
La banda eterna
El grupo que inmortalizó aquello de que "todo tiene un final" no se resigna a su propia profecía y vuelve con otra reunión histórica en el Luna Park
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La historia de Vox Dei es única en el rock argentino. Sabe de epopeyas musicales, de mitos, de encrucijadas y, sobre todo, de regresos. A lo largo de estos 45 años, que son los que llevan cumplidos tanto la banda como el rock local, los creadores de "Presente" han sabido resurgir de las cenizas, solucionar las diferencias internas y volver una y otra vez escudados en su lugar de clásicos, a contramarcha de las modas y de otras circunstancias.
Pero había un retorno que aún les quedaba por emprender y era el de volver a tocar su repertorio indestructible en el Luna Park, nuevamente con Ricardo Soulé y Willy Quiroga en sus filas, y con Yodi Godoy a cargo de la segunda guitarra. Sí, el cuarto integrante, el que dejó la banda antes de la grabación del álbum La Biblia . Al carismático baterista Rubén Basoalto, fallecido en noviembre de 2010, lo sustituirán su hijo Javier y el hijo de Willy, Simón. Además, otros Vox Dei segunda generación serán de la partida: los herederos de Soulé, Victoria (voz) e Iván (guitarra y voz).
–Hace unos días tocó Black Sabbath y "vigencia" fue la palabra más utilizada en las crónicas. ¿Por qué sorprende tanto que puedan seguir tocando bien después de los 60 y pico?
Soulé: –Es por una cuestión cultural, nada más. Stephane Grappelli tocó el violín hasta los 93 años y (Nathan) Milstein tocó hasta los 84 años las Partitas de Bach.
Quiroga: –Mirá, yo no voy a poner una verdulería en este momento de mi vida...
Soulé: –No es una cuestión de edad, hay gente muy joven que no sabe tocar ni tocará bien nunca, es una cuestión de espíritu, un espíritu que genera una energía que va más allá de lo intelectual y de las especulaciones que uno puede hacer sobre la vida. Vox Dei no escapa a ese espíritu, tiene una vigencia en lo musical y en lo social también, porque es representativo de una parte de nuestra Argentina como muchos de los grupos de nuestra época que fueron íconos para determinados sectores de la sociedad. Nosotros representamos una parte que está vinculada a lo espiritual, al amor y a la búsqueda de un mundo mejor.
–¿Cómo se produjo el reencuentro? ¿Quién fue el primero en levantar el teléfono?
Soulé: –Fue un proceso que llevó bastante tiempo. Hubo un primer acercamiento antes de que Rubén (Basoalto) falleciera y, repentinamente, se desencadenó ese episodio y tuvimos que abandonar la idea. Transcurrieron dos años de duelo y luego se volvió a generar la inquietud, sobre todo desde el público y desde la parte empresarial. Cuando hubo una propuesta concreta, agarramos viaje enseguida.
Godoy: –O por lo menos que uno lo sintiera creíble. En lo particular, ninguna de las veces que tocaron la puerta de mi casa me pareció fiable y no lo digo por ellos sino por el elemento que podía aglutinarnos.
Soulé: –Más allá de nuestra decisión hay una circunstancia histórica a la cual este evento corresponde. Han pasado muchas cosas, hemos tenido pérdidas muy importantes en el rock nacional y hay una necesidad de reconocer un gran caudal de música, un tesoro intelectual que tiene nuestro rock y llegó el momento de hacerlo público. No es que sólo se reúne Vox Dei para tocar en el Luna Park sino que hay un público ávido y necesitado de este tipo de circunstancias. Es una manera de reafirmar una actitud ante un mundo muy desvirtuado, vapuleado por el consumismo y lo banal. Nosotros no pertenecemos a ese mundo y hay un público que se identifica con esta actitud y necesita comprobarlo en el campo.
–Toda historia bien contada de Vox Dei empieza con la anécdota del consejo del Flaco Spinetta...

Soulé: – La influencia de Luis, de su música, de su poesía y de su grupo, Almendra, fue muy esclarecedora para nosotros. Y creo que fue recíproco ese sentimiento. Ellos, al ver el número que habíamos armado, alejados geográficamente (en Quilmes), aunque totalmente conectados con la idea de cómo debían ser las cosas. Esto lo hablamos mucho con ellos y con los Manal también, incluso con Litto Nebbia, porque teníamos una conexión sin tener proximidad física.
–En esa época venir a Capital desde Quilmes era como ...
Soulé: – ¡Venir de Varsovia!
–Volviendo a Spinetta, ustedes cantaban en inglés al principio y él, al escucharlos, les sugirió que lo hicieran en castellano. Hoy hay muchas bandas de veinteañeros que cantan en inglés y dicen que ése es el idioma del rock.
Godoy: –Ojo que Vox Dei en inglés era increíble. ¡Una masa!
