“¿Recuerdan la primera vez?”: con un show arrollador, Pulp volvió a demostrar que la tercera vía del Britpop es la que mejor resiste el paso del tiempo
La banda de Sheffield se presentó por tercera vez en la Argentina donde estrenó su nuevo álbum y recorrió todos sus éxitos
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Jarvis Cocker tenía un plan para conquistar el mundo. Lo sabía desde la adolescencia, cuando en un cuaderno anotó todos los elementos que debían conformar el universo de Pulp, nombre que tuvo en su cabeza desde el principio y que reprodujo en su libro Pop bueno, pop malo. Primero fue el look. La idea inicial contemplaba abrigos de lana, suéteres de cuello redondo, camisas sin estampado, pantalones ajustados y botas puntiagudas. El objetivo era “vestirse para incomodar”, como él mismo dijo. Más de cuatro décadas después, queda poco de esa estética. Anoche, con un saco de gamuza, una camisa marrón anaranjada y un pantalón de vestir, el frontman demostró que sigue siendo uno de los artistas con más clase que pueden verse sobre un escenario.
El punk le demostró que podía armar una banda sin saber demasiado de música y así salió al ruedo en 1978. Como se vio en el Movistar Arena, en vivo, el modelo 2026 de Pulp es un ensamble de nueve músicos, aunque en el centro están los miembros de la formación clásica que acompañan a Jarvis desde los 80: Candida Doyle en teclados, el baterista Nick Banks y el guitarrista Mark Webber (el bajista Steve Mackey falleció en 2023). Los cuatro tienen su momento estelar al inicio del segundo set del concierto con una versión despojada de “Something Changed” donde, con un guiño a su reciente Tiny Desk, recuerdan esos años formativos, cuando apenas eran una banda de culto tratando de trascender en el universo heterogéneo del post-punk. El Britpop, donde finalmente se ganaron su lugar en la historia, todavía no existía ni como concepto.

“Mi modo elegido de expresión artística es la música pop”, explica en su libro. Sin embargo, la otra enseñanza que le dejó el punk es que la música podía ser una herramienta para cambiar el mundo. “La banda se dará a conocer ante la mirada del público produciendo canciones pop, bastante convencionales, si bien algo excéntricas. Tras adquirir un estatus bien conocido y comercialmente exitoso, la banda podrá después comenzar a subvertir y reestructurar tanto la industria de la música como la música misma”. Así describió Cocker su Plan Maestro de Pulp. Aunque le llevó más de 15 años alcanzar la masividad, terminó funcionando. Quizás no pudo atacar al sistema desde adentro ni fue el Caballo de Troya que soñaba ser, pero sí logró elevar la vara de cómo tiene que ser el “pop bueno”, con melodías sofisticadas, letras agudas y sarcásticas sobre la vida cotidiana y la gente común y, sobre todo, una interpretación electrizante. Lo demostró en sus dos visitas anteriores y volvió a hacerlo ahora: Jarvis no canta las canciones, ellas se apoderan de él y las vive en carne propia, como en “This is hardcore”, en la que entona los primeros versos sentado en un sillón tomando un trago como un dandy, o en ”F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E”, que lo hace desde el piso sosteniendo el micrófono como si fuera a engullirlo. Como si se tratara de una obra de teatro, el cantante recurre a objetos para
que su actuación sea más contundente. En “Pink glove” se refriega la cara con un guante rosa, mientras que en “Underwear” arroja una bombacha al público. Cocker tiene una habilidad especial para ejecutar todos esos clichés sin perder en ningún momento la sensualidad. Lo mismo ocurre cuando se toma unos minutos para lanzar uvas al público e intentar atrapar una con la boca. Falla estrepitosamente, pero el glamour queda intacto.
Bajo la consigna “You deserve more” (“Te merecés más”), los de Sheffield se embarcaron en el desafío de hacer los conciertos más largos de su carrera. En dos horas y media recorrieron los mejores momentos de su discografía, poniendo el foco en el clásico Different Class, en algunos deep cuts -el viejo single “O.U. (Gone, Gone)”, la reciente “Begging for a change”, incluida en el disco benéfico HELP(2)- y en los temas de More, el excelente álbum que editaron en 2025, el primero en 24 años, que es el motivo principal de esta gira que los trajo nuevamente a Sudamérica.

Para lograr esta hazaña (vale la pena recordar que los miembros de Pulp rondan los 60 años), la banda dividió el concierto en dos sets. El primero va directo al grano con “Sorted for E’s & wizz”, “Disco 2000″ y “Spike island”, uno de los sencillos de More, y termina con “Sunrise”, del disco We love life, que presenta al amanecer como una nueva oportunidad para empezar de cero, mientras los músicos se sumergen en una coda épica en la que sus siluetas se van dibujando con el sol que se asoma desde el fondo del escenario. Como contrapunto, el concierto cierra con otro tema nuevo, “A Sunset”, sobre el atardecer, “algo que sucede todos los días” y que representa un final.
En el entretiempo entre ambos segmentos, al público le tocó elegir una de las canciones que sonarían esa noche. El método utilizado fue el de la ovación, sencillo pero efectivo, y la ganadora resultó “Lipgloss”, uno de los puntos más altos de His ‘N’ Hers. La perdedora fue “Tina”, otra canción de More, que Pulp al final decidió interpretar simplemente porque estaban en “Argen… Tina”.
Lo más sorprendente del plan maestro de Jarvis Cocker es que logró ejecutarlo a la perfección. “Tras darnos a conocer masivamente y ser amados por la población de nuestro país (y del mundo), Pulp procederá a ensanchar los límites de la música contemporánea”, escribió hace medio siglo. En 1995, Different Class los catapultó al podio del Britpop, casi al mismo nivel de popularidad que Blur y Oasis. Sin embargo, su norte siempre fue el pop, el “pop bueno”, aquel que, según el músico, hace más accesible a la cultura. Eso construyó Pulp en estos años, un repertorio de canciones pegadizas llenas de observaciones filosas sobre la vida cotidiana, el deseo y la condición humana. La combinación, concentrada en un recital de 150 minutos, termina siendo una experiencia reveladora que demuestra que la música del grupo, como el buen vino, sigue mejorando con el paso del tiempo.
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