
Marcelo Katz y Mudos por el celuloide
El trío, que el pianista comparte con Eliana Liuni y Demian Luaces, propone varias películas sonoras, pero sin imágenes
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Marcelo Katz y mudos por el celuloide / Músicos: Katz (Piano, piano preparado, acordeón, percusión y composición), Demian Luaces (Violín, viola, piano, flautas dulces, percusión y voz), Eliana Liuni (Saxo, clarinete, flautas dulces, serrucho, percusión, efectos y voz) / Función: El último jueves / Sala: Centro Cultural de la Cooperacion, Corrientes 1543 / Próximas funciones: los jueves de julio a las 22.
Nuestra opinión: excelente
La musicalización en vivo de películas mudas fue mucho más que una moda en nuestro país. Durante la década de 1990 se comenzó a experimentar de manera incipiente y diferente del tradicional acompañamiento de piano de los comienzos de la cinematografía, cuando sólo existían las películas mudas. El fenómeno creció, tuvo su momento de auge y luego mermó, pero no desapareció como las canciones de un verano. Tocar para películas es una práctica que se sostiene gracias a grupos y solistas, en dos formatos: la improvisación y la música escrita.
Marcelo Katz recurre a esta última seguramente porque es compositor además de pianista. Cuando tuvo al menos una decena de trabajos compuestos dio un paso más: creyó que esas músicas podían tener un peso propio, independientemente de la subordinación a la imagen. Y no se equivocó.
Todo esto surgió de una anécdota que ya se contó en estás páginas hace un par de años. En un día de cine, en Villa Ocampo, se rompió el proyector y, hasta que trajeron otro, Katz, Eliana Liuli y Demian Luaces tuvieron que tocar como si se tratara de un concierto. Situaciones como ésta los impulsó a dar ese paso adelante.
En su repertorio acumulan músicas escritas para El p erro andaluz, de Luis Buñuel; Estrella de mar , de Man Ray; Metrópolis, de Fritz Lang, y Entreactos de René Clair, entre muchas otras. Las músicas puede ir para el lado del ragtime, de una milonga, de una composición que puedo haber sido escrita en el barroco tardío (si no fuera porque se utiliza un piano preparado) y un tango con introducción a lo Salgán y acentuación pugliesana.
La composición de Katz para el cine tiende a presentar células melódicas o armónicas que se repiten. No tienen, como muchas obras instrumentales tonales momentos de tensión y distensión, ni estrofas y estribillos, como las canciones más convencionales. Eso se debe, justamente, a la subordinación a la imagen. Para eso fue creada esta música. Pero en este plan de tener a las piezas como únicas protagonistas entran otros elementos que provocan la tensión, la distensión, la presentación de una melodía, la reexposición y las resoluciones. El recurso tímbrico cuidadosamente construido y el diálogo minuciosamente desarrollado entre los dos instrumentos claramente definidos que suenan son las claves de estas películas sonoras sin imágenes.
Porque si bien hay tres intérpretes, la música casi siempre se resuelve en diálogos o juegos de complementos entre los teclados de Katz (piano, acordeón y piano preparado) y Mudos por el celuloide (esta pequeña orquesta que se construye con los sets instrumentales de Eliana Liuni y Demian Luaces: violín, clarinete flautas dulces y de pistón, percusiones e instrumentos informales).
A pesar de la inexpresividad del rostro de Demian y la galería de personajes que surgen de la gestualidad de Eliana (y que hacen un llamativo contraste y son un espectáculo aparte) estos dos músicos construyen juntos diseños a dos voces y contrapuntos que se amalgaman para ese magnífico diálogo con el piano. Son precisos con la articulación y expresivos en sus momentos solistas. Son creativos.
Katz es el que tiene a la música perfectamente incorporada (porque él la escribió y maneja sutilmente los chistes y las dedicatorias que incluyen). Además, sabe elegir con quién tocar y avanzar con este excelente proyecto. Y, sobre todo, tiene la habilidad y el talento para potenciar el trabajo de esos dos mudos que se subieron a su barco y decidieron acompañarlo.
Hay un último dato que podría ser intrascendente en otro tipo de comentario y se convierte en algo esencial en este caso, por tratarse de esta propuesta de música para cine: es mucho más interesante ver al trío en vivo, en una buena sala y con buena amplificación, que escuchar su disco.
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