesta, de la neoyorquina Jennifer Higdon, "una pieza que escribió especialmente para mí y que, próximamente, voy a grabar". En su página web, se ve un calendario nutrido, variado y dificultoso. Le preguntamos cómo hace para mantener semejante actividad. "Bueno, no es tan complicado. Es cierto que junio va a ser un mes intenso. Pero después, me tomo un descanso. Y, a lo largo del año, también alterno muchas presentaciones con períodos de vacaciones. Pero, la verdad, soy muy afortunada, disfruto lo que hago y los conciertos no me implican ningún esfuerzo físico o emocional."
En función de este concierto de Higdon y de las tres piezas de Charles Ives que intercalará entre obras de Brahms, Ysaÿe y Bartók, queremos saber si ella siente algún tipo de obligación de tocar música estadounidense. "No, más que nada es una suma de coincidencias lo que hace que, en este momento, esté tocando estas obras. Es real que sí tengo un contacto más fluido y un conocimiento más cercano con los compositores actuales de mi país, con quienes podemos interactuar y encontrar caminos musicales comunes. Ahora, con respecto a las obras de Ives para violín y piano, que no son muy conocidas, tuvimos la oportunidad de tocarlas en una gira local y despertaron reacciones muy positivas en el público estadounidense. De las respuestas de la gente, pudimos revalorar y descubrir elementos que, tal vez, en otro contexto, no habríamos apreciado. Ahora queremos compartirlas con otras audiencias. Sólo por esto, en esta ocasión, hay cierta preeminencia de lo norteamericano en mis programas."
Le consultamos si fue una sorpresa haber recibido tantos premios por un CD que incluye una obra de Schönberg. "La verdad es que no fue estrictamente una sorpresa. Con Esa-Pekka Salonen, que fue mi socio y colega en este proyecto, estábamos convencidos de que el producto que habíamos hecho era muy bueno. Eso no implicaba, por supuesto, que, necesariamente, fuera a ser premiado. Pero sabíamos que habíamos hecho algo realmente valioso." Su inglés es veloz, un tanto cerrado y la comprensión exige demasiada concentración. Sin embargo, hubo una respuesta que no necesitó requerimientos especiales de ninguna índole. Cuando le pedimos que nos contara qué le pareció haber sido designada la artista del año por la revista Gramophone, sencillamente exclamó: "¡Great!". E, increíblemente, se quedó callada. Después sí, dijo que fue muy lindo, pero que, en realidad, "pasada la gran alegría, todo sigue igual y hay que continuar trabajando para alcanzar nuevas metas. En realidad, no trabajo para recibir premios, sino para ofrecer lo mejor para la gente". Y agrega: "Pero recibir premios es muy lindo".
Cuando apenas tenía veinte años, Hilary participó en The art of the violin, esa maravillosa película de Bruno Monsaigeon. Allí, ella hablaba de sus impresiones sobre violinistas del pasado a quienes, lógicamente, nunca pudo escuchar en vivo. Le hacemos una pregunta hipotética: "Si tuvieras ocasión de tocar para alguno de ellos, ¿qué elegirías?" Después de una sonora exclamación de sorpresa, piensa en voz alta: "No estoy segura. Lo primero que se me ocurre es que tocaría algo para impresionarlos. Pero, en realidad, me gustaría que ellos me pidieran algo y que, como verdaderos maestros que fueron, me indicaran qué hacer y cómo interpretarla".
En todo caso, para impresionar ya no a los viejos violinistas, sino al público argentino, mañana, en Amijai, y sobre un repertorio absolutamente fantástico y nada convencional, Hilary Hahn desplegará sus perfecciones técnicas, su increíble sonido y, sobre todo, sus infinitas cuotas de musicalidad.
Para agendar
Hilary Hahn, concierto de la violinista junto con Valentina Lisitsa (piano).
Programa: obras de Ives, Ysaÿse, Brahms, Bartók.
Templo Amijai, Arribeños 2355. Mañana, a las 20.30.





