Las madrugadas de Juan "Tata" Cedrón
El cantor, referente de nuevas generaciones de músicos, festeja los cincuenta años que lleva acercando ?al tango los versos de grandes poetas del Río de la Plata; esta noche dará un concierto en el Teatro Nacional Cervantes
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Juan "Tata" Cedrón es de la generación de Lennon y McCartney. Pero no es músico de rock. En 1963, cuando creó el trío que pronto se transformó en el Cuarteto Cedrón, cantaba tangos. Se podría decir, cariñosamente, que era un "antiguo" entre jóvenes que escuchaban a los Beatles o se convertían en nuevaoleros.
Sin embargo, esa actitud de Cedrón hizo que, siempre en una misma línea artística y estética, fuera hacia adelante y se convirtiera, en el siglo XXI, en referente para jóvenes músicos del tango que crecieron escuchando rock. Esas vueltas de la vida.
¿Habrá sido por el sonido tan intenso de su cuarteto? Quienes no lo conozcan tal vez quieran darse una vuelta por el concierto que esta noche dará en el Teatro Cervantes, donde celebrará cincuenta años de música. Allí estará Cedrón, con su hijo Román, en contrabajo; Miguel Praino, viola, y Daniel Cabrera, en bandoneón.
Esos 50 años de "Tata" Cedrón con la música tuvieron un comienzo en Buenos Aires, luego de una larga estada de 30 años en París -con sus hijos Román y Emilio y otros integrantes legendarios del cuarteto, como Miguel Praino- y una música que abrazó la obra de magníficos poetas: Tuñón, Gelman, Cortázar y Manzi, sólo por mencionar a algunos.
"Una vez me dijo Acho Estol [guitarrista y compositor de La Chicana]: «Vos sos como el eslabón perdido del tango». Algunos vieron Grandes valores del tango, con cantores de traje, moñito y pelo engominado, y por eso se fueron al rock. Yo no me fui al rock. Me quedé en el tango, de manera consciente. Las letras del tango me parecían extraordinarias. Me gustaban los Beatles, aunque no los escuché mucho. Incluso, hice una cantata con Gelman que tiene ritmo beat. Y salió espontáneamente. No negábamos eso. Hemos compartido escenario con la Cofradía de la Flor Solar; porque no despreciamos el rock y quizá lo vimos como una continuidad del tango. Aunque por entonces no me había dado cuenta de que el rock había sido impuesto por compañías discográficas multinacionales para romper una identidad. Yo había nacido en el 39 escuchando Yupanqui, Gardel, Magaldi, y entre los 4 y 5 años enganché lo mejor del tango. Ya en los 60 no estaban esos letristas como Manzi, Contursi, Expósito ni Cátulo [Castillo]. Algunos estaban, pero el ambiente era otro. No se juntaba de la misma manera con los músicos. No eran tan jóvenes.
-¿Fue por eso que fuiste en busca de la poesía de Tuñón o Gelman?
-Claro. Por eso agarré a [Julio] Huasi, que había hecho "San Pedro y San Pablo" con Spitalnik, y tenía cosas líricas extraordinarias. Después Tuñón, que hablaba de un Buenos Aires que me gustaba, y a Gelman. Cuando hago cosas instrumentales, sueno más moderno, y cuando hago cosas cantadas, soy más tradicional. Es un problema de escucha. Cuando cantás, si metés mucho lío atrás, mucho Béla Bartók, no se entiende nada. Hay que hacerlo lo más austero posible. Otra cosa que descubrí es que cada generación, desde Villoldo en adelante, tocaba lo que hacía y también lo que se había hecho antes. Hubo una especie de transvasamiento hasta que vino la televisión, las multinacionales, el Club del Clan y una política de exterminación. Fue grave.
-Ahora se toca de todo. ¿Qué encuentran en el Cuarteto Cedrón?
-Recién ahora están tocando cosas mías. Creo que no imitamos a nadie. Se fijan en que yo tengo un trabajo hecho con la poesía y que esto lo considero música urbana, no tango. Un día un chico me contó que empezó en el tango con Bajofondo, después Piazzolla, después Pugliese y después me conoció a mí. No conocen para atrás. Cuando yo era chico, podía escuchar cosas que no eran de esos años, sino de la Guardia Vieja. Desde el 55, y ni hablemos de lo que pasó después del 76, hubo una borrada de memoria. Siempre digo que conocen del tango la escenografía, atrás no hay nada. Pero detrás de Piazzolla está Troilo porque Piazzolla tocó con Troilo. Ahora tienen que mirar atrás sin dejar de mirar para adelante. Yo hago una comparación que es violenta: pienso que son como los hijos de los desaparecidos. Los secuestraron y treinta años después se enteran de que su papá no es su papá. Se encuentran con sus orígenes y tienen que hacer un refrito, porque si vivieron con un milico que les decía que los negros eran una mierda y les hablaba de "terroristas", resulta que su padre biológico era un terrorista. Con el tango está pasando algo así. Los chicos están refritando lo que van descubriendo. No estoy en contra de los pibes. Sólo digo que el rock fue puesto para romper una identidad. Y eso lo tienen que saber. No se puede no saber. Ahora se discute de todo, y yo tengo 74 pirulos y sigo teniendo la misma pasión para hacer las cosas. A mí ya no me interesa que se arregle el mundo, siempre va a ser así, pero hay que estar activo y cuando vienen los buenos tiempos, aprovecharlos.
-Parece que en tu vida hubiera tres momentos o fundaciones: la etapa de Buenos Aires, los treinta años en Francia y el regreso, hace casi una década, para armar una nueva familia.
- El azul del cielo es la película de mi sobrina Lucía Cedrón sobre mi hermano Alberto, el pintor. Ahí Alberto dice que cuando éramos chicos y teníamos una barrita de chocolate, él la comía toda de golpe y yo guardaba para comer un poquito cada día. Sí, era así. Era muy formal. Cuando vine a estudiar a Buenos Aires desde Mar del Plata -vivía en el campo-, tenía un alumno que me pagaba un peso por día y yo con ese peso por día comía. Pero cuando me separé, pasó lo contrario [tenía más de 60 años]. Mi hermano me dijo: "Estás loco. Yo nunca hubiera hecho una cosa así". No soy un intelectual, un tipo que razona, que va al psicoanalista. No soy racional para la música ni para la poesía ni para la vida. Cuando nos fuimos a Francia, les dije [a los músicos del grupo]: ¿Vamos todos para allá? Y nos fuimos todos. Cuatro familias. En Francia nos trataron muy bien. Tomé la nacionalidad, me siento francés, fueron 30 años. Cuando me separé, les dije: "Muchachos, me vuelvo". Cada tanto voy para allá a tocar o viene Miguel Praino para tocar acá. Tenemos mucho repertorio.
-Muchos de tus discos se reeditaran o se editaran por primera vez en la Argentina.
-Y tengo muchas cosas más.
-¿Qué significan estos 50 años?
-Es una comunicación para que los jóvenes se den cuenta de que hay un grupo que estuvo 50 años aguantando bien, sin hacerse mala sangre ni llorando fuera o dentro del país, y que mantuvo una estética y una coherencia, sin pretensiones. Y que deja una obra y un sonido.
<b>Juan "Tata" Cedrón</b>
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