
Mariana Carrizo trajo sus coplas feministas
"Libre y dueña", presentación de la coplera Mariana Carrizo. Teatro Presidente Alvear.
Nuestra opinión: muy bueno
"Me van a tener que sacar en avioneta de acá", dice la coplera Mariana Carrizo, entre risas, después de descargar una batería de coplas feministas que dejan tecleando el orgullo de los hombres. Entre otras, esas que dicen: "Vamos comiendo los higos hasta que las brevas maduren, démonos mañas con los solteros hasta que los casados enviuden"; otra que reza: "Por un beso que te di, hubo pelea en la plaza, pa´ que no haya más problemas, vení, nos besemos en casa", o la inapelable: "La que sale con un viejo tiene que hacer como el gato, pa´ poder comer el bofe ha de cachetearlo un rato". Es la primera presentación en vivo de su disco "Libre y dueña", y el teatro, con capacidad para mil doscientas personas, se ve completo. En apenas tres meses la repercusión que la salteña obtuvo en Cosquín la llevó de los escenarios a un estudio de grabación, y de ahí directamente a un teatro de la avenida Corrientes. Pero eso no la desvela. Hace varios años que Mariana Carrizo es la "revelación" de todos los lugares, donde asoma con su caja y sus coplas feministas y se termina metiendo al público en el bolsillo, o mejor, para su gusto, debajo del poncho.
La mordaz cantora, con una enternecedora figura y una lengua filosa, logra con sus coplas ponerse a resguardo de cualquier enojo. La picardía de sus gestos y la diversidad de sus versos de amor, inocentes o desafiantes, sabios y existenciales, son el sello inconfundible de su canto. Para las mujeres, Mariana Carrizo es una suerte de heroína telúrica que se venga con sus coplas de los mandamientos machistas. Para los hombres, sus versos surten un efecto catártico.
En el concierto hace gala de ese carisma y de una actitud desprejuiciada. Es libre y dueña de lo que canta y de cómo lo interpreta. Su estilo rescata los distintos modos de cantar la copla en los Valles Calchaquíes. Sin perder la frescura de su pago, reivindica la sabiduría de los mayores, habla de las costumbres ancestrales, como el sirviñacu (nombre de uno de los temas que interpreta con banda), y de los pasos necesarios para noviar en el campo. "Yo me fui porque era mucho tramiterío tener novio", dice, y otra vez la platea le devuelve una risa bulliciosa.
El magnetismo de su propuesta depende directamente de su personalidad. Los dardos que lanza en esas coplas de cuatro estrofas o sus repentinos diálogos con la gente la transforman en una especie de monologuista de varieté, como cuando dice: "Las mujeres son lo mejor del mundo y sus alrededores. En cambio, los hombres? Así es que está esa coplita: Dios hizo primero al hombre y después a la mujer, porque solo el pobrecito, no sabía pa´ ande correr".
Al espectáculo de Carrizo, con un notorio tinte salteño, también se suman el cantor Pitín Salazar, una diestra banda de acompañantes con el bandoneonista Clavito Riera a la cabeza, su hermano coplero Roque Carrizo, dos parejas de bailarines y una comparsa traída especialmente por la cantora. Pero es cuando canta solita con su caja y refleja la desnudez de la baguala que su arte coplero sencillo y profundo recuerda los versos del poeta Manuel J. Castilla: "Así vuela la copla? borracha y pendenciera, pero elevada como un cuchillo entre la risa y la muerte. Bajando del norte, semillera y fundadora?"




