Las voces reunidas en Trelew
En la ciudad chubutense se realizó el Séptimo Certamen Internacional de Coros
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TRELEW.- La primavera, que vino anticipándose con sol radiante y estallando en brotes y flores, acompañó con su tibia caricia a cientos de coreutas que compitieron hasta anoche en este séptimo Certamen Internacional de Coros, sin duda uno de los más prestigiosos concursos corales en toda América latina.
En medio de la Patagonia, que por otro lado es el confín del mundo, la joven provincia de Chubut (desde hace cincuenta años), que ostenta una singular geografía entre las aguas del Atlántico, con su danza de ballenas y el paseo de sus ceremoniosos pingüinos, y el verde que trepa hacia la Cordillera entre ríos, lagos, montañas y valles, emerge, con su dinámica ciudad, Trelew, como un polo cultural que consolida su renombre gracias al encuentro coral bienal, nacido hace doce años gracias al empuje quijotesco de un director de coro: Daniel Garavano.
Donde antes se dieron la mano fraternal el indio tehuelche y el galés que vino desde muy lejos para fomentar la prosperidad y la cultura de estas tierras, hoy confluyen cantantes que sólo buscan compartir la belleza del canto.
Sin el frac de sus pingüinos, los cientos de coreutas argentinos o el finalmente único coro extranjero, el de Cuba (tras desertar en las semanas previas, por razones presupuestarias, los coros de Chile, Perú, Venezuela, Colombia, España, Polonia, Lituania y Gales), concretaron una de las claras propuestas del certamen, a lo largo de los cinco días: la efectiva participación del público que va cantando las once obras que integran el "Canto comunitario", una especie de ensayo que dirige el danés Steen Lindholm, con alegría y ráfagas de humor que compiten con el chiste alemán. El coro piloto de esta primera experiencia del Certamen es el Corinto del Colegio de Martilleros Públicos de La Plata, desenvuelto, flexible y musical.
En la primera noche de competencia, el último miércoles, el jurado se instaló frente al escenario; los coros, en las tribunas, y el público, en el ancho espacio del estadio.
El gimnasio techado, con piso de madera, y una "campana acústica" diseñada por el inspirado arquitecto John Humphreys (director de la fiesta galesa de octubre) desde el comienzo de esta gesta coral, es hasta hoy un ancho espacio donde se escucha el canto a capella como en un buen teatro.
Este séptimo certamen coral internacional es el corolario de una obstinada y amorosa siembra del hoy juvenil anciano galés Clydwyn Jones y de su continuador, Daniel Garavano. La historia de esta gestación rica y apasionante arranca en 1993, año en que el Coro Municipal de Trelew celebraba, con Daniel Garabano, sus 25 años de vida. La actividad coral creció desde entonces, de seis a veinte directores de coro.
Las agrupaciones en competencia fueron la Coral Allen, de Río Negro; el Coro de Cámara del Museo Azzarini, de La Plata; el Coro de Cámara, de El Bolsón; el Coro Juvenil Municipal, de Trenque Lauquen; el Coro Universitario (Universidad Nacional de Cuyo), de Mendoza, y el Schola Cantorum Coralina, de Cuba, guiados por sus respectivos directores: Ana Elena Molina, Guillermo Saidón, Héctor Rafael Bisso, Daniel Birzi, Silvana Vallesi y Alina de los Milagros Urraca Llama. Todos ellos compitieron en algunas de las categorías siguientes: mixtos, masculinos, femeninos y coros de cámara y grupos vocales.
Sólidas y exigentes bases
En la primera noche de competencia, Mendoza, con Silvana Vallesi al frente, sucesivamente, de su coro femenino, grupo de cámara y coro mixto, ofreció un variadísimo repertorio que asumió con gran despliegue gestual, garra avasallante y musicalidad de alto vuelo.
El Coro de Cámara de El Bolsón entregó exquisiteces de fraseos, planos sonoros, matices y expresividad a través de las músicas de Victoria, Kodaly y la obra impuesta ("Este es el canto de un corazón joven", de Canale-Villafañe). Y el Juvenil de Trenque Lauquen demostró hasta qué punto un director puede lograr la pulcritud del Renacimiento, sortear los desafíos de la música contemporánea y plasmar la difícil trama contrapuntística de un candombe. Finalmente, el Schola Cantorum Coralina, de Cuba, sencillamente maravilla con las difíciles articulaciones lúdicas de "Tangueando", un Monteverdi insuperable en su belleza y expresividad, y una recreación maravillosa de la obra impuesta. Se hace inefable hablar de Coralina.
Por refinamiento, flexibilidad, homogeneidad y emoción transmitida se convierte en lo más excelso de estas jornadas, que ya son inolvidables.





