Orozco-Barrientos: sonido cuyano y universal
El signo universal de Orozco-Barrientos se comprende rápidamente cuando se escucha una canción como "Carasucia", que propone un beat global para una historia sobre el derrotero de varias generaciones de cosecheros mendocinos. Otra vez, lo hicieron. Con el cuerpo de nuevas canciones que conforman su nuevo disco, Tinto, el dúo mendocino se pone a la vanguardia de una canción de raíz con sonido contemporáneo.
En esa visión compartida entre la querencia mendocina de tonadas, gatos y cuecas, y el ojo de un productor como Gustavo Santaolalla que les puso identidad global a las canciones de América latina, el disco encuentra su ritmo aldeano y universal. Tinto es la mejor cosecha del dúo (algo difícil de superar después del ramillete de sorprendentes canciones que habían ofrecido en Celador de sueños, de 2004, y Pulpa , de 2008) porque promueve nuevas formas de escuchar la música de raíz y ensanchar sus límites.
Los tópicos del dúo no han cambiado -el vino, las fábulas urbanas, la psicodelia del desierto, el amor, el paisaje humano y social, y las canciones para el fogón-, pero en este disco la apuesta es más fuerte. La concepción estética de lo cuyano aparece en el título del disco -Tinto-, que también hace un guiño cómplice a la cofradía rockera que conoce el Á lbum blanco, de Los Beatles.
No se trata de un juego irónico, sino de un espacio de reinvención del lugar que pueden ocupar las canciones cuyanas en el mundo pop(ular) y en las radios. Sólo hace falta darle un par de "sorbos" a este disco para descubrir el sabor de sus 16 canciones: un sonido que puede sorprender al más escéptico de los tonaderos, altamente sofisticado para cualquier melómano y brutalmente contagioso para los seguidores del rock iniciático de los sesenta.
Más tradicionalmente cuyano y salvaje que nunca, el dúo se apoya en un espíritu abierto, experimental y desprejuiciado en lo musical. La inclusión de una frecuencia más rockera y un espíritu sixtie en temas como "Chilenitas"; los aires latinoamericanos del cuatro en "Pelota de trapo" o "Pa' las catitas", y la inconfundible marca de identidad en el toque de las guitarras cuyanas en "Tranquilo compadre" o "Tordo viejo", se complementan con las potentes imágenes y el sarcasmo de Barrientos: " Te mata un chorro, un policía, mata el hambre, mata el sida, las pastillas de mi abuela, o un gobierno o un mal día, y la humedad mamita mía ".
El repertorio de canciones propias dialoga en este disco con la memoria popular y anónima. Entonces, aparecen himnos generacionales de Félix Dardo Palorma (el "maestro Yoda" de la música cuyana), junto a recopilaciones de Alberto Rodríguez (compañero de época de Ricardo Rojas y Chazarreta) como "Quien te amaba ya se va" y el motivo anónimo "Tonada del arbolito" que, con su aire de fogón de amanecer, es el final perfecto para el disco.
El funcionamiento creativo y simbiótico de la música de Tilín Orozco y la poética de Fernando Barrientos es milagroso y sólo se produce en contadas ocasiones con tanta efectividad y belleza como en grandes duplas del género con Leguizamón-Castilla a la cabeza. Tilín, en guitarra, y Barrientos, en voz, con el acompañamiento de músicos, como Federico Chavero, Ricardo Vaccari, Gabriel Orozco, Raúl Reynoso y Sergio Martínez, ligan esos elementos que componen el ecléctico universo cuyano, que incluye la sátira, el humor, el comentario social, las aguafuertes urbanas, la filosofía del peón de campo, y la resaca y algarabía peñeras.
El tratamiento del audio es central en este disco de proyección de la música cuyana al mundo y que podría generar la misma expectativa que despertó el último disco de Café Tacuba. La mano de la dupla Santaolalla y Aníbal Kerpel (con Tilín como ladero) realza la belleza austera de la tonada "Sola espera", le aporta claridad beatle al himno "El amor puede salvar", psicodelia a "Coplita al viento", o power eléctrico a "Chilenitas", en la que Barrientos parece poseído por el espíritu náufrago de Moris en "Rebelde".
En los gatos y cuecas, hay mucho rocanrol, en esos riffs finales y en los veloces punteos. La prueba es la versión de "La refranera", de Palorma, que vuela sobre un groove pesado de guitarras y guitarrones y un toque picado, como si fuera el mismo Pappo el que estuviera disfrutando de una peña entre viñateros. La letra, compuesta en los años cuarenta, lo dice todo: " Que es eso que llaman agua, descolorida y sin gusto. Dicen que es para las guagas y las mujeres con susto. (...) Buen vino hace buena sangre, me dijo una viñadora. Yo tomo pa' ahogar las penas, mis penas son nadadoras ".
El disco, que podría ser fundante para el dúo como lo fue para los Beatles el Á lbum blanco, logra un trabajo conceptual muy cerrado alrededor de la revalorización del sonido cuyano, pero llevándolo más allá de los límites geográficos. Grabado entre los estudios Fader de Mendoza y Los Ángeles, Tinto es un producto de exportación, como lo son los vinos de la región. Pero la clave es que todo pasa alrededor de las canciones y los climas que sugieren. Y eso es lo que hace que, al escucharlo, uno se pueda sentir como si estuviera con Orozco-Barrientos, compartiendo una fiesta o una serenata, con un vino de por medio.
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