
La muerte de Ricardo Soulé: la leyenda del rock nacional que se movió entre lo sagrado y lo profano
El compositor, cantante y guitarrista falleció a los 76 años
6 minutos de lectura'


Ricardo Soulé, quien murió hoy, a los 76 años, fue uno de los artistas más especiales del rock argentino. Especial por lo diferente. Vivió con una guitarra eléctrica colgada a uno de sus hombros y con un evangelio en una de sus manos. Y esto, en tiempos convulsionados (que son muchos, que se repiten, cada vez con mayor frecuencia) lejos de ser una contradicción, terminó convertido en uno de los más singulares matices de la música popular argentina.
El músico había hecho público problemas de salud, por los que debió suspender presentaciones.
Al principio solo fue el sueño de ser estrella de rock; con el tiempo aquello viró hacia la construcción de una identidad que dejó una marca imborrable en la historia del rock vernáculo, gracias a la obra del grupo Vox Dei.
El punto de partida fue el sonido del timbre en la casa de Quilmes, donde vivía un Soulé de 17 años. “Ricardo -le dijo su madre-, te busca un muchacho”. En la puerta esperaba Rubén Basoalto, que buscaba bajista para formar una banda. La historia dijo después que en el violín y la guitarra Ricardo encontraría su expresión instrumental, pero en aquellos primeros días, las cuatro cuerdas del bajo era todo lo que tenía para hacer sonar en un grupo de rock.
Quedó fascinado con la batería que tenía Basoalto en su casa. La búsqueda siguió a la vuelta de la casa de Rubén. Allí vivía Juan Carlos Godoy, el hijo del carnicero. “Yodi” o “el Gordo”, como se lo conocía en el barrio, tenía guitarra y amplificador. Pero como no querían un power trío, sino algo que se pareciera a Los Beatles, salieron a la pesca del cuarto integrante. Así fue que enseguida dieron con un muchacho apodado Willy (Wilfrido Aníbal Quiroga), diez años mayor. “¿Qué quieren tocar?“, les preguntó. “Canciones de Los Beatles y de los Rolling”, le contestaron. “Bueno, el sábado voy”.

Así quedó conformada Mach 4, la precuela de la banda que finalmente los hizo famosos. Porque si alguien quiere escalar en el mundo del rock, los covers se convierten en materiales rápidamente perecederos. Para hacerlos valer siempre estuvieron los músicos que crearon esas canciones, no los simples “recreadores”. Bastó que apareciera un productor cazatalentos, Jorge Álvarez (omnipresencia de los comienzos del rock argentino), para detectar el talento de esos cuatro muchachos cuando todavía ni siquiera tenían temas propios. “Cámbiense el nombre y canten en castellano”. Esa fue la indicación. Le hicieron caso. Se bautizaron Vox Dei, tradujeron letras del inglés y grabaron un primer tema propio, “Quiero ser”, como single, para el sello Mandioca.
“Quiero ser”, con acentuación bluseada, era un tema más depresivo si se lo compara con lo que vendría después. “Presente (El momento en que estás)”, también escrito por Soulé, no era más optimista, pero tuvo algo difícil de explicar que le permitió convertirse en uno de los temas ineludibles al momento de armar la banda de sonido de los primeros años del rock argentino, junto a canciones de Manal, Almendra y Los Gatos.
Quizá, el axioma de vindicar el tiempo presente haya sido la clave, por su impronta rockera. Sin embargo, el rock de aquellos años ya era parte de una tríada que sumaba sexo y drogas (más allá de que quedar definitivamente acuñada como “Sexo, droga y rock and roll”, recién con una canción de Ian Dury, de 1977).

Los Vox Dei fueron por otro camino. Se revelaron a la rebeldía del rock con su disco conceptual La Biblia, de 1971. En realidad, fue Soulé el responsable del proyecto y el resto del grupo acompañó, quizás sin estar demasiado convencido.
Este disco -primer álbum conceptual del rock argentino- no se plantaba en pie de guerra frente al rock, sino que se convertía en una de sus vertientes. Fue bien recibido por el público y por la crítica y, en definitiva, mostraba una mirada más ligada a la rebeldía de los inicios del cristianismo que a la institucionalidad católica, en un clima posconciliar de finales de la década del sesenta y principios de la siguiente. Un año después, Raúl Porchetto, que comenzaba a transitar su camino a transformarse en una figura central del rock argento de los setenta, publicó su primer LP llamado Cristo Rock.
Lo más curioso fue que La Biblia tuvo, además, la venia de las autoridades eclesiásticas, mientras la Argentina era dirigida por un gobierno de facto. Desde la vicaría salió la recomendación del disco, por su mirada actual de las sagradas escrituras. Monseñor Emilio Teodoro Grasselli le dijo a Soulé: “A mí me hubiera costado tres horas explicar qué es Dios y vos apenas con un silogismo lo conseguiste”. Se refería a aquellas frases de “Génesis”, que dice: “Cuando todo era nada, era nada el principio. Él era el principio y de la noche, hizo luz”.
El siguiente álbum de Vox Dei, Jeremías, pies de plomo, se llamó así por un tema escrito por Quiroga y Soulé que habló de libertad, contra la hipocresía, la mentira y la opresión. El grupo, que ya no tenía en sus filas a Godoy, había probado reemplazos, pero finalmente se perfiló como power trío. De ese modo, las personalidades de Soulé y Quiroga comenzaron a marcar, dentro de la banda, sus coincidencias y contrastes, que se extendieron hasta casi sus últimos días.
Luego de varios discos, Soulé emprendió una carrera solista, que dejó álbumes como Vuelta a casa (1976), Romances de gesta (1982) y Ricardo Soulé (1985). En todo ese tiempo, pasó algunas temporadas en Inglaterra y luego en España. Y así como fue un rara avis dentro de la poética rockera, también tuvo hobbies poco frecuentes, como la cetrería.

“Vox Dei tiene una preponderancia dentro de mi carrera inalcanzable. Todas las letras que escribí entre el 70 y el 75, antes de irme a Inglaterra, calaron tan profundo en el público que siguen siendo recordadas, e incluso se siguen sumando nuevos fans de ellas entre la gente más joven. En cambio, mi carrera como solista ha sido mucho más modesta, sencilla y underground”, contaba en la última entrevista que Soulé ofreció a LA NACIÓN.
Basoalto murió en 2010; Quiroga, a finales de 2024 y ahora Soulé, para reencontrarse en Vox Dei en otro plano o, simplemente, para dejar aquí que sus canciones sigan fluyendo, como lo han hecho durante más de cincuenta años dentro de la banda sonora del rock local, y se revaloricen.
“Porque habrá siempre tiempo de plantar y de cosechar, tiempo de hablar, también de callar. Hay tiempo para guerra y tiempo de paz. Tiempo para el tiempo y un rato más”.
1
2Die Toten Hosen: gratitud, recuerdos y anécdotas de la banda alemana que le dice adiós a la Argentina
3Cómo es Pulp: ¿Qué harías por una canción más?, el documental en el que Jarvis Cocker repasa la historia y la prehistoria de la banda
4Robbie Williams: fama, excesos y excentricidades del gran cantante del pop británico
