
Interesante ópera de Verdi
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Opera "Stiffelio" , con libreto de Francesco Maria Piave, basado en el drama "Le Pasteur ou L´Evangile et le foyer", de Emile Sauvestre y Eugene Bourgois. Música de Giuseppe Verdi (estreno sudamericano). Elenco: David Maxwell Anderson y Antonio Barasorda (Stiffelio); María Spacagna (Lina); Vladimir Chernov (Sterkar); Stefano Palatchi (Jorg); Juan Carlos Vasallo ( Raféale); Carlos Iaquinta (Federico) y Roxana Deviggiano (Dorotea). Producción escénica original realizada en el Covent Garden de Londres, perteneciente a la Opera de Viena, de. Elijah Moshinsky; Revisión de Tim Coleman. Vestuario: Peter Hall. Director de Coro: Manuel Cellario. Coro y Orquesta Estables del Teatro Argentino de La Plata. Director: Javier Logioia Orbe. Teatro Argentino de La Plata.
Nuestra opinión: buena.
Con muy buen criterio, el Teatro Argentino de La Plata ofreció el estreno sudamericano de la ópera "Stiffelio", de Verdi, cuya significación resulta importante dentro de la producción del compositor ya que, junto con "Luisa Miller", marca un momento de transición en la evolución de su estilo. Desde este momento aparece un notable enriquecimiento de los recursos orquestales con el objetivo de producir la atmósfera de la narración, en favor de la expresividad teatral.
Con un libreto muy original, con un protagonista inédito de carácter religioso -un hombre maduro, serio y circunspecto, pero con arranques casi incontrolados de ira (resulta evidente el anuncio de matices del futuro Otello)-, Verdi escribe una partitura de rica estructura y no poca inspiración melódica.
Arias inspiradas, ideales para el lucimiento vocal de los protagonistas, momentos de gran intensidad dramática, numerosos pasajes de canto concertado con voces formando parte del entramado orquestal (son espléndidos un cuarteto del segundo acto y un septeto en el primer acto, así como grandes conjuntos) llevan el sello inconfundible de un estilo exclusivo.
La versión ofrecida tuvo como protagonista al tenor estadounidense David Maxwell Anderson, quien a poco de aparecer en escena dejó escuchar una voz vacilante en la emisión y de cambiante color en la zona aguda, como si se tratara de un tenor con dos tipos de voz diferentes. Primero parecía fruto de un nerviosismo natural por debutar ante un público para él desconocido, pero con el correr de los minutos su voz se fue opacando al punto de arribar a un final de acto con síntomas de fatiga y esfuerzo. Era indudable que el rol de Stiffelio excedía sus recursos, no sólo por el aspecto sonoro sino por la falta de carácter para abordar el canto verdiano.
Pero antes de comenzar el segundo acto se anunció que sufría una indisposición y que sería reemplazado por el tenor Antonio Barasorda, circunstancia que vino a dejar abierto un interrogante sobre los méritos del artista, porque quizá se esté en presencia de un caso más de un cantante lanzado a destiempo al abordaje de personajes comprometidos también en los aspectos expresivos y de actuación teatral.
Por fortuna, el reemplazo llegó a tiempo para darle al papel protagónico otra dimensión, no porque Barasorda posea una voz excepcional, sino porque su expresión en el decir mostró a un hombre con oficio, temperamental y sincero para crear su personaje.
El personaje de Lina, la esposa infiel del pastor protestante, estuvo a cargo de la soprano María Spacagna, cantante experimentada, poseedora de buen sentido para el fraseo, pero limitada en su rendimiento debido a sus actuales condiciones vocales, que distan mucho de las que reclama la dimensión del gran personaje femenino de Verdi, la misma dimensión que aparece como una constante en la mayoría de sus heroínas.
Un factor de peso fue el barítono Vladimir Chernov, quien se ajustó al estilo del compositor encarnando a Stankar, padre de Lina, con nobleza en el canto, buenos recursos técnicos y desenvoltura escénica. Encaró las arias con segura musicalidad y hubo momentos en los que aplicó sutilezas de gran jerarquía. La distinción y sabiduría del artista nació de sus condiciones naturales, pero también de su formación académica, en la escuela rusa de San Petersburgo y en Milán. Fue muy buena la labor del bajo Stefano Palatchi, en el personaje de Jorg, en tanto que el tenor Juan Carlos Vasallo, como el amante Raféalo, cumplió en concordancia con sus recursos. Carlos Iaquinta y Roxana Deviggiano completaron el reparto.
La visión escénica
La puesta original de Elijah Moshinsky para el Covent Garden de Londres, excelente por su sobriedad y sugestión, apareció solo en una mínima proporción ya que la revisión de Tim Coleman la modificó en muchos de sus mejores aspectos, hasta desnaturalizarla al no mostrar aquella grandeza del acto primero, con los ventanales cuyas transparencias prolongan la arquitectura en un segundo ambiente, ni en la poética y cargada atmósfera del acto del cementerio. En cambio, el vestuario conservó su buen diseño, elegancia y naturalidad.
La versión musical del director Javier Logioia Orbe fue acertada en cuanto a la dinámica general, con momentos de bien logrado lirismo, en particular en las magnificas escenas de conjunto, y otros sumamente prolijos, pero sin la suficiente flexibilidad de planos. Contó con una meritoria actuación del conjunto orquestal, que seguramente ha de mejorar aún en las próximas funciones, y del coro preparado por Manuel Cellario.
Con este título dado a conocer en La Plata -sumado a "Alzira", que se ofrece en estos días en el Teatro Roma de Avellaneda-, resta esperar para completar la totalidad de las óperas del catálogo de Verdi en nuestro país que se represente la juvenil "Un giorno di regno ossia il finto Stanislao" ("Un día de reinado o el falso Estanislao").


