Richard Coleman y el antiguo sueño de juntar a Gustavo Cerati con Skay que quedó trunco

Richard Coleman y Gustavo Cerati
Richard Coleman y Gustavo Cerati
Sebastián Ramos
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24 de julio de 2019  

"Gracias flaco, no lo soñé. Impresionante". La frase enmarca una foto de Richard Coleman y Skay Beilinson subida a Instagram el 10 de febrero, horas después del primer show de Coleman como integrante de Los Fakires, la banda del "Flaco". Una de las sorpresas del año para los amantes del rock de acá, que reúne en un mismo escenario a dos guitarristas emblemáticos del género y que probablemente sume uno de los capítulos más importantes de la conexión entre los universos "sonoros y sagrados" de Soda Stereo y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Coleman atraviesa uno de los tantos grandes momentos musicales que ha tenido su carrera en los últimos 35 años, con proyectos como Fricción a mediados de los años 80 y Los 7 Delfines en los 90, pero también con su guitarra al servicio de Charly García, en Las Ligas (circa 1986); grabando para Andrés Calamaro (1985) o componiendo junto a Gustavo Cerati, tanto en el germen de Soda Stereo, como en la última etapa de su vida (entre 2006 y 2009, en discos como Ahí vamos y Fuerza natural. Ahora, al frente de una banda sólida que lo acompaña desde 2011 y con la que grabó cuatro discos de estudio, Coleman aceptó subirse al tren del "Flaco", al menos durante este año.

"Un día estaba ensayando y me llamó Skay para preguntarme si me animaba a hacer las partes de guitarra de su show, porque tenía que tocar en Cosquín Rock y estaba sin guitarrista [Oscar Reyna dejó Los Fakires para dedicarse de lleno a su banda Atlanticus, que casualmente comparte con un excompañero de Coleman en Los Delfines, Ricky Sáenz Paz]".

Relacionado históricamente con el universo de Soda Stereo, en sus comienzos Richard pensó en ponerle un nombre caro a Los Redondos a su grupo Fricción
Relacionado históricamente con el universo de Soda Stereo, en sus comienzos Richard pensó en ponerle un nombre caro a Los Redondos a su grupo Fricción Fuente: LA NACION - Crédito: Leo Vaca / AFV

Coleman dice que durante dos semanas ensayó el repertorio como un chico, cuatro veces por semana, aprendiendo canciones totalmente desconocidas para él, buscando su voz dentro de una música ya armada. "La verdad es que se puso muy bueno y me siento muy cómodo. Hay algo muy lindo que pasa cuando se combinan las guitarras, cuando nos cruzamos por ahí en algún momento y veo que él también lo disfruta como yo, se lo ve feliz. Porque en definitiva yo estoy al servicio de su música, no vengo acá a hacerme el Coleman, je, je, je".

La relación entre ambos guitarristas viene desde mediados de los 80, cuando Skay y "La Negra" Poli fueron a un trasnochado show de Fricción en el palermitano Caras más Caras y los tres terminaron desayunando juntos en un bar de la avenida Córdoba. "Yo había visto tocar a los Redondos varias veces, en la época de La Esquina del Sol y también en el festival Pan Caliente. Me gustaba mucho lo que hacían y especialmente me gustaba mucho él. Cómo tocaba este quía. Siempre me gustó y me parecía que era un guitarrista único, uno de los grossos. De hecho, uno de los nombres que había pensado para Fricción era Mariposa Pontiac", recuerda quien fuera el primer cuarto Soda de la historia, allá por 1982, antes que la nave comandada por Cerati partiera oficialmente en formato trío.

El tiempo pasó y los cruces ocasionales en las noches porteñas entre Coleman y Skay terminaron finalmente, ya en 2010, con una idea "unificadora" en su cabeza: "Para mi primer disco solista, Siberian Country Club, yo quería que el solo final de 'Normal' lo hicieran mitad Gustavo y mitad él. Ese era mi gran plan, mi gran visión", dice sobre lo que hubiera sido el máximo choque entre los planetas Soda y Redondos. "Al final no pudimos coordinar las agendas y el solo lo hizo todo Gustavo y quedó buenísimo, obviamente, pero me había quedado con la espina".

Rockero de fina estampa
Rockero de fina estampa Fuente: LA NACION - Crédito: Leo Vaca / AFV

Para el álbum Incandescente (2016), Coleman volvió a invitar a Skay, quien esta vez pudo poner su guitarra en "Corre la voz" ("fue un momento muy emocionante, cómo compuso él, sentir cómo se iba metiendo en la canción y encontrándole algo que tenía pero que si no estaba él no iba a florecer") y un encuentro que lo tuvo a ambos como público, selló el destino. "Nos encontramos en el show de Television, en Vorterix, y lo termiamos viendo juntos en la consola. Estábamos como chicos, mirando cómo toca Tom Verlaine, que a los dos nos gustó mucho en su momento. Porque aunque él me lleva unos años de edad, creo que es como Charly García, tenemos un montón de influencias en común y Television es una de esas".

Me hace muy bien estar al servicio de la música de otro, pensar la música desde el instrumento y del aporte que puedo hacer. Después de lo de Gustavo, estar con Skay está buenísimo

-¿Tocar con Skay significa algo especial?

-Y, en un punto, mirando con los pibes que me ha tocado tocar, con Gustavo, con Charly, imaginate que me siento un tipo muy privilegiado. Es la otra parte de mi personalidad artística, que después de lo de Gustavo no la volví a ejercitar. Me hace muy bien estar al servicio de la música de otro, pensar la música desde el instrumento y del aporte que puedo hacer desde ahí. Después de lo de Gustavo, estar con Skay está buenísimo. Es una linda liga.

