Juanjo Domínguez toca sin red
En su nuevo disco, el guitarrista grabó tango y folklore como si fuera un concierto, sin retoques posteriores
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SIN RED
Juanjo Dominguez
La nostalgiosa, Intimas, Sin palabras, Adiós Nonino, Recuerdo, Absurdo, Viejo Rincón, La comparsa, Quien tuviera 18 años, Soledad, La novia ausente, y otros (DBN).
Algunos músicos (unos pocos) son capaces de reunirse y decidir, de un día para el otro, grabar un disco, citarse en un estudio, contar cuatro o tres, o lo que corresponda a la métrica de los compases, y grabar. Así, sin la mínima preparación, sin ensayos previos. Eso significa "sin red"; a eso se refiere el guitarrista Juanjo Domínguez con el título de su último CD. Hace algunos años, había realizado una experiencia de esta clase con el acordeonista Raúl Barboza. Cuenta la leyenda que el repertorio de aquel disco, que se conoció como Pájaro Chogüi , fue armado en el tiempo que dura un viaje de taxi en Buenos Aires.
En este caso, habrá que ver cuál es la leyenda que surja porque Juanjo Domínguez es el único responsable de esta improvisación, de esta grabación sin red, más allá de que en algunos temas se lo escuche en trío o acompañando a Andrés Calamaro en un par de piezas. Es difícil imaginar el grado de espontaneidad que tiene el asunto: si el repertorio viene dando vueltas en la cabeza del músico desde hace tiempo, si fue consultado con la almohada la noche anterior o si, definitivamente, surgió ahí mismo, en el estudio de grabación.
Lo cierto es que Juanjo se larga con una serie de piezas folklóricas y tangueras registradas a primera toma, sin emparches ni sobregrabaciones. Como si estuviera dando un concierto, en este caso para una sola persona, el ingeniero de sonido que está al otro lado del vidrio.
Se escuchan algunos breves comentarios al respecto. "¿Qué tema vas a hacer?", pregunta el ingeniero de sonido. "«Intimas», Oscar", responde Juanjo. "Dale, te estoy esperando", agrega Oscar Giménez. Ese "te estoy esperando" del ingeniero de sonido es porque Juanjo piensa a esta grabación como un paseo. Y a esto hay que agregarle una declaración publicada en el sobre interno del CD. "A veces es necesario dejar pifiadas o algún ruido, para que la gente note y sepa que en la vida no todo es ocultar y corregir", explica Domínguez.
Claro que todo lo anterior debería pasar a ser en algunos años parte de lo anecdótico. Para bien del músico, sería más importante que el público recordara este disco por la buena versión de "La nostalgiosa"; no por el hecho de estar grabado a primera toma y sin modificaciones.
Afortunadamente, hay mucha música bien interpretada para que así sea recordado. Ya en la primera pista se escucha esa joya de don Eduardo Falú y Jaime Dávalos, "La nostalgiosa", con un Juanjo Domínguez que, además de la velocidad, usa el silencio y el paseo gracioso por la melodía, que es toda una danza en sí misma, creada dentro de una estructura de zamba.
Otra de las singularidades del álbum es esa costumbre de Domínguez de sacar temas de la manga, que parecen incunables. Porque si bien figuran los que son muy conocidos ("Soledad", "Adiós nonino", "Nieblas del Riachuelo") también hay otros que resultarán verdaderos y muy gratos hallazgos para muchos oídos.
Por un lado, hay en este disco algunas versiones un poco aggiornadas y dispersas en cuanto al desarrollo discursivo. Por otro, un dato interesante: en los CD de Juanjo no siempre se puede encontrar tanta fluidez melódica como se manifiesta en este. La pausa, la holgura del fraseo y, por supuesto, la gracia de su toque y sus endiabladas escalas, suenan en equilibradas porciones y permiten apreciar todo su arte.
La yapa de este disco es la voz de Andrés Calamaro en dos títulos: "Absurdo" y "Soledad". Calamaro se ha comportado frente al tango como muchos rockers con el rock. La idea sería esta: primero subo al escenario y luego aprendo a tocar. En este caso: primero grabo y luego veo de qué va este asunto del tango. Lo que ha hecho Calamaro parece haber sido más o menos así. Quizá por eso el decoro de estas versiones del disco de Juanjo (especialmente la de "Soledad") no fue manifestado en otros registros tangueros que hizo tiempo atrás.
Con todo, el gusto mucho tiene que ver con la información que el oyente maneja. Por eso, a quien jamás haya escuchado el vals "Absurdo", esta versión le puede resultar simpática. A quien ya lo haya escuchado en la voz de Roberto Goyeneche o de algunos otros cantores, obviamente, no.


