
Rocanrol para toda la familia
Seismil personas disfrutaron de las cancionesde los hermanos Sardelli
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Luna Park, 16.30: una decena de niñas y adolescentes están aferradas a las rejas negras que las separan de la entrada del estadio. Si no fuera por las vinchas, las remeras y las banderas, se podría pensar que lo que esperan es entrar a un espectáculo acorde a su edad. Pero no: ellas van a rugir rock n roll, específicamente el del grupo teen Airbag, que anteayer tocó por primera vez en el Luna Park.
19: "Guido [uno de los integrantes de la banda] es un bebe de lindo", se le escucha decir a una adolescente que dialoga con otras cinco. Una de ellas, Gisela, de 16 años, intenta explicar el porqué de su devoción por el grupo: "No hacen apología de nada malo. Si hasta le compusieron un tema a su madre". Frente a ella está Valeria, de 17 años. "Vinimos a las 13 [el recital comenzó a las 20.30] para verlos, y en una distracción entraron sin que nos diéramos cuenta", explica.
19.30: Natalia Alvarez está esperando entrar. Ella es presidenta del club de fans de Airbag en Bahía Blanca, desde donde viajó nueve horas en colectivo para ver actuar a los hermanos Sardelli, Gastón, de 22 años, Patricio, de 20, y Guido, de 17. Ninguna de las 20 chicas que todos los sábados a la tarde se juntan en su casa a escuchar los temas de Airbag la acompañó.
20: a Sara de Chiratt se la ve preocupada al dejar que su hijo Agustín, de 8 años, entre al recital con su hermana Carolina, de 16. Sara trata de que la preocupación no se le note porque quiere darle ese gusto a su hijo, tan motivado con su música que está aprendiendo a tocar la batería. Su marido, Marcelo, sabe que no hay nada que temer. "El ambiente es muy familiar", dice. Y no queda más que mirar alrededor para darse cuenta de que las madres llevan de la mano a sus hijos o de cómo una abuela, que descansa sobre una pared, espera que su hija y sus nietos hagan la cola para entrar.
"Rock and roll para todos es lo que hacemos", dice Guido a LA NACION, en el camarín, junto a sus dos hermanos, momentos antes de salir a escena.
20.15: Diego, de 20 años, lleva tomados de las manos a sus hermanos, Brenda, de 10, y Cristián, de 12. Diego es un rockero de ley, de esos que escuchan heavy metal. Y no es necesario que lo diga: su campera de estilo militar tiene las estampas de bandas como V8 y Malón; el pelo azabache le llega hasta debajo de los omóplatos y no sale sin sus anteojos para sol. "A mí me «recabe» Airbag", cuenta este hombre, que tiene varias horas de recitales vividas.
Twist y gritos
20.35: cae el telón. Se encienden las luces y aparecen ellos. "¡Ah!". El grito es agudo, intenso, largo y retumba en las paredes. Es el grito de las fans, que multiplicado por miles de ellas, va a acompañar las más de dos horas de recital. Parece como si compitieran por ver quién es la primera que se queda afónica. Los gritos aparecen a veces sin motivo aparente: el caminar de uno de los integrantes por el escenario vale un alarido y el "Buenas noches, bienvenidos" bien merece otro. "Que Gastón muestre los brazos", comenta una admiradora desesperada a otra. La música suena mientras las adolescentes saltan como si tuvieran un resorte incorporado.
22.30: lo que las casi 6000 personas que ocupan el Luna Park esperan, llega al fin: el hit "Amor de verano". Pero las madres ya no lo disfrutan. Muchas de ellas están sentadas, con la mirada puesta en el infinito. Cuando empieza a sonar la canción, las fans se deshacen en gritos. Sí, esos que a esta altura ya son un instrumento musical más presente en el show. Si bien el público que presencia el recital de Airbag es principalmente femenino, se los ve a Ignacio Ridao Becker, de 17 años, y a Omar Spinella, de 20. "Me gusta la música, no ellos", aclara Ignacio para alejar todo prejuicio. Otros dos varones sacan fotos y dejan escapar, sin vergüenza, unas cuantas lágrimas de emoción.
22.50: después del bis del tema de su primer disco, "Quiero estar contigo", los Airbag se despiden. Afuera, algunos padres esperan que sus hijos salgan de este recital de rock en versión teen.


