Melania Pérez canta en La Casona del Teatro
Presentará su nuevo CD con tres shows
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Podría decirse que Melania Pérez nació artísticamente a los 11 años, cuando iba al María Auxiliadora, un colegio de monjas de la capital salteña. Alentadas por una religiosa, cuatro compañeras de quinto grado formaron Las Volvedoras en homenaje a una zamba del poeta salteño Manuel J. Castilla, del que eran fanáticas. "Cuando salíamos a cantar hacíamos un pedacito del tema que le daba nombre al grupo, como lo hacían todos los grupos grandes de la época. Y para la presentación la monja nos puso el nombre artístico a todas. A mí me puso Melania, porque decía que tenía algo especial", recuerda la cantante.
Seguramente en la voz de la pequeña niña salteña, crecida en un ambiente de músicos en Metán, ya se insinuaba un don natural para el canto. El tiempo no hizo más que pulir ese diamante en bruto. Integró Las Voces Blancas, formó el Dúo Herencia con Icho Vaca, fue amiga del Cuchi Leguizamón, Miguel Angel Pérez y Manuel J. Castilla, con los que compartió guitarreadas y escenarios, y grabó dos discos solistas que la situaron como referencia de lo mejor del canto folklórico junto a Mercedes Sosa.
La artista salteña presentará en Buenos Aires su última producción, "Igual que el agua... cantando", con un ciclo que comienza hoy, a las 21, y se extenderá por dos viernes más, en La Casona del Teatro (Corrientes 1975). En estos conciertos, Melania, que tiene un olfato especial para descubrir un cancionero poco conocido del género folklórico que puede atraer no sólo a los aficionados sino también a oídos abiertos, preparó un repertorio de zambas como "La gaucha", danzas originarias como el pin pin del chaco salteño, huaynos anónimos, vidalas o canciones que comparten una raíz con América latina.
"Hay un material impresionante de poetas salteños y también en toda América latina. Quiero cantar las cosas de mi geografía, algo que en este último disco extrañé un poco, pero también quiero abrirme a otras cosas, siempre manteniendo mi línea estética", cuenta sobre la experiencia del último disco producido por León Gieco, donde compartió canciones con gente como Los Nocheros, Abel Pintos o Alfredo Abalos.
Pero el sello de Melania Pérez es la música y la poesía salteña, y su capacidad para sacar a la luz una obra perdurable en los guitarreros anónimos. "Traigo esas cosas que se cantan en reuniones muy especiales, que vienen muy de dentro de la gente que las canta y no se la muestran a cualquiera -confiesa la intérprete-. Intento atrapar el duende de esos temas que traen el canto de la tierra, la pena honda, la alegría y los valores humanos de esos hombres del Norte."
Melania se transformó en la síntesis de esa expresión de belleza rústica, prodigio vocal y sentido del canto que habita en el Norte. Dice que lo aprendió del Barba Castilla, del Cuchi Leguizamón y del culto de la amistad que hace su marido, Icho Vaca, con el que formaron un dúo que hizo historia.
"Con Icho, en el Dúo Herencia, tuve la verdadera comprensión de lo que estaba cantando. El era amigo del Cuchi y Castilla. Me los presentó y aprendí de su filosofía de vida. Compartimos reuniones, música y entendí el porqué de tal obra. Al Cuchi le encantaba cocinar esos picantes famosos. Y Castilla era el hombre más tierno y grande que conocí. Cuando era chica lo había visto a Castilla, sentado en una piedra y con las manos agarrándose la cabeza, en silencio y con los ojos cerrados. En ese momento pensaba: "Qué loco que está este viejo". Después, cuando lo conocí, me di cuenta de que estaba viviendo algo maravilloso por dentro."
Melania lo dice con sencillez, pero cuando canta todo ese mundo interior queda expuesto de la misma manera a través de la belleza cristalina de su voz: "Igual que el agua... cantando".