Soulé: –Pero nosotros no correspondíamos al idioma del rock, correspondíamos al idioma del pueblo argentino y latinoamericano, que era distinto. No teníamos negros bluseros sino tangueros italianos, sevillanos cantaores, santiagueños que tocaban la chacarera. Ésa era la fuente de la que bebimos, por eso sonamos distinto.
Godoy: –Yo recuerdo el Vox Dei de los comienzos, que aún no se llamaba así sino Mach 4. Era increíble cómo cantaban Ricardo y Willy en inglés y yo me acoplaba por fonética. Lo de Spinetta fue muy importante porque fue inmediato, nos bajó como una revelación: tienen todo un idioma en castellano para expresarse, nos dijo, y tenía razón; de hecho, había canciones hechas en inglés que se pasaron al castellano inmediatamente, como "Azúcar amargo".
–Hay muchas historias y mitos dando vueltas alrededor de Vox Dei. Una dice que tuvieron un contacto con el mánager de Hendrix.
Soulé: –Eso fue real, tuvimos la propuesta formal arriba de la mesa de grabar La Biblia en Electric Ladyland, pero no lo pudimos hacer.
Quiroga: –No nos animamos. Imaginate lo que hubiera sido La Biblia saliendo al mundo desde el estudio de Hendrix, con Eddie Kramer como productor.
Soulé: –Un año después de la muerte de Hendrix, así que mirá dónde estábamos nosotros en el 71. Cuando llegamos a Nueva York fuimos a CBS y nos estaban esperando unos ejecutivos. Tenían sobre la mesa una revista Billboard y lo primero que nos dijeron fue: "Así que ustedes están primeros en venta en la Argentina". ¡Y nosotros no lo sabíamos!
–Luego intentaron con Inglaterra, ¿no?
Soulé: –Con Pappo, en Londres. Un día fuimos a probar los Marshall, cerca de Piccadilly Circus, y, al escucharnos, la gente se paraba para vernos. Era tremendo lo que tocábamos en esa época con Pappo, pero los ingleses tienen unas leyes tan fuertes contra la invasión de músicos extranjeros que no hubo manera de que nos quedáramos. Ellos vienen acá y se llevan la guita sin problemas, hacen varios River, y nosotros no podíamos tocar en un pub para 50 personas.
–¿Cuál va a ser el repertorio?
Quiroga: –Clá-si-cos, que es lo que la gente quiere escuchar. El problema no fue qué temas incluir sino cuáles dejar afuera.
Yodi Godoy, cuarenta y tantos años después
Campera de cuero, gorrita, anteojos negros, la estampa de Juan Carlos Yodi Godoy pertenece a un rockero de ley, a uno que vivió a la par de la historia del movimiento cultural y musical. Su paso al costado, a temprana edad suya y de la banda, antes de que Vox Dei quedara para siempre en el firmamento rockero con La Biblia, rápidamente tomó forma de mito. Que había dejado de tocar, que estaba recluido en su hogar...
"Fue una decisión del momento, después pude o no arrepentirme, pero la decisión de dejar la banda ya estaba tomada", cuenta Godoy. "No me fui porque Vox Dei no diera económicamente –agrega–, al contrario, era un momento tremendo de éxito, estábamos en todos los medios, tocábamos en estadios, la gente acudía de a 1800, 3500 u 11.000, que era lo que metíamos en Comunicaciones. Pero había que tomar una decisión en ese momento y no era por temor al éxito, porque en el arte no le temo a nada. Cada uno de nosotros era un compartimento y entre los cuatro constituíamos una gran habitación. Llegó un momento en el que ya no había espacio y alguien tenía que irse para que el resto pudiera seguir respirando. Yo creía que Vox Dei tenía que seguir sin mí porque si no se iba a ir Basoalto. Esto no se supo jamás, y Rubén no lo puede recusar pero él tenía la decisión de irse. Recuerdo un día en la calle Patricios, donde guardábamos los equipos, cuando, en medio de una reunión muy crítica que tuvimos, lo agarré a Rubén y le dije: «Mirá, el que se tiene que ir de acá soy yo. Si me voy yo no va a ser tan gravitante como si te vas vos, que sos el corazón de Vox Dei». Al grupo se le iba a producir un daño porque todo estaba armado para cuatro personas y yo sabía que no le iba a caer bien a la gente. Ahora te puedo decir que no se pueden inventar en argentino más puteadas porque yo ya las recibí todas, pero sabía que eso iba a suceder.
–¿Seguiste haciendo música todos estos años?
Godoy: –La única vez que dejé el arte fue en un período breve, en 1996 y por problemas familiares. Todos estos años me dediqué a las artes plásticas y a la música. No estaba en los medios, pero seguía tocando aunque nadie se enteró de todos los proyectos musicales que tuve y con los grandes músicos que toqué porque no tuve la luz que iluminaba a Vox Dei.
- Vox Dei
Un recorrido por sus clásicos.
Luna Park, Corrientes y Bouchard.
Hoy, a las 21.
Entradas, desde 140 pesos.


