
Los europeos quieren tango
"Todo depende de la demanda del extranjero", dice Lopérfido
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Si se trata de vender a la Argentina como si fuera un producto, el tango parece ser el packaging adecuado. Por lo menos así lo entiende Hernán Lombardi, secretario de Turismo de la Nación. Por eso el año pasado en Roma, y desde el viernes próximo, en París, Susana Rinaldi será la encargada de inaugurar esa movida, que tendrá lugar en la Cité de la Musique y, según informó la embajada argentina en Francia, las entradas para esa noche ya están agotadas. O sea, todo pinta para éxito en un mercado que, en concepto de turismo, deja a la Argentina unos 56 millones de pesos anuales. Pero luego de "Mi Buenos Aires querido", ¿qué?
La demanda cultural requiere gustos refinados, diversificados y que apunten a distintos sectores. Y si el tango es la popa de este desembarco, el teatro alternativo, los nuevos cineastas, las manifestaciones de artes plásticas, la música electrónica o el diseño textil están esperando que sean aprovechados, que sepan ser leídos como exponentes de un país culturalmente de enorme riqueza.
Si se analiza la programación del Festival Grec, en parte hay algo de eso. Junto a figuras de la talla de Fito Páez o Susana Rinaldi, está la puesta de Rodrigo Malsten, el último trabajo de la dupla Gabriela Izcovich y Javier Daulte, o el músico Julio Pane. De todos modos, se abre otra cuestión: ¿puede pagar el Estado a artistas con una inserción internacional que ya fue capitalizada por la producción privada? O sea: ¿debe el Estado invertir en artistas como Cecilia Rosetto o Susana Rinaldi? Es más: para Rosetto Barcelona es una plaza que le ha dado excelentes frutos artísticos (y todo hace suponer que merecidos réditos económicos).
Anchorena tiene claro que no apoyaría un pedido de, por caso, Maximiliano Guerra, porque es un artista internacional. Telerman, que tiene que ver con el Grec, explica su postura: "En ese festival hay una mezcla entre lo audaz con otros nombres que ya tienen un nombre en Barcelona. De todos modos, nuestro objetivo es formar nuevos públicos que consuman nuestros productos culturales. Eso hay que formarlo con aquello que ni se esperan y con aquello que ya sabemos que les gusta".
¿Quién decide el límite? Lopérfido tiene una respuesta economicista del asunto: "La demanda -apunta- siempre es así. Si alguien del Gobierno tiene predilección por un artista lo podría enviar una vez, pero no más. Son los festivales los que piden con nombre y apellido. Por ejemplo, ahora van Fito y Divididos a Madrid porque la Sociedad General de Autores Españoles (el socio hispano en la movida argentina en Madrid) fue quien los pidió. Nosotros sólo le propusimos al Grec llevarlos a Barcelona, ya que hicimos coincidir las fechas entre uno y otro festival. Pero todo depende de la demanda del extranjero y de la solicitud de nuestros parteneres que son prestigiosos agentes culturales, como el Grec".
-¿Si piden una obra comercial, como "Brujas"?
-Ahí es cuando el Estado intenta fijar un marco de acuerdo y fijar determinados parámetros.
-Soledad fue a Londres. Y para el mundo del teatro, Soledad vendría a representar algo similar a "Brujas".
-Lo pagaron los organizadores. En todo caso, nos sumamos a una demanda puntual de un país. Pero habría que remarcar que Serrat y Sabina nunca vinieron a nuestro país bancados por el Estado español.



