
Riqueza musical en la ópera "Tlausicalpán"
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Estreno mundial de la fábula lírica "Tlausicalpán o el descubrimiento de Europa" , de Ernesto Mastronardi. Libreto: Jorge Pérez Fernández, basado en "Los indios estaban cabreros", de Agustín Cuzzani. Elenco: Mónica Sardi, Marcela Pichot, María Bugallo, Vanesa Mautner, Graciela Oddono, Susana Moreno, Carlos Duarte, Alejandro Di Nardo, Norberto Marcos, Pablo Pollitzer, Manuel Núñez Camelino, Sebastián Sorarrain, Gabrile Centeno, Carlos Iaquinta, Oreste Chlopecki, Osvaldo Peroni, Osvaldo Ledesma, Ricardo Ortale y Ricardo Franco. Director de escena: Carlos Branca. Director de coro: Luis Clemente. Escenografía y vestuario: Sergio Massa. Iluminación: Raúl Bongiorno. Coreografía: Sabrina Streiff. Orquesta y coro estables. Concertación general: Bruno D´Astoli. En el Teatro Argentino de La Plata.
Nuestra opinión: muy bueno
La apreciación y la valoración de una obra musical que se escucha en primera audición es un tema delicado y hasta complejo. Sólo es posible manifestar las sensaciones que ha provocado la experiencia, y en este caso, con el estreno de una nueva obra para la escena lírica de Ernesto Mastronardi, se tuvo la impresión de haber escuchado una composición de gran enjundia, admirablemente bien escrita, plena de detalles e ideas musicales de refinada sonoridad, producto de una orquestación ideal para crear sugerentes imágenes.
Así, por ejemplo, desde la primera escena, la música nos remite al sonido arcaico indígena americano en razón de que la acción transcurre en Yucatán en la época azteca. Luego evoca en un breve interludio una travesía por el océano hasta que surge el colorido sonoro que nos pinta la costa andaluza en la época de Isabel la Católica y Fernando.
Además, el compositor no se detiene para mantener un lenguaje uniforme, sino que va sumando matices de enorme riqueza hasta lograr un verdadero fresco de sonidos, donde abundan pasajes de gran inspiración melódica, un perfecto equilibrio de las voces solistas con la orquesta, momentos corales de singular importancia y una muy bien regulada alternancia de arias, dúos y conjuntos provenientes de la más pura tradición lírica.
La primera impresión es que la música es uno de los pilares de la obra y que la acción escénica, la historia en sí, asegura la posibilidad de una permanente recreación en cuanto a la forma de mostrarla desde el punto de vista teatral. De más está decir que el contenido profundo transita por ese ríspido camino de analizar el choque y asimilación de la cultura occidental y su difusión en América.
Asimismo, cada escena, y según la situación dramática, deja escuchar una música descriptiva que incluye ritmos contagiosos, como en el caso de los corales femeninos de las lavanderas, o de inusitada grandeza, como en la escena del juicio eclesiástico evocando el palacio real. Por fortuna, para ofrecer una versión fiel a tanta riqueza sonora, se contó con una concertación musical de gran calidad a partir de la pulcritud de la batuta de Bruno D´Astoli, de inocultable empeño para ser respetuoso traductor de los ideales del creador que han apuntado a una yuxtaposición de sonoridades hispánicas y americanas a lo largo de toda la obra.
Para ello, el director contó con la magnífica colaboración del coro del Argentino, preparado con la habitual seriedad de Luis Clemente, que logró justeza, equilibrio y empaste tanto en escenas internas como con el coro en escena. Asimismo, fue muy eficiente la labor del cuadro idóneo de cantantes, numeroso por cierto, entre los que cabe señalar con partes acaso algo más protagónicas al tenor Carlos Duarte como Tupa, el príncipe indígena rebelde; a la soprano Graciela Oddone como Isabel la Católica, de porte ideal para el rol y musicalidad; a la pareja joven de enamorados Mariceleste, encarnada por Susana Moreno, y Teuche, creado por Mónica Sardi, con gran desenvoltura y aplomo.
Del mismo modo fueron muy positivos Alejandro Di Nardo, como Tonatio, y Norberto Marcos, Gabriel Centeno, Osvaldo Peroni, Oreste Chlopecki, Osvaldo Ledesma y Carlos Iaquinta, que actuaron en dos diferentes personajes con mucha desenvoltura en escena y seguridad musical. Un párrafo aparte merece la labor del barítono Ricardo Ortale, que creó con particular eficacia el personaje de Don Ciro, quedando en evidencia una total recuperación en relación con su reciente actuación como Scarpia. Las atractivas María Bugallo y Vanesa Mautner se destacaron por su delicada musicalidad, y Osvaldo Peroni, por su sobriedad, en tanto que Pablo Pollitzer, Sebastián Sorarrain y Osvaldo Ledesma cumplieron una atinada labor.
La puesta en escena
En relación con la puesta, fue más que evidente que Carlos Branca trabajó a destajo con empeño y no poco talento, en especial al observar tanta eficacia en el manejo de actores, como en las ideas de desplazamiento y soluciones visuales sin descuidar el aspecto estético, entre cuyos mayores logros ha de figurar el clima precolombino e hispánico de toda la representación.
También fue atinado el uso de la iluminación como elemento de sugestión, a cargo de Raúl Bongiorno, sobre un marco escénico de Sergio Massa donde asimismo se observaron ideas y recursos sintéticos, pero muy efectivos, como del mismo modo se observó una coreografía de Sabrina Streiff, interpretada por un grácil conjunto de singular plasticidad y encanto.
Dejando de lado que una mayor cantidad de ensayos hubieran favorecido el mayor grado de excelencia, el arte lírico nacional se ha enriquecido con el aporte de Ernesto Mastronardi, y el Teatro Argentino de La Plata mostró que está capacitado para concretar contribuciones de fuste.
Nuevas funciones, el domingo, a las 17, y el martes 15 y el jueves 17, a las 20.30.
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