La elegante voz de Mariana Melero
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Presentación de la cantante y guitarrista Mariana Melero. Los martes, a las 20.30, en el café Arroyo del hotel Sofitel, Arroyo 841.
Nuestra opinión: bueno
Una recorrida cálida a través de un repertorio elegido con buen gusto y ritmo de relato hizo la cantante y guitarrista Mariana Melero, la voz más elegante de la música brasileña en Buenos Aires, que en su debut en el ciclo del Sofitel dio muestras de su talento.
Melero eligió, al parecer, hacer una actuación por etapas que no sólo mantuvo el interés del auditorio, sino que también se abrió paso entre las conversaciones de los presentes y hasta el sonar de los celulares. La artista se sobrepuso (podríamos decir que se impuso) a los sonidos ajenos a la música y propuso una intimidad a través de su canto, su modulación y esa forma de interpretar, más sentida que expresada, que generó una adhesión paulatina en el auditorio, que terminó por quedar fascinado por ese modo sereno de conexión con la música.
"Aguas de beber" fue el comienzo en el cual mostró que canto y guitarra podían estrecharse en un suavísimo groove. Un canto chiquito y la batida de la guitarra crearon un repentino silencio que aprovechó para seguir con "Corcovado". Su fraseo recuerda lejanamente a Adriana Calcanhotto. Algo en su pronunciación, clara y entre aniñada y sensual, llega al público; como si prefiriese pasar inadvertida, Melero, paradójicamente, se volvió centro y comenzó, entonces, a subir de la bossa nova a la música bahiana. Mientras canta, cierra los ojos y tras la frase silba la melodía. Hay cierta sabiduría en su forma de encarar la música.
De regreso en Río, hará "Mininho do Rio", de Caetano, y cuando pronuncia el nombre del compositor hay un dejo de orgullo por poder hacer la música de ese genial artista. Se conecta con el mundo del poeta y su canto tiene dulzura, un swing leve y mucha melancolía.
Les cantó también a las sirenas de Dorival Caymmi; hizo un blues del tema de Vinicius y Badem Powell "Es mejor ser alegre que ser triste"; después siguió "Samba de verano" a toda máquina y cerró el set con un "Help", de Lennon y McCartney, "bosseado".
Melero introdujo una idea poco usual, como la de poder salirse del repertorio de música brasileña, pero sin dejar de hacer esa música. Tomó como ejemplo las experiencias de Rita Lee para hacer a los Beatles, y trajó desde algún lugar el "Every Breath you Take", de Sting, hermosamente delineado por un elegante samba, claro y profundo.
Poco después, como si se tratase de un recreo, retomó el camino con "Samba de una nota só", de Jobim, y "Ya pasó", de Chico Buarque, para cerrar este capítulo con una bellísima versión de "Leoncinho", de Caetano, que sonó en la voz de esta magistral intérprete como un canto esperanzador y lleno de una alegría serena y contagiosa.
Melero, que por lo general se presenta en trío, mostró que la soledad le cae bien e incluso redundó en imágenes de delicada atmósfera.




