Profundidad en la voz de Buika

La intérprete mallorquina presentó en su visita a Buenos Aires el CD El último trago , junto con su grupo
Mauro Apicella
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14 de diciembre de 2009  

Concha Buika. La cantante mallorquina presentó el disco El último trago, de homenaje a Chavela Vargas. Con Iván "Melón" Lewis, piano; Danny Noel, contrabajo, y Fernando Favier, percusión. El jueves, en el teatro Gran Rex.

Nuestra opinión: muy bueno.

A veces el exotismo se confunde con la originalidad. La cantante Concha Buika no es original, es talentosa, temperamental e intensa sobre el escenario (pura extraversión) y sabe utilizar el exotismo. Es una morena mallorquina de parientes africanos, de ojos rasgados como un felino, de voz áspera y entonación de cante flamenco. Ese es su exotismo; el que cautiva a tanta gente a primera vista y en la primera escucha, aunque lo que cante, en definitiva, no sea original ni novedoso. Y ese tipo de matrimonio entre la voz y el piano ya se escuchó varias veces, incluso hay casos que llamaron la atención durante la última década. A mediados de los noventa, Martirio dejaba, casi en susurros, Coplas de madrugá, mixturadas con el magistral piano jazzístico de Chano Domínguez. Y casi al mismo tiempo que Buika se iba haciendo famosa, otro cantante, Diego "El Cigala", transitaba por ese puente de música del Caribe, especialmente la romántica, lenta o a medio tempo, como el bolero, con su voz de quejido flamenco y en compañía de una leyenda del piano, Bebo Valdés. El Cigala y Buika fueron fichados en la factoría musical del productor Javier Limón, quien ahora disfruta de los buenos resultados de sus producciones, siempre hechas con muy buen gusto.

Es probable que quienes escucharon hace un par de meses en el teatro Gran Rex a "El Cigala", o en visitas anteriores a Buenos Aires, piensen que el cantaor sigue apostando a una fórmula. Y si fueron a ver a la cantante Buika habrán pensado que se trataba de algo muy similar. Es probable que lo sea. Esa sensación dejó cuando se escucharon algunos tangos o cuando sonó el resto del repertorio que trajo. El último disco de Buika, El último trago , a modo de homenaje a Chavela Vargas, grabado con Chucho Valdés al piano, tiene esa canción romántica desgarrada; y suena con ese vozarrón de la mallorquina, acompañada de un trío de percusión, contrabajo y piano, que pasea por músicas del Caribe.

Buika llegó el último jueves al escenario del teatro Gran Rex, cantó durante un par de horas y se retiró ovacionada por el público. ¿Por qué? No por lo exótico en sí, porque eso terminará siendo anecdótico; tampoco por la originalidad, ya que, como se dijo, no es original su propuesta. Buika se fue ovacionada porque dejó el alma en cada canción. Sabe capitalizar sus incorrecciones vocales; las pone a su favor, las usa como gestos que tienen más que ver con la intérprete profunda que lleva dentro que con una cantante de buenos modos. Por eso, cuando canta se mete a la platea en el bolsillo.

Eso fue lo que hizo en esta visita a Buenos Aires, con toda su extraversión hablada y cantada, con esa intensidad visceral, con candidez y con picardía, todo en un mismo recital. Con esos momentos brillantes en grupo o apenas acompañada por su pianista ("Luz de luna", "El último trago", "Las ciudades" y la exquisita "Volverás", de Javier Limón), o casi a capella, para el bis "Ojos verdes". También se ganó al público con el repertorio rioplatense ("Volver" y "Nostalgias", aunque la primera sonó con cierta crispación y la otra, un poco atolondrada). Lo más personal de Buika es lo que sale de lo hondo de su voz y esa capacidad que tiene para cautivar a un público que no dudó en ponerse de pie, varias veces, para aplaudirla.

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