-¿Qué creés que te define como guitarrista para que músicos tan dispares quieran contar con vos?

-Yo no lo puedo describir, porque no lo entiendo, pero se ve que mi voz en el instrumento tiene algo... No sé, tiene algo muy honesto, nunca fui un virtuoso, nunca fui un sesionista de verdad, un tipo que puede tocar cualquier cosa que le pongan adelante. Yo soy un intérprete sobre el instrumento, me dan la canción y hay obligados que tengo que hacer, pero después por ahí aporto cosas inesperadas. Entiendo que es algo personal, que hay un sello, como una voz, una manera de tocar y un sonido que tengo que te gusta o no, pero que funciona en varios contextos, pasa algo. Que me hayan elegido para sostener esa música para que le llegue a la gente, está bueno.

El rock ha muerto... otra vez

Pero más allá de este atractivo nuevo capítulo como intérprete de las canciones de otros (la próxima parada junto a Los Fakires será el 27 de julio, en Pergamino), Coleman esta vez decidió no dejar de lado su proyecto personal, con el que sigue tocando aquí y allá y con el que prepara una fecha doble junto a Andrea Álvarez (31 de agosto, en Niceto Club), otra cantante, compositora y baterista que supo estar de uno y del otro lado de aquella grieta ochentosa entre Redondos y Soda Stereo (ver aparte).

"El show con Andrea se llama El rock ha muerto otra vez", cuenta y ríe Coleman. "Tenemos una relación de años, desde la época que ella tocó percusión con Soda. Cuando grabé Actual (disco en vivo de 2016) la invité a tocar y este año también la invité a cantar una canción de Robert Plant y Alison Krauss, en ese ciclo de shows íntimos que hago en febrero. Ahí quedamos que sí o sí este año teníamos que hacer algo juntos".

-¿Otra vez con eso de que el rock ha muerto?

-Bueno, es un chiste, sí, pero básicamente lo que yo entiendo es que el rock hoy no es ni representativo ni es la voz de una generación... por suerte. Porque el espíritu del rock consta en romper y hacer de nuevo algo. Para mí, la última vez que pasó eso, posiblemente por una cuestión generacional, fue con el punk y los 80. Pero me acuerdo que a principios de los 90, cuando estaba con Gamexane armando el proyecto de los Delfines, se hablaba otra vez de que el rock se había terminado, con la aparición de la Z 95, que era una radio de electrónica. De alguna manera me pareció que estaba pasando más o menos lo mismo, aunque al mismo tiempo me acordé de un peluquero que tenía en Los Ángeles, que era un tipo grande que tenía una cresta, un mohicano de cinco pelos, que me decía: "Desde que yo me hice esta cresta, ya estuvo de moda cuatro veces". Un poco todo eso se me vino a la mente y le dije a Andrea de hacer un show de rock, en el que decimos que el rock ha muerto y que bueno, muerto el rey, que viva el rey, y sigamos tocando. Al que le guste el rock, le va a gustar, y al que no, ya le va a llegar... je, je.

-¿Qué creés que tuvo la década del 80 que el rock argentino siempre parece volver a esos años?

- No sé, es todo tan subjetivo. Lo que te puedo decir es que para mí fue mi apertura al mundo. Salí del cascarón y me encontré con tanta música y las posibilidades de hacerla. No era algo inalcanzable agarrar la guitarra, formar una banda y salir a tocar. Yo lo tenía ahí, sabía que si laburaba y ensayaba y componía un par de canciones, con las ganas que tenía algo iba a pasar. Sabía que iba a pasar. Era una fe completamente idealista y con la energía que uno tiene a los 22 años. El grupo de músicos y jóvenes con los que nos juntábamos en esa época tenía una energía política, por el contexto, pero también una energía artística y cultural que coincidió con las ganas de hacer cosas de la juventud en general.

-Hace poco se cumplieron 40 años del primer álbum de Joy Division, puntal del post-punk británico, ¿Esos discos influyeron a la escena argentina de esos años?

-Yo soy post-punk, pero lo transité de otra manera. Lo primero que escuché de Joy Division fue el primer disco de New Order, el primer single, "Ceremony". La primera vez que escuché esa música y que me partió el bocho. Me acuerdo ese momento con un dejo de angustia. Era la primera tapa de Peter Saville que vi en mi vida, era una joya, una cosa hermosísima. Cuando puse ese disco en el living de mis viejos, fue como que se pobló de un ambiente muy especial, con esa voz que sonaba de fondo, que no era Ian Curtis, sino Sumner en su primer intento vocal. Ahí todavía eran Joy Division. Después cuando escuché New Order de verdad, ya habían cambiado, para bien obviamente. A mí la influencia me había pasado por otro lado, por Pornography o Faith, de The Cure. Ese post-punk oscuro fue lo que más me influyó. Creo que hay más un mito con Joy Division, un cliché acerca de su influencia acá.

-¿Está trabajando en un disco nuevo?

-Disco nuevo no, pero lo que sale dentro de poco es una suerte de continuación de A Song is a Song, con canciones en inglés, que son un poco el "otro" Coleman. En esos shows acústicos en los que hago una revisión del repertorio y meto bastantes covers, estoy haciendo una versión de "In Bloom", de Nirvana, pero que remite más a un cover que grabó un cantante de country-rock reventado, que se llama Sturgill Simpson, que es un artista excelente.El tema, que es medio country pero con una oscuridad que no tiene el original, me removió todo lo que me gusta de Johnny Cash y esa onda y entonces grabé una versión de la versión que ahora Ultrapop lo va a sacar como simple.

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