John Scofield
En el Gran Rex, se destacó en pasajes junto con el baterista Bill Stewart
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Concierto del cuarteto del guitarrista norteamericano John Scofield / Banda: Bill Stewart (bateria), Michael Eckroth (pianista) y Ben Street (contrabajista) / Lugar: Teatro Gran Rex / Fecha: jueves 8 de setiembre.
Nuestra opinión: bueno .
Un cuarteto de jazz en el que lo que realmente importaba pasaba por un dúo. Así de sencillo, y a la vez de complicado, podría sintetizarse el concierto que el jueves pasado brindó el guitarrista John Scofield en el Teatro Gran Rex.
Es que el camaleónico músico norteamericano volvió a Buenos Aires con una formación que incluía a una poderosa figura del jazz actual como el baterista Bill Stewart y a dos jóvenes que surgieron de ese semillero inagotable de talentos que es la escena neoyorquina, el pianista Michael Eckroth y el contrabajista Ben Street. Y en casi los diez temas que tocaron se notó que había poco menos que un abismo entre la libertad y la creatividad del dúo Scofield-Stewart en comparación con el discreto despliegue de la dupla Eckroth-Street, a la que quizá no puede reprochársele nada: el problema, para ellos, es que los otros dos forman una alianza poderosísima.
El guitarrista deslumbró con su cristalino estilo, lleno de matices que se van abriendo en un abanico jazzero que no deja a nadie indiferente. Por momentos, puede abrumar y hasta ponerse monótono, pero Scofield sabe, y puede, encontrarle la vibración exacta al sonido que está tocando. Stewart ratificó que es uno de los bateristas quizá menos ortodoxos en materia técnica, pero con más musicalidad del planeta jazzero actual. Street es un contrabajista que hace de la corrección su mayor mérito. No desentona, sostiene y contribuye, sin lujos, a permitir la fluidez del conjunto. Quizá fue Eckroth al que le tocó la peor parte. No es un mal pianista, pero pareció algo falto de ideas interesantes.
Con el último tema, "Groove Elation", un funky efervescente en el que el pianista se pasó del piano acústico al teclado eléctrico y allí, con su sonido a órgano Hammond, soulero, bien setentoso, sí se lo notó cómodo y más integrado al grupo.
Ese cierre, además, confirmó que Scofield muestra sus múltiples caras en cada uno de sus proyectos, en los que pasa de la fusión al blues, del gospel a las baladas, del jazz clásico al rhythm and blues, pero que su verdadero rostro, por el que será reconocido siempre, sonríe de una forma irresistible si sus dedos mágicos le sacan lustre al funk.


