Mandioca
"Mandioca. La madre de los chicos." Con esa frase se presentó el primer sello independiente de nuestro país que, a su vez, marcó el comienzo de la historia del rock argentino. Un paso fundamental en aquellos revoltosos años. Fue el gesto que abrió una puerta por la cual ingresó un modo de expresión diferente. Nada más que eso. Y nada menos.
El afiche que anunciaba el lanzamiento del sello, encabezado por Mandioca, la madre de los chicos, en lugar de ofrecer en el lugar central a los artistas se ocupó de citar a los críticos y artistas del momento. Así, invitaban públicamente a Ernesto Schoo, Andrew Graham-Yool, Tomás Eloy Martínez, Jorge Aráoz Badi, Jorge Andrés, Olga Orozco, Antonio Carrizo, Norma y Mimí Pons, Eduardo Lagos y varias decenas más. Al final, estaban los músicos: la modelo Cristina Plate, Miguel Abuelo y Manal. La cita para el recital-happening era el 12 de noviembre de 1969, en el teatro Apolo. La invitación estaba dentro de una manzana de yeso, diseñada por Daniel Melgarejo (responsable, también, de las históricas tapas del sello). Fue apenas el comienzo.
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El éxito de Los Gatos con "La balsa" fue fundamental, y la frase "construiré una balsa y me iré a naufragar" fue la clave. ¿Cómo seguir en estado de naufragio si no hay alternativas? El sello Mandioca hizo eso; se convirtió en espacio para esos músicos que naufragaban en plazas, bares y casas en busca de un mundo al que pertenecer, que no era el que veían a la vuelta de cualquier esquina.
Mandioca fue producto del esfuerzo de muchos, pero guiados por dos personajes clave: Pedro Pujó (el impulso motriz) y Jorge Alvarez (con experiencia en la edición de libros, editó, entre otros, a Roland Barthes, Manuel Puig y Oscar Masotta). Ellos, junto con Rafael López Sánchez y Javier Arroyuelo, hicieron posible que Manal, Moris, Abuelo y Vox Dei grabaran sus primeras canciones.
Mandioca fue el sello que le dio un lugar a todo lo que no era aceptado por los grandes sellos. Hoy, hasta resulta fácil imaginarlo a partir de esa imagen idealizada de que en los años 60 todo fue posible. También fue el trabajo de gente que creyó en lo que hacía, y que se jugó en eso de no ser un calco de lo establecido, sino en buscar un lenguaje propio. Mandioca, lógicamente, duró lo necesario. Vale decir, muy poco. Se transformó en otras cosas (Microfón, Talent), pero hizo algo fundamental: colocó la piedra fundamental. Sus pocos discos pusieron en movimiento el deseo de una generación que despertó a la siguiente y a la siguiente y...
Cuenta la leyenda que el día en que se presentó Mandioca, un tal Spinetta se apersonó en el camarín de Manal y les dijo, emocionado: "¿Ustedes se dan cuenta de lo que comenzó hoy?"






