La música en vivo se acomoda a la nueva normalidad

Con barbijo, distanciamiento social y el regreso a una fase con más actividades flexibilizadas, los artistas ahora pueden volver a tocar en directo, pero sin público. ¿Cuándo podremos ir otra vez a recitales como los de antes?
Con barbijo, distanciamiento social y el regreso a una fase con más actividades flexibilizadas, los artistas ahora pueden volver a tocar en directo, pero sin público. ¿Cuándo podremos ir otra vez a recitales como los de antes? Crédito: Diego de Bruno
Federico Martínez Penna
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28 de julio de 2020  • 12:53

Desde que era chico, Pablo Pino, el cantante de Cielo Razzo, no recuerda otro momento de su vida en el que le hayan tomado la temperatura durante cuatro días seguidos. El 23 de mayo, Cielo Razzo fue la primera banda de rock en tocar en vivo sin público en Rosario tras la declaración del aislamiento social, preventivo y obligatorio en marzo. Como parte de un ciclo del Ministerio de Cultura de Santa Fe, transmitieron vía streaming un recital desde el Teatro Lavardén, que pudieron realizar tras cumplir un riguroso protocolo sanitario. "Tocamos un viernes, pero el martes, miércoles y jueves anteriores fuimos a hacer los preparativos y cada día tuvimos que dejar una declaración jurada", dice Pino. "Nos llenaban con alcohol las patas, las manos y, si nos acercábamos entre nosotros, la producción tenía gente que nos decía: 'Mantenete alejado'".

Pino es un frontman ciertamente eléctrico, que suele combinar su canto con saltos, patadas y brazadas al aire. Esta vez, frente a 400 butacas vacías, adornadas con una faja de peligro, le tocó limitar su espacio personal sobre el escenario, aplicando lo que él describe como un "radio de movimiento en una baldosa". "Es una cosa nueva", dice el cantante. "No te digo que es horrible, pero en un punto te angustia".

Ese es el destino que parece tener por delante la actividad musical, al menos de acá a fin de año.

Sin la certeza de cuándo podrán volver los espectáculos con público, la aprobación de distintos protocolos, tanto en CABA como en provincia de Buenos Aires y en el plano nacional, fue la primera señal de reactivación para una industria muy golpeada por el parate, con la posibilidad de realizar grabaciones profesionales y transmisiones vía Internet y así generar otros ingresos. "No es el protocolo original que mandamos, pero estamos contentos de que esto sirva como una ventana que oxigena la situación", dice Ana Poluyán, vicepresidenta de la Asociación Civil de Managers Musicales Argentinos (ACMMA).

En mayor o menor medida, las reglamentaciones coinciden en varios criterios: un máximo de aforo de diez personas en simultáneo en la sala, garantizando un espacio mínimo de 15 m2 por persona, y restringiendo la presencia de artistas y técnicos mayores de 60 años, trabajadoras embarazadas o cualquier persona que esté dentro de los grupos de riesgo (si sufren enfermedades respiratorias o cardíacas, inmunodeficiencias o diabetes). Por encima de estos puntos, en la Ciudad de Buenos Aires exigen al músico tener un disco editado, ser parte de alguna sociedad autoral como SADAIC, AADI o ACMMA y que el recinto elegido cuente con diversas áreas independientes para la higienización de equipos y catering. En el caso de provincia, solo considera a aquellos distritos en fase 3 y, en el de Nación, la reglamentación no es obligatoria sino que está suscrita al interés de aplicación de cada municipio.

Al menos en el AMBA, estos protocolos quedaron en stand by cuando el Gobierno nacional decidió que ese territorio debía regresar a una Fase 1 de la cuarentena. Ahora, con una nueva flexibilización, volvió a activarse la posibilidad de tocar en vivo bajo estas estrictas reglas. Los Pericos será uno de los primeros en actuar bajo esta modalidad este 1 de agosto. Poluyan, manager de la banda de Juanchi Baleirón, se reunió virtualmente con el Jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, y el ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, para extender el aforo permitido de cada espacio para poder realizar shows vía streaming.

Inicialmente el protocolo contemplaba solo clubes de música, salas de ensayo, teatros y estudios de grabación de sonido. A los pocos días del anuncio, en la segunda semana de junio, el Gobierno de la Ciudad amplió el alcance incluyendo salones de milonga, locales clase C, centros culturales y otros espacios independientes. "Es una medida de maquillaje", dice Anabella Etchegaray, vocera de Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA). Si bien ahora los lugares autogestionados están habilitados, las restricciones de dimensión, logística e higiene se les exige igual que a un venue profesional y únicamente tienen permitido realizar grabación de un show o streaming. "Estuvimos en diálogo con el Gobierno de la Ciudad y el gobierno nacional, pero las respuestas no son las esperadas. Es un protocolo que se cierra solo con la consulta de sectores más elitistas. Nosotros seguimos pidiendo medidas de acuerdo a nuestras necesidades porque si no son propuestas sin realidad", dice Etchegaray. En Buenos Aires hay cincuenta centros culturales asociados a MECA que dan trabajo a alrededor de mil empleados y, cuentan desde la agrupación, que hasta el mes de junio cinco espacios ya habían anunciado su cierre definitivo.

