La magia de Tony Allen, creador del afrobeat y el "mejor" baterista del mundo

De Nigeria a Londres: un músico autodidacta que influyó a grandes artistas
De Nigeria a Londres: un músico autodidacta que influyó a grandes artistas Crédito: Kala Moreno Parra
Alejandro Lingenti
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14 de mayo de 2020  

Grabaciones

Nuestra opinión: muy bueno

Una de las claves del afrobeat es el ritmo. Y el dueño del ritmo del afrobeat fue, es y será Tony Allen, el músico de Lagos fallecido hace apenas unos días que Brian Eno consideraba el mejor baterista del mundo. Artífice de la experimentación con los polirritmos de raíz africana que Talking Heads probaría con lucidez y refinamiento en Remain in Light (1980), Eno profundizó esa búsqueda sonora un año más tarde, con David Byrne como único socio, en My Life in the Busch of Ghosts . Es decir, sabía de lo que hablaba. Igual de categórico fue Fela Kuti, el nigeriano que es considerado con justicia el emperador del género y que directamente declaró "sin Tony Allen no habría afrobeat".

Cóctel inflamable de jazz, funk y diferentes ritmos africanos (el highlife de Ghana -influido a su vez por el foxtrot y el calypso en la época colonial-, el mbalax de Senegal), el afrobeat fue incorporado por el hip hop y deslumbró a músicos europeos como Damon Albarn (Blur) y Peter Gabriel. En contacto permanente con la música africana que sonaba con frecuencia en la zona del multirracial mercado de Portobello en Londres, Albarn apareció como invitado en "Every Season", el primer track de Home Cooking , un muy buen disco de Allen del 2002, y después lo convocó para sumarse al supergrupo The Good, the Bad and the Queen (con Paul Simonon, de The Clash, y Simon Tong, de The Verve) y a Rocket Juice & the Moon, un proyecto fugaz con Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers.

En plena actividad, Allen había publicado este año Rejoice , un álbum que engrosa su legado y termina transformando en inesperada carta de despedida a un repertorio que originalmente se había pensado como evocación vital del encuentro con el trompetista sudafricano Hugh Masekela, compañero de ruta en las aventuras musicales comandadas por Fela Kuti fallecido en 2018. Allen y Masekela planearon durante mucho tiempo la reunión y la plasmaron en 2010 gracias a Nick Gold, el director del sello World Circuit, que dio en el blanco con la edición de Buena Vista Social Club allá por 1997. Grabaron algunas sesiones, pero el trabajo quedó inconcluso y finalmente apareció en retazos, primero en un disco póstumo de Masekela y ahora en Rejoice , donde la dupla se propuso fusionar estilos personales para llegar a un resultado común que combina swing-jazz con la potente raíz rítmica del afrobeat. Basta con escuchar lo que toca Allen en temas de este álbum como "Jabulani (Rejoice, Here Comes Tony)" y "We've Landed" para comprobar que la catarata de elogios que recibió a lo largo de su carrera no fue exagerada.

Hoy que Spotify lo facilita, también vale la pena detenerse en las extraordinarias bases de los discos que Allen grabó como parte de Fela Kuti & Africa '70, en otra colaboración con Albarn para el compilado Nova Tunes 3.1 (2015) -el tema "Go Back", puntuado por un bajo punzante y su embrujada percusión-, o en el flamante single de Gorillaz "Song Machine: How Far?".

En Rejoice también aparece el contenido político que atravesó la obra de Fela Kuti, un artista provocativo siempre atento a las huellas indelebles del período colonial en su tierra y a las miserias de una elite política africana acusada de complicidad. Y toma la forma de homenaje, explicitado en el título ("Obama Shuffle Strut Blues"), al único presidente afroamericano de los Estados Unidos. Pero Allen siempre fue más moderado que Fela. En 1979, de hecho, dejó de trabajar con él y arrastró a varios integrantes de Africa '70 por diferencias ideológicas (Kuti había coqueteado con las consignas de los Black Panthers y siempre mantuvo un discurso más agresivo que Tony) y de modalidad de trabajo ("Estuvimos mucho tiempo rodeados de parásitos -sostuvo Allen una vez alejado del proyecto-. Había setenta personas en cada gira y solo treinta tenían que ver con la actividad de la banda. Esa gente minó la fuerza y la música de Fela").

Muy pronto, en 1984, decidió irse de Nigeria (un país con doscientos millones de habitantes, más de cincuenta idiomas y cerca de quinientos grupos étnicos) para instalarse primero en Londres y luego en París, una movida que facilitó su contacto con músicos de Europa (Jarvis Cocker, Charlote Gainsbourg) y le dio una visibilidad que otros colegas africanos sin posibilidad o voluntad de emigrar no consiguieron.

El concepto de batería que desarrolló Allen para el afrobeat, quizás este sea al dato más sorprendente, fue fruto de su investigación personal. Autodidacta, creció escuchando la música yoruba que es característica de Nigeria y Togo y después se acercó a la música occidental de raíz negra (jazz, funk, R&B) gracias a su trabajo como técnico en una radio de Lagos, la capital nigeriana. Sus referentes, lo contó infinidad de veces, fueron músicos de jazz: Gene Krupa, Art Blakey, Elvin Jones y Max Roach.

Su estilo enérgico y vibrante se aprecia con mucha nitidez en Never Expect Power Always (1985), excitante puesta a punto del afrobeat de los 70 en un disco cuya temática central es la crítica mordaz a la corrupción de las autoridades del estado nigeriano a cargo del ineficiente sistema eléctrico del país. En ese álbum aparece también un primer acercamiento al dub que continuaría en el futuro.

Los ecos de su arte también están patentados en aquella cariñosa cita de Albarn en "Music is My Radar", single incluido solamente en el compilado Blur: The Best Of que incluye la línea "Tony Allen me hizo bailar" y la reciente despedida de Peter Gabriel en Twitter: "Como músico y aspirante a baterista, fue emocionante perderse en su música nueva, inteligente, sexy, política y llena de ritmos asesinos".

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