
Joaco Burgos: el niño prodigio que está recuperando el sonido del rock nacional y al que apadrina un grande de la escena
Como pianista y compositor, reivindica lo mejor de Charly y Fito; presenta su nuevo álbum el próximo 4 de agosto en el teatro Coliseo
10 minutos de lectura'
Llamar a Joaco Burgos una promesa del rock nacional no es una exageración. Con tan solo 22 años, acaba de editar Desde lo profundo, su tercer álbum, en el que ahonda en el sonido que más lo caracteriza, que es el del rock nacional clásico que artistas como Charly García y Fito Páez supieron construir. La comparación no es arbitraria porque, al igual que estos dos astros, su instrumento es el piano, que había perdido mucho terreno, primero sobre las guitarras y luego sobre los sintetizadores y las computadoras. Con el padrinazgo de Fernando Samalea, que se incorporó a su banda estable y lo invitó a integrar Beats Modernos, su proyecto tributo a García, presentará sus nuevas canciones en lo que será el show más grande de su carrera el próximo 4 de agosto en el teatro Coliseo.
–Sacaste tres discos en cuatro años. El anterior, Frenesí, es más bailable, mientras que Desde lo profundo recupera el espíritu cancionero del rock argentino. ¿Cómo lograste esa evolución en tan poco tiempo?
–Siempre tengo ganas de hacer un álbum. Suelo tener guardadas un montón de canciones, pero las de este trabajo salieron casi por arte de magia, sin darme cuenta, una atrás de la otra, en un lapso de tres o cuatro meses. De repente tenía un montón de composiciones nuevas que me encantaban y decidí grabarlas. Con Fernando Samalea hicimos las maquetas y armamos más temas de los que terminaron quedando, pero ahí está la gracia: elegir cuáles llegan a la final. Cuando pasó el show que hice en Vorterix en septiembre del año pasado, con Martín Lema, que además de ser el guitarrista de mi proyecto es el productor, nos tomamos 20 días para grabar los demos de unas 15 canciones y salimos de ahí con un 70 por ciento del disco hecho. Después viajé a España para tocar y cuando volví registramos las bases definitivas en Estudios Panda. Todo el proceso, desde la composición hasta la mezcla con Mario Breuer, fue entre marzo y diciembre.
–Algo que llama la atención de tu discografía es que no tenés sencillos por fuera de las canciones que integran tus discos...
–Son los cortes de difusión del álbum, como si lanzaras un single en vinilo. No me gusta sacar temas separados porque siento que no llegan a decir algo. Una canción depende de la que tiene al lado, de la que está atrás y adelante. Por eso hago discos. Hasta un EP banco, pero sacar un sencillo sin contexto me hace sentir que falta algo alrededor. Ahora estoy viendo que mucha gente se está dando cuenta de que editar un disco entero es lo que va y que escuchar música de esa manera es lo más lindo. Entonces, entre este formato nuevo-viejo del vinilo y la movida de la nostalgia, todo el mundo está en lo vintage, pero yo no trato de meterme en una moda, sino de hacer las cosas como a mí me gustan y como las hace la gente que admiro.
–Sos muy joven para la cantidad de música que grabaste. ¿Cómo es tu formación musical?
–Empecé a estudiar de muy chico porque mis padres son músicos. A los cuatro o cinco años ya estaba con una profesora de piano y a los seis o siete empecé a leer partituras y a tocar música clásica. En la adolescencia conocí a Michael Jackson, Queen y Charly García. Al terminar la secundaria empecé a estudiar jazz en el conservatorio Manuel de Falla. Se me fueron mezclando los mundos y todo ese licuado musical hizo que mis canciones suenen, más que a una época en particular, con una modalidad determinada, que es con una banda, con pibes tocando juntos, algo que antes era más común. Me encontré con gente que lleva esa bandera muy alto, como Samalea o los chicos de mi grupo, con quienes comparto las formas y creemos que hay que transitar la vida de manera divertida. Por eso mi música suena parecida a lo que se puede encasillar dentro del género de la canción argentina, que a su vez tiene mucho de la música internacional y del tango.
–¿El tango es una música que escuchás?
–El tango es de acá, entonces es como que no te podés escapar de él, aunque quieras. Si sos argentino y querés hacer canciones, ya sea desde el piano o la guitarra, algo de tango siempre vas a terminar sacando. Si vivís en Buenos Aires, probablemente tenés en las venas un poco de esta música que es tan nuestra, consciente o inconscientemente.
–Al escuchar tus canciones se nota que te acercás a la música desde un rol que ya casi no existe, que es el del pianista, como lo son Charly, Fito y Alejandro Lerner.
–Mis composiciones son lideradas desde el piano. Podría decir que mi banda es un conjunto de piano rock. Aunque compongo mucho desde la guitarra, el piano es el instrumento que estudié y el que manejo con más facilidad. Es cierto que no hay tantos cantautores con piano actualmente, es una modalidad que se pasó un poco de largo. Pero antes de conocer a Charly y Fito, veía en YouTube a Freddie Mercury o a Elton John y me volvía loco, quería ser como ellos. Hay cierta etapa de la vida donde sos como una esponja y eso va a definir lo que te emocione toda la vida. Si escuchás de chico folklore, después cuando tengas 50 años esa música te va a llevar a un lugar especial. De chico fui mamando todo eso y la música clásica desde el piano. Sin duda, mi camino era por el piano pero mezclado también con el rock y con un poquito de jazz.
