Murió un rey del latin jazz
Ray Barretto, uno de los grandes percusionistas, falleció ayer
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Como buen latino nacido en Brooklin, Nueva York, Ray Barretto tenía manos duras y facilidad para la música; con ambas cualidades tejió una carrera como percusionista que se apagó ayer por la mañana en el hospital de la Universidad de Hackensack, en Nueva Jersey. Tenía 76 años y una serie de complicaciones cardíacas a las que se sumó una neumonía terminaron con su quebrantada salud.
El "rey de las manos duras", llamado así por la forma en que azotaba los parches, fue uno de los grandes percusionistas del jazz latino. Su acercamiento al instrumento lo hizo durante su estada en Alemania como miembro de las fuerzas armadas de los Estados Unidos.
Cuando ingresó en los años cincuenta a la banda de Tito Puente como reemplazo de Mongo Santamaría, en la que se quedaría cuatro años, dijo que sus principales influencias eran el gran percusionista cubano Chano Pozo y el genial Charlie Parker. Del primero tomó la riqueza del golpe; del segundo, su barroquismo.
Si bien fue un artista reconocido por su variedad y fuerza rítmica, sólo en 1967 alcanzó un reconocimiento cuando fue elegido como artista del jazz latino.
En los años sesenta paseó sus congas por diferentes escenarios y propuestas. Fue parte de los grupos de Gene Ammons, Cannonball Adderley, Kenny Burrell, Lou Donaldson, Red Garland, Dizzy Gillespie, Freddie Hubbard y Wes Montgomery.
También participa de distintos trabajos de pop y su nombre se convierte en sinónimo de percusión latina.
Grandes discos como "El Ray criollo" (1966), "Fiesta en el barrio" (1968), "Barretto Power" (1972) y "The Other Road" (1973) dejaron marcadas influencias en el jazz latino, no así "Tracedance", grabado en 2001. Su estilo era de una variedad tan amplia como difícil de enumerar, pero era el típico salsero neoyorquino, de fuerte pegada, menos sutil que sus pares caribeños, pero de una potencia explosiva. Su toque pasaba de lo pasional a la exuberancia.
Para aquellos que lo conocieron, Ray Barretto, descendiente directo de puertorriqueños, era un artista que transmitía alegría en su canto percusivo. Esa alegría que rezumaba su música se convirtió ayer en tristeza, en su Nueva York natal y en Puerto Rico. El vocero de la familia, Fidel Estrada, cerró sus declaraciones, en San Juan de Puerto Rico, con un "como decía Ray, «¡viva la música!»".



