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Cuando le preguntaron si haberse alejado de los riffs de guitarras característicos de los Arctic Monkeys era algo así como un gesto de "fuck you" a las expectativas de sus fans, Alex Turner no dudó. "Cada cosa tiene su momento y su lugar", le dijo a Rolling Stone tras la salida de Tranquility Base Hotel & Casino, el último disco de los monos. La decisión de alejarse del fuzz de AM (2013) para ir hacia la ciencia ficción y el pop barroco inspirado por Serge Gainsbourg y Scott Walker inauguró una nueva etapa en la carrera de la banda, por lo cual llegarán reconfigurados a su cuarta visita al país.
Entre los arreglos orquestales intrincados de los nuevos temas, Turner se suelta como un crooner de salón, lejos de la bravura rockabilly de años anteriores y más en sintonía con las ideas de su proyecto paralelo, The Last Shadow Puppets. De hecho, inicialmente se barajó la posibilidad de que Tranquility Base Hotel & Casino fuera un disco solista del cantante, quien comenzó con los primeros bocetos en la intimidad de su casa de Los Ángeles, detrás de un piano Steinway Vertegrand (regalo de su manager), que "me sugirió esta idea de un lounge con personajes que quizás no habrían aparecido si yo hubiera compuesto con la guitarra".
Esa estética a la vez sobrenatural y elegante es la que los Arctic Monkeys les impregnaron tanto a sus últimos videos como a la puesta en escena de su show actual. "La ciencia ficción crea nuevos mundos que te permiten reflexionar sobre el mundo real", dice Turner. "Esa es la idea que más me interesa."
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