–¿Cuándo empezaste a escribir tus canciones?
–En la pandemia, cuando tenía 15 años. Era un pendiente que tenía y que surgió como un acto de expresión o necesidad. Al ser un adolescente encerrado salieron cosas que quizás no hubiesen surgido en otra situación. Esas primeras nueve canciones que hice terminaron en mi primer disco, Mi lugar. Cuando se abrieron un poco las puertas, hablé con Juan Absatz, que es un gran pianista y productor que toca con Fito Páez hace 20 años. Le gustaron las canciones, conectamos muy bien y a fines de 2021 ya teníamos el álbum terminado.
–Ya tenés tres discos y ni siquiera llegás a los 25 años. ¿Cómo es tu dinámica de escritura?
–Ya estoy pensando en el cuarto álbum y ni siquiera presenté el tercero. No paro de hacer canciones y, aunque sé que tengo que frenar un poco para elegir las mejores, siento que nunca es tiempo de parar, menos a los 22 años. Si tengo una idea, no la reprimo, la guardo. Estoy en un momento muy inspirado. Tengo material para hacer otros discos, pero siempre quiero esperar a que llegue la mejor canción.
–Estás apadrinado por Fernando Samalea, ¿cómo lo conociste?
–Fui a una jam de The Beatles un miércoles a la noche y lo vi tocando. Lo conocía por videos desde chico y me volví loco. Toqué un par de temas después de él y en el pasillo se acercó a decirme que le había gustado lo que hice. Al mes me escribió, nos juntamos en un café y fue muy agradable, me mostró cosas inéditas de Charly y me regaló un libro suyo. Yo no tenía banda para presentar mi primer disco y me animé a preguntarle si quería tocar conmigo. Me dijo: “Sí, por favor”. Ahí llamé a un par de amigos con los cuales ya había tocado algunas veces -Federico Mindlis en bajo, Marco Merlo en teclados y Martín Lema en guitarra- y les dije: “Muchachos, tenemos baterista. ¿Quieren tocar?”. Así se armó la formación que se mantiene hasta hoy, de la mano de haber conocido a Samalea.
–¿Qué le aporta él a tu música?
–Aporta historia y modernismo. Es una persona completamente actualizada pero con todos los trucos viejos. Tiene la cancha de la mejor escuela y la capacidad de adaptarse a todo. Hicimos mi segundo disco a los tres meses de conocernos. El proceso fue parecido al de la grabación de Desde lo profundo: me junté con él, le mostré los esqueletos de las canciones y las trabajamos juntos. Los comienzos de los dos discos fueron muy similares y creo que si hacemos uno nuevo va a ser también así. Me siento muy a gusto con Fernando, nos entendemos muy bien.
–¿Qué te dejó la experiencia de participar en Beats Modernos y tocar temas de Charly?
–El Zorrito Von Quintiero y Samalea tuvieron una onda increíble al incluirme y enseñarme esas canciones a la vieja escuela. Te curte mucho. Aprendí a tocar en escenarios grandes antes de mi propio proyecto y eso me abrió puertas a gente que, después de escuchar los covers, se interesó en mi música. Cantar temas de Charly me divierte, lo hago con naturalidad y mucho respeto, pero disfrutando como si estuviera en mi cuarto o en un asado.
–Hiciste un ciclo en Bebop, un club de jazz, que no es un escenario tan común para el rock. ¿Cómo fueron esos shows?
–Fui a mostrar mi raíz. Empezamos con cuatro lunes que terminaron siendo ocho. Podríamos haber agregado muchas más funciones, pero queríamos dejar la expectativa para el Coliseo, que es el gran show. Está bueno ser uno mismo donde sea, tocar en Bebop o en Makena y que el espíritu sea el mismo, un escenario donde te sientas cómodo ahí arriba y seas vos. De esa manera mostrás tu esencia completa.
–En tus grabaciones hay pocas colaboraciones, algo poco habitual en la música actual. ¿Cómo te llevás con eso?
–Muchos feats hoy son estrategias de marketing de las compañías y eso les saca el chiste. Hoy va más allá de con quién querés grabar un tema, sino con quién te sirve hacerlo. A mí me gusta compartir con gente que admiro y quiero. Hay mucha gente con la que no hice un feat porque todavía no encontré la canción adecuada. Para este disco no sentí necesario incluir a nadie porque las composiciones son muy personales, soy yo contando mi historia. Además, la grabación de estudio queda para siempre, entonces soy muy cuidadoso y consciente con las canciones que serán inmortalizadas. Si hacés algo que no te convence y después te arrepentís, es un error. Por eso generalmente suelo hacer las cosas como a mí me gustan.
–Hace poco tocaste en los festejos por los 90 años del Obelisco. ¿Cuánto de la vibra de Buenos Aires está presente en tu música?
–Ese concierto fue una locura. Fue increíble mirar para adelante y ver a la gente, y mirar para atrás y tener el Obelisco ahí. En el último disco le dediqué una canción a Buenos Aires que se llama “Poder”. La escribí caminando entre el Obelisco y el Cabildo y por Alem, vagando un poco por las calles. Es una mezcla de lo que tiene la noche de esta ciudad, que es cuando más se puede ver lo lindo y lo feo. Lo que tiene de romanticismo, también lo tiene de border, pero me gusta porque es una ciudad que no para y yo tampoco paro.


