Los Cadillacs tocando para vos
Antes de los conciertos que realizarán el viernes y el sábado en River, el grupo hizo vibrar a 18.000 cordobeses con su vuelta a los escenarios
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"A River llegamos todos." En una sala del Sheraton cordobés, Gabriel Fernández Capello (alias Vicentico) y Flavio Cianciarulo (alias Sr. Flavio) concluyen que los shows del próximo fin de semana en el Monumental de Núñez son de Los Fabulosos Cadillacs, pero los disfruta toda una generación. La de 1985, la que soñaba con hacer una banda a lo Madness y The Special, y la que consiguió eso y un plus de más de 20 años de historia.
Pero para llegar a River primero hubo que pasar por el Chateau Carreras de la ciudad de Córdoba. Anteanoche, la banda, que tuvo su embrión entre Buenos Aires y Mar del Plata y que se proyectó al Continente como ninguna otra surgida en nuestras tierras, ofreció el primer show en la Argentina de su Satánico Pop Tour y La Nacion estuvo allí gracias a una invitación de Personal, sponsor de estos conciertos. Cerca de 18.000 personas asistieron al estadio cordobés y fueron testigos del excelente show que la banda brindó por dos horas y media. Para evitar los claros en un estadio que puede albergar a más del doble del público que concurrió anteayer, la organización ubicó el escenario a unos metros de la pista de atletismo, frente a la platea sur.
A las diez menos veinte de la noche y con las últimas gotas de luz natural, la banda salió a escena para entregar un show planeado y pensado al detalle y que cumple con los dos pilares en los que se basa el regreso de LFC: el caos y la creación, tal como nos dijo un día antes Sr. Flavio, al parafrasear a Paul McCartney. "El show está montado sobre una estructura de base -sostiene el bajista-. Primero necesitamos el orden para poder abusar luego y jugar con el desorden."
Recibida por la música de James Bond, la banda salió a escena con la formación que ostenta desde que se confirmó el regreso tras un parate de seis años: los históricos Vicentico, Sergio Rotman, Flavio Cianciarulo, Dani Lozano, Mario Siperman y Fernando Ricciardi, y los invitados estables de los discos y de los shows: Hugo Lobo, en trompeta; Gustavo Martelli, en percusión, y Matías Brunel, en guitarra. Pero hay otros invitados que actúan como elementos sorpresa en diversos pasajes del show: Pablo Lescano para interpretar la versión que él produjo de "Padre nuestro", Astorboy, hijo de Sr. Flavio y prometedor batero de 11 años y Luciano Jr., el primer percusionista de LFC. Junto con ellos sobrevuela todo el concierto "La luz del ritmo", Toto Rotblat, el percusionista de la banda que falleció este año y a quien está dedicado el disco, el show y un pasaje especial hecho canción.
"Manuel Santillán, el león" marcó el inicio de un show que recorrió buena parte de la discografía de la banda, con el acento puesto en su costado más festivo y bailable, en el big bang interno que se produjo cuando los rude boys criollos se encontraron con los ritmos latinos y armaron un caldo espeso con The Clash como santo remedio para unir las partes. De allí en adelante se sucederían, entre otras, "Mi novia se cayó en un pozo ciego", "Carmela", "El genio del dub", "Siguiendo la luna", "Calaveras y diablitos", "Gallo rojo", "Mal bicho", "Carnaval toda la vida", "El Satánico Dr. Cadillac" y "Matador". Entrelazadas con las gemas imperecederas cayeron como gotas de rocío las impecables versiones Cadillac de "Wake up and Make Love with me", de Ian Dury, y "Guns of Brixton", de los Clash, y el tema nuevo que da nombre al disco, "La luz del ritmo".
Certera como en sus mejores noches, la banda construyó un concierto notable y no hizo falta esperar hasta que Vicentico cantara aquello de "ahora somos más hermanos que antes" para comprobar que las sonrisas de los músicos y su entrega fueron la constante que se multiplicó en los 18.000 asistentes. Exhaustos, diez minutos después de la medianoche nadie tuvo fuerzas siquiera para pedir otro bis. Fue después de que la banda cerró con "Yo no me sentaría en tu mesa". ¿Sentarse? Sólo los plateístas pudieron hacerlo y antes de que el grupo saliera a escena. Luego, nadie pudo reprimir el instinto de acompañar con el cuerpo lo que la banda entregaba con su música.


