Lady Gaga vs. Adele: las dos caras del éxito pop

Con menos de 25 años, una feúcha provocativa y una gordita sufriente se convirtieron en los últimos modelos de estrella global
Ernesto Martelli
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28 de junio de 2011  

Ocurrió. Finalmente ocurrió: el pop, su industria global y su maquinaria tantas veces criticada por fabricar modelos inalcanzables de tan sofisticados, ahora nos ofrece un duelo entre la gordita acomplejada y la feúcha acomplejada.

Ambas nuevas figuras, Adele y Lady Gaga expresan a su modo algo atípico en el mapa pop, algún margen. Por un lado, el del sur londinense, con su mix de razas y clases representado en el R&B más sentimental de Adele, que tiene en el soul y la música negra más popular el modo de canalizar las frustraciones y en el pub de la esquina el punto de encuentro donde ahogarlas en frituras y cerveza. Por otro lado, el del siempre efervescente underground neoyorquino, con su mix de minorías sexuales y vanguardias estéticas, reinterpretado por Lady Gaga en una clave que fusiona el impacto de Marylin Manson con el sonido de discoteca. Como sea, es justo destacarlo: ambas se escapan del molde de sensualidad explícita que esa propia industria aprovechó y aprovecha tanto como puede: el que va de la sinuosa Jennifer Lopez (ahora también madrina de talentos en American Idol ) a la morenita Rihanna y de Beyoncé (que hoy mismo edita nuevo disco en todo el planeta) a la cosmopolatina Shakira... Ese molde, el de las curvas y el estilo sexy como oferta preparada para consumo inmediato, no se ha roto, claro, pero el nuevo duelo está protagonizado, a ambos lados del Atlántico, desde las principales capitales culturales del pop, por otras expresiones. En menos de cuatro años, estas dos jóvenes lograron una estelaridad que pocos grupos de rock de estos tiempos alcanzaron…

Lady Gaga, qué duda cabe, es la última estrella en el firmamento del pop entendido como un territorio a conquistar a fuerza de shock, impacto y "temas de conversación". Si en algún momento fue su traje de carne o su supuesta condición hermafrodita, hoy lo es, tal como relatan los diarios de Estados Unidos, un posible romance, ya negado, con… el filósofo marxista Slavoj Zizek. Como una Madonna, se nutre de elementos que mezclan sexualidades diferentes y excentricidad con una identidad visual armada por ella misma para hacer de la fealdad, virtud. Pueden ser implantes 3D o coqueteos con la estética "sadomaso", pero son elementos atípicos los que construyen y definen el inquebrantable vínculo con sus seguidores, no casualmente bautizados "Little Monsters", pequeños monstruos. Son ellos, también cómodos y felices en el lugar de raros, quienes apuntalan su fama mundial.

Ojos vs. oídos

Una reciente declaración de Adele, la inglesita que con 23 años tiene dos álbumes editados (titulados simplemente 19 y 21 , sus edades al grabarlos), sirve para entender mejor el contexto. Aludía a Katy Perry, una suerte de tercera en discordia del nuevo pop, pero envuelta en una silueta emblemática de nena de póster. "Yo no necesito mis senos para sostener mis hits", dijo, con un juego de palabras en el idioma original, y dejó el asunto al desnudo: basta verla cantar en el show que emitió la BBC, vestida con un suéter negro enorme que disimula toda silueta y sirve para demostrar cómo su corazón roto sólo se expresa a través de su voz caudalosa y profunda.

El fenómeno va más allá de lo que dejan ver las listas de Billboard , que, la semana pasada, tenía a estas dos chicas en los primeros puestos del chart de los 200 álbumes más vendidos de los Estados Unidos. También trasciende sus hits más recientes ("Born This Way" y "Judas", de Lady Gaga; "Rolling in the Deep" y "Set Fire to the Rain", de Adele), que hoy mismo rotan con intensidad en señales de videos y radios FM. Se trata de un duelo de estilos y propuestas musicales que divide aguas y actualiza, una vez más, el superclásico Estados Unidos vs. Inglaterra. Entre las dos suman menos años que los que tiene Madonna, acaso la figura perpetua sobre la que el pop femenino deberá espejarse.

Del escenario al estudio

Quienes hayan podido ver el reciente show de Gaga en el Madison Square Garden –que aquí emitió la señal de cable HBO– pudieron comprobarlo: ella se dedica tanto a cantar como a charlar con su público, generando comunicación fluida y un gran anticlímax entre hit y hit. Tampoco sus declaraciones la muestran como una artista autoconsciente, como lo es Manson o lo fue el propio Michael Jackson. A no dudarlo: Lady Gaga es una enferma de la performance. "Cuando no estoy en escena me siento muerta; en el escenario, me siento viva", dijo recientemente en la revista Rolling Stone , que la llevó en portada tres veces en poco más de un año. Intensidad de acordes potentes, a lo Kiss o Duran Duran; así pueden explicarse los casi 2 millones de copias vendidas en el último mes y haber conquistado al mundo en menos de tres años.

Adele es su reverso. El estudio y no la exhibición pública es su hábitat natural. "Yo hago música para los oídos, no para los ojos", insistió, también ante Rolling Stone , en su tapa del mes pasado, titulada "La superestrella de los corazones rotos". Algo similar explica desde la portada de edición corriente de la revista inglesa Q. Las 25 fechas agotadas en su nueva gira por Estados Unidos y los 7 millones de discos vendidos de los dos que tiene editados la ubican entre las más vendedoras de esta era. En ese explícito revival soul con estilo vintage que invadió la escena de pubs británicos, hace rato que esta chica de cara redonda dejó de ser una mera sucesora de la malograda Amy Winehouse (quien pese a su gran disco debut en los últimos años tuvo más protagonismo en las páginas de escándalos que en las musicales) o Duffy. Historias que dejan expuestas las heridas de una trama familiar y sentimental áspera (su padre, alcohólico, abandonó a ella y a su madre cuando la cantante tenía 3 años) la convierten en una actualización sufriente de Dusty Springfield, una impronta notoria hasta en la sombra de ojos...

Como sea, la rara y la gordita son las nuevas caras del éxito. Acaso como curiosidad, este duelo ocurre en la misma semana en que supimos que una de las integrantes de un grupo musical japonés era una creación digital construida con imágenes de seis chicas reales. Adele desde el sufrimiento y Lady Gaga desde la excentricidad se reparten los puestos 1 y 2 de las listas de más vendidos compitiendo fuerte durante todo este semestre, y sus sellos discográficos, Sony Music y Universal, respectivamente, se abrazan a ellas como a una tabla de salvación, aunque ambas lanzaron sus discos debut no hace más de 3 años, a mediados de 2008, y que su fuerte es, como corresponde a estos tiempos, la popularidad online y las descargas de Internet.

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