
Rock con sabor mediterráneo
El cantante italiano se presenta esta noche en el Gran Rex
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"¡Qué bárbaro, qué bárbaro!" Del otro lado del teléfono, en la víspera de su llegada a Buenos Aires para presentarse hoy, en el Gran Rex, la voz de Zucchero suena deliberadamente argentina, tal vez con la idea de empezar a acostumbrarse al regreso a un país que siente tan cercano por razones que van mucho más allá de lo artístico. "Espero un bellísimo reencuentro con Buenos Aires. Recuerdo la última vez que canté allí, hace 8 años, en un lugar pequeño, muy lindo, con mucho calor de la gente", dice a propósito de la actuación en el hoy desaparecido local Dr. Jekyll, en Belgrano.
Poco después, el italiano más famoso en el mundo del rock y el pop internacional vivió más de un sinsabor ajeno al espectáculo en un vínculo con nuestro país que imaginaba siempre en clave positiva. "Es que soy una víctima más de eso que ustedes llamaron corralito. Hice algunas inversiones que terminaron de esa manera tan desagradable. No quise hacer juicio para recuperar lo perdido, preferí aceptar aquello que me ofrecieron. Tal vez debe ser porque siento que me une con ustedes algo inexplicable, mi amor por la Argentina es absolutamente espontáneo. Gente fantástica, con tantas ganas de vivir", dice con esa voz áspera que suele entonar en inglés o en español sus canciones más populares, pero que suena siempre mucho mejor en su idioma natal.
Este gesto lo lleva a anticipar que el concierto de esta noche no será tanto la presentación de su último y flamante disco ( Fly ), aunque promete interpretar en vivo cinco o seis temas de esa placa, y mucho más un paseo por los grandes éxitos de su carrera, de "Rispetto" a "(Overdose) d amore", de "Con le mani" a "Diavolo in me" y de "Madre dolcissima" a "Senza una donna", sin duda su canción más difundida entre nosotros.
También espera reencontrarse con Fito Páez, con quien compartió más de una grabación. "Es un gran amigo y nos llevamos muy bien. No olvidaré esas dos semanas que pasó en mi casa, en Toscana", dice.
Y no faltará en el concierto, promete, un tributo a su gran amigo Luciano Pavarotti, cuya voz grabada sonará en escena junto con la de Zucchero en "Miserere". La decepción y el dolor de la pérdida todavía resuenan en la voz del cantante toscano, nacido hace 52 años como Adelmo Fornaciari. "Luciano fue un hombre extraordinario, generoso como pocos. Esperaba que durante su funeral hubiese más gente de la que trabajó con él. Faltó sobre todo el mundo de la lírica. Además, me pone mal ver que todos los días se recurre a Luciano para los peores chismes. Es una muestra de cómo está Italia en este momento. El país anda muy mal. Se ha perdido la privacidad y todo parece manipulado", confiesa.
En contraposición, se muestra sorprendido por la creciente repercusión internacional de su trabajo. "Siempre pensé que tardaría mucho más en llegarme el éxito, pero en los últimos años he pegado un salto de popularidad. Esta gira mundial es la más larga que hice, con el 99 por ciento de las actuaciones con entradas agotadas, en Zurich, en Amsterdam, en el Carnegie Hall."
Promete un show intenso, respaldado por una banda en la que sobresalen el tecladista David Sancious y el bajista Polo Jones. "Me llevó ocho años -concluye- entender plenamente lo que hago, una mezcla de gospel, rock y rhythm & blues con un toque mediterráneo. Pero en Italia todavía me discuten, porque tengo la costumbre de decir la verdad. Será porque no hago una música típicamente italiana y tampoco típicamente anglosajona. La gira termina en diciembre, pero el año que viene la retomaremos y con toda seguridad vamos a volver a Buenos Aires."




