Para bien o para mal, Interpol no se parece a nadie
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Recital del grupo norteamericano Interpol , para presentar su último álbum, Our Love To Admire. Paul Banks, guitarra y voz; Carlos Dengler, bajo; Daniel Kessler, guitarra; Sam Fogarino, batería; Frederic Blasco, teclados. En el teatro Gran Rex, el último sábado.
Nuestra opinión: bueno
Desde que en el alba de esta década Interpol tomó cierta notoriedad en la escena neoyorquina, se ha dicho de ellos, una y otra vez, "que se parecen a" una infinidad de grupos, casi todos ellos surgidos de la movida postpunk. Aunque luego de su paso por Buenos Aires, el último fin de semana y como parte de su primera gira sudamericana, la banda dejó expuesto sobre el escenario del Gran Rex que, paradójicamente, no es lo que parece y que ni siquiera se parece a lo que es.
Ahí está Paul Banks, a quien desde hace unos años se lo escucha cantar con voz desgarradora buena parte de los versos más oscuros de su generación, parado bien al frente, de riguroso negro, casi sin despeinarse a lo largo de todo el concierto. ¿De verdad, este joven ha sufrido tanto como lo acreditan sus canciones? No lo parece, por cierto. De todas formas, en él, en su voz singular, se apoya la música de Interpol. Y lo bien que hace, porque, aunque cualquier desprevenido podría confundirlo con algún cantante recién horneado en American Idol -el muchacho ni transpira siquiera-, Banks sacude los prejuicios con una de las mejores voces que pueda encontrarse en el rock actual.
Por otra parte, cuando uno hubiera apostado a que ésta era una banda que en vivo transita por el borde del abismo, en búsqueda del riesgo escénico, lo cierto es que el cuarteto devenido quinteto con la suma de un tecladista, no da lugar al error. Interpol es una máquina ajustada de manera obsesiva, que incluso sin interactuar visualmente suena compacta, sólida, por momentos avasallante. En algunas canciones hacen de ello una virtud; en otras, una postal repetida.
No todo es como debería ser en Interpol. Si hasta suenan británicos por donde se los escuche (en parte gracias a un bajista de la escuela de Simon Gallup, que logra unir a sus compañeros con adictivas líneas melódicas).
Desde el climático comienzo con "Pioneer To The Falls" (de su álbum más reciente, Our Love To Admire ) hasta el poderoso cierre con "Stella Was a Diver and She Was Always Down" (de su debut discográfico, Turn On The Bright Lights ), la banda deambuló, entonces, entre lo que podría ser y lo que es, sin dejar demasiadas huellas detrás suyo.
Mientras Bauhaus vuelve a editar un álbum, tras 25 años de ausencia, The Cure comienza una nueva gira europea con expectativas desmesuradas, y Joy Division vuelve a ser culto entre jóvenes de sobretodo negro, gracias a un film centrado en Ian Curtis y a un compilado con lo mejor de la banda, Interpol se despega de cualquier tipo de comparaciones con méritos y falencias propias, al apostar por lo que es, pero resignando, en parte, su potencial al no jugar con el riesgo.


