
1 minuto de lectura'


Gordon Raphael acaba de desbloquear un nuevo nivel de argentinidad: este año se hizo fan del Flaco. "Cada músico argentino con el que trabajé se aseguró de que escuche a Sumo, Charly García, Cerati... Y me gustaron todos, pero lo que más me gustó fue el rock progresivo de Spinetta, con los sintetizadores y las métricas locas. Es lo que más me habla a mí porque soy un gran fanático del prog rock británico. Lo escuché hace dos meses nomás y fue como volver a conocer mi música favorita en una forma distinta. Muy emocionante".
El productor de los dos primeros discos de los Strokes, Is This It? (2001) y Room on Fire (2003), aquellos que le devolvieron la onda al rock después de la depresión del nu metal, no vive en la Argentina pero casi. Vino en 2007 a dar una charla y desde ese momento no para de volver, ya sea para trabajar con bandas de acá (su último pollo local es Rocco Posca, de quien dijo que "representa el futuro del rock") como para encarar sus propios proyectos. Con músicos argentinos grabó Sleep on the Radio (2018), su debut como solista, y con el mismo grupo -bautizado The Wild Cards- lo está presentando por todo el país (después de tocar en Chile y Brasil, se presenta en Formosa el 28 de este mes, en Casa Colombo del Abasto el 1 de noviembre, en Morón el 2 y Adrogué el 3). ¿Qué lo sedujo? Primero, el paisaje palermitano, y luego nuestra pasión por el rock de raíces bluseras.
¿Hay un modo argentino de tocar?
Algo de lo que me estoy dando cuenta al andar por el mundo es que cuando quiero tocar rocanrol, los músicos argentinos lo hacen seriamente, como si su vida dependiera de ello. En otras culturas, cuando toco rocanrol con otra gente, lo hacen con una sonrisita, como si fuera algo que solía ser popular pero ya no, así que es un poco bobo para ellos tocarlo. Es tan viejo y fuera de moda. Así que para mí venir a la Argentina es volver a tocar con gente que cree en el rock tanto como yo.
Tu disco se llama Sleep on the Radio [dormir en la radio]. ¿Se extraña el factor sorpresa de la radio en épocas de algoritmos?
Muchas de las grandes cosas que escuché, las escuché en la radio. Así que sí, creo que perdimos algunas formas de conocer cosas nuevas, y además no sé cómo funciona el algoritmo que dice "si te gusta esto te va a gustar esto otro". No conozco a mucha gente que diga "ah sí, de verdad entienden lo que me gusta". No es automático que si te gusta Roxy Music te vayan a gustar los Stooges porque tienen el mismo productor o tenían un miembro en común o una encuesta dice que son del mismo género. No sé cuán efectivo es ese algoritmo, pero por suerte hay estaciones de radio en todo el mundo que siguen pasando buena música. No sé cuáles serían en Argentina pero en Estados Unidos tenemos a KEXP, que cuando ando por allá pongo el Shazam al lado del parlante diez veces por hora para saber qué es eso que están pasando.
En el disco hay psicodelia, hay rock british, hay new wave. ¿Lo pensaste como un catálogo de lo que tenés adentro musicalmente?
Terminó siendo un catálogo porque tiene algunas de las canciones que más me gustan de las que escribí a lo largo de toda mi vida. Empezó como un proyecto en vivo con mi banda acá en Argentina, ellos dijeron "queremos tocar tus canciones" y dije "¡bien!". Elegí diez canciones que realmente me gustaban y eso era lo que tocábamos en vivo. Esto fue en 2014. Entonces dije: "Estos temas suenan tan bien en manos de estos músicos argentinos, sería un tonto si no entrara a un buen estudio a grabarlas". Tocamos canciones que compuse en los 80, en los 90, en los 00, en Nueva York, en Londres, en Berlín. Así que es una historia de mi evolución musical. Hay muchos estilos y todos se unen con mi extraño sentido de la composición.
¿Es mito o realidad eso de que los productores tienen fórmulas para hacer hits?
Tendría que decirte que no tengo idea de cómo funciona eso. O sea: hay hasta algoritmos que pueden detectar cómo escribir hits, pero lo último que puedo entender es por qué a la gente le gusta una canción. Soy un productor que escucha a los músicos y trata de entender cómo suenan y qué quieren. Otros productores conocen a diez personas en radios y sellos y saben exactamente qué tempo, qué cortes de pelo y qué vestuario necesitan las bandas para satisfacer a esas personas. Hay mucha plata de por medio si lográs que te firme Sony o si entrás a un programa de TV, pero yo no tengo idea de cómo se hace eso.
Quizás sea algo más del pop...
Hace unos años decidí salir de la burbuja y entrar al chart de Billboard a ver cuáles eran las canciones más populares. Podías escuchar las canciones, y de las cinco primeras, cuatro tenían las mismas voces con autotune. No importaba si era un hombre, una mujer, lo que sea: todas tenían el mismo sonido de voz. Y tres de las canciones tenían las palabras "bad" y "bitch". Cuando todo tiene el mismo sonido y las mismas palabras, para mí eso no es arte. No encontrás cinco pintores que pinten exactamente lo mismo. Es sólo imitación comercial.
¿Qué creés que tenían los Strokes que venía faltando en la escena? ¿Por qué pegaron así?
Sé la respuesta a esa pregunta sólo porque mil pibes en todas partes del mundo me lo dijeron. Cuando conozco a alguien a alguien joven en Mallorca, en México, en Nueva York o donde sea, siempre me dicen "eh, gracias por los Strokes. Antes de eso el rock era muy aburrido. Mis hermanos y mis padres lo escuchaban pero yo no me podía relacionar con eso. Pero la manera en la que sonaba el disco de los Strokes me hizo cambiar de opinión y me hizo armar mi propia banda". Así que presentaron la música rock en un estilo visual y sonoro que le habló a una generación entera de chicos a los que no les gustaba el rock, o más bien lo odiaban porque era la música de sus padres. Algo en la composición, en la producción y en la imagen que atrajo a los jóvenes.
El rock mainstream era el nu metal por aquellos años. Ellos rompieron con la pose triste.
Cuando entraron a mi estudio la primera vez me dijeron: "Cualquier cosa que esté pasando ahora: eso es lo que no queremos". Fue una gran pista. Y yo dije: "Lo que no está pasando es que una banda toque sus temas y nosotros lo grabemos". Eso, en vez de producir montañas de 200 kilómetros de sonido. Ellos tocaron sus temas, yo puse unos micrófonos y eso fue el disco. Un sonido bastante crudo pero también muy controlado, porque podés escuchar cada instrumento claramente, cada palabra. Hay un equilibrio muy interesante entre caos y orden.





