
La nueva cara rockera del folklore
Cada vez son más los grupos de raíz que mezclan sin pudor ritmos nativos con hip-hop, reggae o guajiras y un sonido eléctrico que les permite tocar en peñas y rockerías
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Hace rato que el folklore dejó de representar solamente esa imagen del poncho, el bombo y la guitarra, que forma parte de un imaginario setentoso que no coincide con lo que pasa en la actualidad. En festivales, peñas y rockerías ya es común encontrarse con grupos folklóricos que hacen sus temas, incorporan distintas influencias musicales y crean nuevos subgéneros como el reggae del altiplano, el folklore power, el pop rural, la baguablues, el electrofolk, la guarachacarera o el sonido transerrano.
En el ambiente folklórico nadie se extraña de ver a un músico con una guitarra eléctrica tocando chacareras como pasó en los ochenta con Peteco Carabajal cuando integraba MPA o con Raúl Carnota, cuando sacó "Entre el campo y la ciudad", donde tenía temas con el apoyo de teclados y samplers. Ahora en escenarios tradicionales como Cosquín se puede escuchar a Raly Barrionuevo -influenciado por el grupo de hip-hop Orishas- cantando la vidala-rap "Ey paisano"; o ver como Laura Ros, la hija del chamamecero Antonio Tarragó Ros, incluyó en su disco debut una baguala pop escrita por su hermana Irupe.
El nuevo mestizaje folklórico permite casi todo y está integrado por una nueva generación de músicos eclécticos que interpretan zambas, vidalas, tonadas, huaynos, carnavalitos, chacareras y también reggae, candombe, salsa, cumbia, covers del rock latino, canciones con la influencia de Peter Gabriel, Manu Chao, Prince, Los Beatles, James Taylor, Café Tacuba, Charly García, Fito Páez, Spinetta o Peter Tosh, y pueden utilizar tanto una formación bien acústica como eléctrica. “Hay códigos compartidos y no es todo tan sectorizado. El folklore lo tenemos incorporado y la cultura rock también, apunta Jorge Luis Carabajal, una de las ovejas negras de la tradicional familia. A nosotros nos dicen que tenemos una actitud rockera, porque ya no rasgueamos igual la chacarera. A la vez se está recuperando esa idea de los brasileños de no separar los estilos. Ellos mezclan de todo pero su raíz siempre está en su música”, apunta el hijo de Agustín Carabajal, el célebre autor de “La telesita”, que por estos días está alucinado con Prince.
Esta corriente no se cuestiona la pureza del género, aunque tienen referentes muy fuertes como Yupanqui, Jacinto Piedra, León Gieco o el Cuchi Leguizamón, y forman una corriente alter-nativista que aparece sobre todo en ciudades del norte argentino. En Córdoba, sobre todo, el movimiento fue alimentado por figuras como el jujeño Bicho Díaz con su banda La Eléctrica Folklórica, con la que grabó dos discos impresionantes, capaz de fusionar huaynos con guitarras a lo Jimie Hendrix. “Cuando salimos hace siete años fuimos muy resistidos, pero queríamos hacer un proyecto que no se pareciera a nada del folklore de ese momento. Con el tiempo La Eléctrica marcó una ruptura e instaló esa mezcla de instrumentos ancestrales con el sonido más eléctrico. Eso se hizo un modelo en Córdoba y ahora no hay banda que no tenga ese color y esa búsqueda de un folklore vivo.”
En esa mezcla de sonidos la ciudad mediterránea sirve de plataforma para otras propuestas como la del grupo Los Nietos de Don Gauna. La promisoria banda folklórica de Villa Dolores sorprende con un repertorio nuevo y canciones en formato salsero o cuartetero. Pero si algo la hizo sobresalir de la media fue la inclusión de un reggae de aires rap llamado “La otra ciudad”. Esa canción, de su disco debut, refleja otra forma de contar el folklore. “Venimos de distintos géneros. Escuchamos Jobim, Caetano Veloso, Minino Garay, La Chilinga y hasta la Mona Jiménez. Así fue saliendo un sonido de nuestro lugar. No es algo puro, sino que tenemos lo que llamamos una chacatranserrana o un reggae transerrano, que no tiene la forma del toque tradicional y que hasta puede dar para que hagamos un rap como «La otra ciudad», donde se descarga toda la rabia que tiene la letra”, cuenta Mauro Libaak, percusionista del trío que completan José Luis Aguirre y Ariel Torres.
