Kozelek, un "bicho raro" entre nosotros
Con gusto a poco, se presentó al frente de Sun Kil Moon
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Mark Kozelek es un artista muy singular. Desbocado y mordaz, protagonizó a lo largo de su carrera más de una polémica con la prensa, algunos de sus colegas y hasta con su público. En su primera visita a la Argentina, el músico de Ohio estuvo de buen humor, aunque no se privó de pedirle a un espectador que no tomara imágenes con su celular y le exigió al encargado de las luces del concierto que no hiciera más cambios porque lo confundían: "No es un concierto de Grateful Dead, no soy Jerry García, man", se quejó. Tocó en un a sala que estuvo lejos de llenarse, casi no usó la guitarra eléctrica que trajo, pero sí desgranó un repertorio de canciones con su sello inconfundible: descarnadas, muchas veces cargadas de una sinceridad brutal, sus larguísimas letras parecen propias de un predicador en trance. Kozelek las interpreta a la manera de un rapper en cámara lenta, moviendo todo el tiempo las manos y con un altísimo nivel de concentración. Tiene una voz potente y pregnante. La música que las acompaña es densa y repetitiva, una lectura personal de toda la tradición americana en clave slow e impresionista, la línea que viene trabajando ya desde la época de Red House Painters, banda clave del sadcore, un género caracterizado por la melancolía y los ritmos aletargados.
El show, en Niceto, tuvo algunas marchas y contramarchas y un margen generoso para la improvisación. Incluyó un par de covers, canciones de Jesu/Sun Kil Moon y joyas añejas, como "Carry Me Ohio", y más contemporáneas, como "Micheline", que hubieran rendido más con un apoyo musical menos amarrete. Tocó Steve Shelley, histórico baterista de Sonic Youth, sí, pero quedó la sensación de que esas canciones extensas, sombrías y conmovedoras exigen un respaldo más sólido.