"Recibimos las propuestas y las trabajamos con las distintas áreas", dice Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires. "Es decir, Cultura obviamente impulsa y se preocupa por la actividad, pero lo cierto es que intervienen todas las áreas: salud, transporte, espacio público, porque cada actividad se evalúa de acuerdo al movimiento que genera en la ciudad". Desde el Gobierno estudian actualmente distintas opciones, como ofrecer espacios estatales que sí cumplan con las dimensiones requeridas por el protocolo a artistas que no tengan acceso a lugares más grandes. Pero el plan estaría sujeto, en palabras de Avogadro, "a lo que diga el área sanitaria, que es la que mayormente interviene y define la actividad intentando minimizar el riesgo de contagio".

***

Varios artistas reaccionaron poniendo la mira en nuevos eventos profesionales, aunque sea a la distancia. "Somos medio adictos a esa sensación de salir a tocar en vivo, y sentimos un poco de abstinencia del contacto", dice Sebastián Andersen, cantante de El Plan de la Mariposa, que en julio dio un concierto online desde su hogar. En esta primera fecha virtual presentaron Demos en aislamiento, un nuevo disco grabado en cuarentena, en la casa donde Andersen convive con sus cuatro hermanos y compañeros de banda más su sonidista, y hecho en colaboración con sus fanáticos en una serie de streamings hogareños. "Lo copado del cambio de paradigma es pensar un aporte artístico diferente, donde se juegue con otras cosas", agrega.

En Arequito, Soledad Pastorutti regresó a los escenarios junto a sus músicos el sábado 20 de junio. Alquiló una peña de su ciudad natal y, desde allí, transmitió el espectáculo vía streaming. Buscando un diferencial en la propuesta, la cantante de folclore hizo un set on demand en el que sus fanáticos pudieron elegir las canciones antes del concierto. Además, con un teleprompter, Soledad pudo leer los comentarios que le dejaba la gente en la transmisión. "Ella conversa mucho con la audiencia y la idea fue conservar eso", dice su manager Carlos Fernández Méndez.

Los festivales también analizan alternativas para seguir con vida. Al cierre de esta nota, la productora DF Entertainment confirmó su agenda para la segunda mitad del año -que incluye el Lollapalooza en noviembre en el Hipódromo de San Isidro-, pero otros productores del sector, como José Palazzo del Cosquín Rock, ven inestabilidad en el futuro próximo. "Hoy cambiaron tantas cosas que no sabemos qué va a pasar. No sabemos si se va a agravar o flexibilizar, así que estamos en stand-by", dice el cordobés, que trabajó los últimos tres años en una plataforma digital con tecnologías de realidad aumentada y video en 360°, que será la locación de una edición virtual del Cosquín Rock, el 8 y 9 de agosto. Luego, el sitio quedará bajo suscripción, como una usina de contenido de las distintas franquicias globales del festival, mezclado con material de archivo y producciones ad hoc. "Si se dan las condiciones, también haremos un festival físico en noviembre en Buenos Aires", agrega. "Todo depende de cómo avance el virus".

"Tengo mis dudas de que el streaming sea un negocio viable", dice Nacho Perotti, manager de Los Espíritus y presidente de Clumvi, la cámara que agrupa a los clubes de música en vivo habilitados con un máximo de trescientas personas de audiencia (antes del Covid-19, claro). "Para lugares chicos es muy caro de implementar porque no se trata de poner un celular y transmitir. Necesitás dos o tres cámaras, un director, editarlo en vivo. No es sencillo hacerlo bien como para que la gente tenga ganas de pagar". La duda que plantean desde el sector de venues se basa en la rentabilidad económica y el éxito del modelo de negocio, aun cobrando por entrada. Varios productores admiten que hay cierto atractivo en la solución, pero tratándose de una problemática tan reciente, no hay un historial de eventos que avale la sustentabilidad en el corto y mediano plazo.

"Nadie sabe cómo va a funcionar el streaming pero confío en que vino para quedarse después de que pase todo este quilombo", dice Daniel Chino de la productora MTS y socio de Mario Pergolini en Vorterix, uno de los pocos espacios porteños con la tecnología y la arquitectura listas para obedecer a la coyuntura actual. "Nos toca hacer una inversión de pistolas de temperatura, recursos sanitarios, cabina sanitizante, pero estamos bien preparados. Tenemos hace un tiempo las cámaras robóticas que el Gobierno pide, y ya nos estamos sentando con artistas para conversar distintas alternativas. Queremos ofrecer un servicio diferencial", completa Chino.

Al igual que en otros boliches, en el teatro de Colegiales, aún no teniendo todavía nada en agenda, ya piensan en los esquemas económicos de cara a una segunda etapa. Ante una posible vuelta del público a los recitales, a un 30 o 50% de capacidad, buscarían apoyarse en el streaming pago para sumar audiencia desde casa, estipulando un mínimo de dos funciones por día para optimizar costos y logística. Esa resolución también ayudaría a no cargar el precio del ticket hasta llevarlo al doble de su valor para suplir el impacto de la asistencia reducida. "Yo creo que va a depender mucho de la característica de la situación", agrega Chino. "Es un momento único en que todo puede reaccionar para cualquier lado. Todos nos tenemos que volver a acomodar: artistas, productores y, por supuesto, los fans, entendiendo que con algo así colaboran con el artista que ahora está parado".

"Celebro que por lo menos podamos estar haciendo esto", dice Sebastián Andersen de El Plan de la Mariposa, con la mirada puesta en lo que está por venir: "Vamos a tardar en volver al roce, amontonados, juntos como antes. Va a ser algo paulatino. Pero sí me imagino una gran celebración el día que se pueda tocar frente al público. Y creo que, más allá de eso, por algo llegó este tiempo y la humanidad tiene mucho para reflexionar".

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