La mayoría prefiere no rotular, ni diferenciar entre el rock y el folklore. Demi Carabajal, tiene una estética decididamente rockera, pero sus canciones no dejan de sonar muy folklóricas. “En lo personal, a mí siempre me ha gustado el sonido del rock, el reggae, incluso la cumbia colombiana. Me gusta usar estos sonidos en mi música, pero no hay una intención de ser más rockero que folklorista, sino que está todo integrado. Aunque a veces experimento y juego con la idea de como tocaría Peter Gabriel una chacarera y así van saliendo otras cosas.”
Roberto Cantos, del Dúo Coplanacu, vio crecer este fenómeno en su peña de Cosquín. Entusiasmado con esta movida, el músico produjo al joven Franco Ramírez, que en su primer CD incorporó temas propios, canciones de Manu Chao, Juanes y Pablo Milanés. “Es un joven santiagueño sin prejuicios, que tiene la actitud fresca del rock y que ha estado atento a lo que pasa en el mundo, y no se limita a la chacarera y la zamba. Vivencia a Santiago como una ciudad latinoamericana y eso aparece en su música. Por eso puede cantar a Manu Chao. Y esa actitud hoy se refleja en muchos jóvenes.”
El acceso a mayor información, a otros instrumentos y una buena formación musical generó un folklore más ecléctico. Camilo Carabajal se crió con patios de chacareras y experiencias diversas que lo llevaron a vivir en Berlín varios años. Toca en los festivales de folklore junto al grupo de su padre, Cuti, y tiene su propia banda, llamada Semilla, con canciones y chacareras inéditas en un poderoso formato electroacústico que tiene como productor al grupo Arbol y a Gustavo Santaolalla. “Yo escucho mucho a una banda que se llama Tool y tambien experimenté el punk, pero tengo todo el riff de la chacarrera. Tenemos una información distinta y eso aparece en lo que hacemos como el cover de los Stones “Pintalo de negro” pero en ritmo de gato. Estamos experimentando y mandando otra energía pero siempre desde el folklore. Como dice nuestra canción: Somos gauchos nuevos buscando identidad.”
En Jujuy el Humahuaca Trío tiene nombre folklórico y una actitud decididamente rockera, letras provocadoras y un estilo que definen como reggae del altiplano. Juan Cruz Torres (hijo del afamado charanguista Jaime Torres) define el espíritu de esta nueva propuesta. “En Humahuaca nos aceptan pero a veces generamos polémicas por las letras del Apu Condorí. Nuestra base es el folklore, aunque el reggae siempre está. Creo que la diferencia de toda esta movida es que no somos como las bandas de rock que incorporan folklore. Todos somos netamente folklóricos, pero nos sale otra cosa porque pertenecemos culturalmente a esa generación que creció escuchando la música sin etiquetas. No somos de la guitarra, el poncho, tónica y dominante, sino que somos del género nuevo con sentimiento argento.”
Discografía del folkrock, ayer y hoy
- “De Ushuaia a La Quiaca”: el proyecto integró la experiencia de gente del rock como León Gieco y Gustavo Santaolalla con referentes como Sixto Palavecino.
- “Grito en el cielo”: el álbum de Leda Valladares reunió en la presentación en vivo a rockeros como Pedro Aznar, Federico Moura, Gustavo Cerati y Fabiana Cantilo cantando bagualas.
- “Esa fulanita”: el disco de Liliana Herrero, producido por Fito Páez, explora en la sonoridad rockera a través de clásicos del folklore y algunos invitados, como Luis Alberto Spinetta y Emilio del Guercio.
- Alta fidelidad: Mercedes Sosa canta a Charly García y se lanza al abismo en una reunión notable entre dos monstruos del pop y del folklore.
- Guanuqueando: la canción marcó el encuentro del maestro jujeño Ricardo Vilca y el cantante Ricardo Mollo, de Divididos, registrado en el disco “Vengo del placard de otro” .
- Sin límites: el último disco del Bicho Díaz y la Eléctrica Folklórica, grupo radicado en Córdoba, traza un nuevo camino sonoro y los lleva a identificarse como el Pink Floyd de la quebrada.
- Orozco-Barrientos: el dúo mendocino producido por Santaolalla le dio nueva identidad a la música cuyana con poesías surrealistas y una actitud rock.
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