
Jorge Drexler se las arregló solo
El cantautor uruguayo presentó su último álbum, Cara B, en el teatro Gran Rex
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Concierto de Jorge Drexler. Presentación de Cara B. Con Matías Cella y Carlos Campón. El jueves y el viernes, en el teatro Gran Rex. Nueva función: el sábado, a las 21.30.
Nuestra opinión: bueno
Se lo ve diminuto a Jorge Drexler. En el medio del escenario, sentado y con su guitarra como única compañera, el uruguayo es un pequeño elemento de ese engranaje que contagia aplausos percusivos, grititos irracionales, pedidos de canciones, risas, llantos... Por suerte, hay un haz de luz que proyecta su imagen sobre el telón de fondo y la devuelve convertida en sombra gigante, grande como el amor de un público devoto que la noche del jueves colmó el teatro Gran Rex.
Son evidentes los secretos del cantante: vive, compone y canta en consecuencia y del otro lado las reacciones se manifiestan como olas que van y vienen según las vivencias, los axiomas, las verdades y las mentiras. Porque Drexler se pinta a sí mismo y, de esa manera, pinta a todos los que asienten con la cabeza cuando canta: "Que raro que seas tú quien me acompañe, soledad, a mí, que nunca supe bien cómo estar solo".
Cada noche es distinta. Fileteada, la frase podría estar impresa en el paragolpes de un camión y en la cabeza de quien sólo elige dos guitarras (una de ellas eléctrica) para acompañarse durante un par de horas. De traje oscuro, Drexler aparece en el escenario con la menor pompa posible y deja que el tiempo se encargue de lo demás. Con "Un país con el nombre de un río", empieza su acto; con "Polvo de estrellas" lo continúa y con "La vida es más compleja de lo que parece" logra desentumecerse por completo.
Noches son noches y la del jueves estuvo signada por la clásica garra charrúa, apelando a la jerga futbolística. Primero, el cantante confesó que de tan engripado que estaba debieron aplicarle una inyección media hora antes de salir a escena; luego se relajó y, por último, le regaló a su gente varios temas fuera de programa. El resultado: no habrá sido su mejor noche, pero haberle puesto el pecho a la adversidad redundó en una merecida ovación final.
Quieren aplaudir la platea, el pullman y el super pullman, pero que el protagonista luzca descontracturado no significa que sea un show participativo. Por eso, con "Onda", el autor de "Al otro lado del río" pedirá que la gente cambie palmas por chasquidos. Es que él ya tiene previsto un acompañamiento que complemente a su voz y a su guitarra. Son los ruidos, sonidos procesados y disparados como loops, como mantras o como simples repeticiones que causan un efecto distinto al habitual y que ideó para la serie de conciertos españoles que quedó registrado en su reciente álbum doble, el vivo Cara B .
La feria de las naciones
Los guardianes de Drexler, Matías Cella (sonido en vivo, programaciones, tenorion, proceso de sonido en tiempo real) y Carlos "Campi" Campón (programaciones, captura de sonido en tiempo real, serrucho y theremin ), disparan desde la consola de sonido ruidos cotidianos, como sirenas o timbres de bicicleta. En algunos casos, complementan la propuesta escénica, en otros se manifiestan como simples chiches de un cantautor que se permite jugar, aun a riesgo de desvirtuar el clima.
Bajo esa misma consigna, el músico uruguayo se concede realizar un tramo al estilo de "feria de las naciones", con una canción en italiano ("Lontano, lontano"); otra en inglés ("Dance Me to the End of Love", de Leonard Cohen, convertida en milonga) y una tercera en "salteño". Sí, optó por estrenar su versión de "La pomeña" (de Leguizamón-Castilla) en el Gran Rex, antes de mostrarla en directo en Salta. Pero eso no fue todo, también arremetió con "Dom de iludir", de Caetano Veloso, en portugués, unida con su "Don de fluir". El mismo recurso utilizó para crear un puente entre el clásico "Stay" y "Sea" e, incluso, se animó a un pedacito de "Needles and Pins", de Ramones, cuando buscaba relacionar un tema con la inyección que le aplicó el "Dr. Andrés".
Drexler cantó, jugó, se olvidó de su garganta maltrecha y salió airoso en una noche en la que debió apelar a todos sus trucos (encantos). Esa ovación final fue su premio y las palabras escritas entre viajes, insomnios y vivencias sus mejores aliadas, más allá de ruidos, loops y otros juguetes con los que el protagonista busca vestirse un poco más.
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