Música para piano a ocho manos
Vuelve al país el ensamble Multipiano para ofrecer dos conciertos en Radio Nacional y en Amijai
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Cuando, desde el exterior, llega un cuarteto de cuerdas, una orquesta de cámara y hasta un gran organismo sinfónico, los instrumentos vienen con los músicos. Pero el asunto se complica si el ensamble que llega está integrado por cuatro pianistas que tocan en dos pianos y que, por supuesto, vienen sólo con sus cuerpos, sus atuendos, sus partituras y sus manos. Sólo los grandes teatros poseen dos instrumentos de similar calidad y un número de banquetas que excede lo rutinario. Pues la situación se planteó, con todas sus peculiaridades, con la llegada al país de Multipiano, un cuarteto israelí que, hasta donde sabemos, es el primero de estas características que arriba a la Argentina. Ya han tocado en el Colón, donde ofrecieron un concierto didáctico para más de dos mil chicos, y en el Gran Rex. Después viajaron con su música, su talento y sus particulares exigencias materiales por Perú, Uruguay y varias ciudades argentinas. Y ahora están de regreso.
En su presentación en el Gran Rex, para los conciertos del mediodía del Mozarteum, como de costumbre, con la sala completamente colmada, los cuatro pianistas, Tomer Lev, el director y mentor del grupo; Yuval Gilad, Berenika Glixman y Daniel Borovitzky se pasearon con gran soltura y mucha música por un repertorio extraño, muy poco conocido y que despertó no sólo interés por lo que producen artísticamente, en su sentido más estricto, sino por el tipo de espectáculo que proponen cuando tocan a cuatro, cinco (así escribió Ravel su Frontispiece), seis u ocho manos en uno o dos pianos. El gran pulpo de ocho tentáculos y cuarenta dedos se instaló por sobre los dos instrumentos para deleitar con un concierto no habitual, que implica desplazamientos, intercambios, y hasta amontonamientos de tres pianistas frente a un teclado. Pero, más allá de estas cuestiones, si se quieren, pintorescas, fundamentalmente, el ensamble Multipiano toca maravillosamente bien.
A lo largo de poco más de una hora, conformando distintos tipos de ensambles, los cuatro pianistas conmocionaron con interpretaciones refinadas, potentes, ajustadas a estilo y con una pureza técnica y camarística admirables. Impecables, pasaron Vals y Romanza para piano a seis manos, de Rachmaninov, una obra original, una muy buena y rozagante interpretación de una suite de piezas del Cascanueces, de Tchaikovsky, para dos pianos a cuatro manos, la versión para dos pianos que el mismo Poulenc hizo de su Concierto para dos pianos y orquesta, excelentemente bien tocada por Lev y Borovitzky, y, por supuesto, obras para dos pianos a ocho manos, una adaptación del ricercare a seis voces de La ofrenda musical, de Bach, y la Sonata en Mi menor en un movimiento, de Smetana.
Después de su periplo sudamericano, restan dos conciertos de Multipiano en Buenos Aires. Este viernes, a las 19, con entrada libre y gratuita, en el auditorio de Radio Nacional, Maipú 555, con transmisión en vivo por Radio Nacional Clásica (FM 96.7), y el lunes, a las 20, en el Templo Amijai, Arribeños 2355. Dos pianos, ocho manos, cuarenta dedos y toda la música. Una invitación extrañísima y difícil de rechazar.





