Sangre joven para el tango de los años 20
Jóvenes artistas de entre 20 y 40 años rescatan el repertorio marginal que floreció en las décadas del veinte y del treinta
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Las letras de tango que habían acompañado los años veinte y mediados de los treinta, el florecimiento, la crisis y la violencia de esas décadas, cayeron en desuso y pasaron a formar parte de una historia olvidada del género. La aparición de los poetas y las grandes orquestas postergaron ese tango primitivo, irónico, brutal, humorístico, sutil, carcelario y original, con letras que sintetizaban el espíritu lunfardo y el origen de una identidad mestiza. Durante mucho tiempo fueron marginadas. Actualmente, muchas de las nuevas propuestas que circulan en el ambiente tanguero y otros espacios alternativos exhuman aquellos tangos como forma de reconstruir una época y elaborar un nuevo lenguaje tanguero, que de tan primitivo suena novedoso.
“Con el tango es posible musicalizar o recrear cualquier sentimiento. Creo que hoy hay épocas del género que se ven con cierto estereotipo. Pero diría que la anterior a la del cuarenta, estaba en un estado muy puro. Era como el hierro candente o el diamante en bruto. Por eso le puedo dar forma a mi manera, es más maleable y desde ese lugar tengo más terreno para contar algo nuevo ”, grafica Daniel Melingo, que se volvió uno de los puntales de este regreso a las fuentes orilleras del género a partir de la aparición de su disco “Tangos bajos” y el sucesor “Ufa”, en colaboración con el poeta lunfardo Luis Alposta.
Muchos llegaron por caminos diferentes y cada uno se apropia del repertorio más cercano a su forma de sentir el tango y darle una impronta personal. La joven cantora Victoria Morán, que tiene dos materiales y participó del proyecto “Danza maligna”, es una de las voces más interesantes de esta camada. Con su estilo sencillo y original y tres guitarras, recurre a milongas, valses y tangos que habían quedado en el olvido. “Para mí esos tangos del veinte y el treinta hablaban de la pequeña realidad, como la señora que riega la vereda de su casa y otras que parecían no hablar de nada, pero retratan un mundo íntimo que es parte de la esencia del tango. Lo bueno es que para mucha gente resulta una novedad porque siempre se escuchan los mismos veinte tangos. En cambio, en mi repertorio trato de cantar lo que no hace nadie y por eso muchos suenan comos estrenos”, reconoce la intérprete, discípula del maestro Luis Cardei.
En esa misma línea, el trabajo inaugurado por Lidia Borda, en su primer disco, fue trascendental en la recuperación de todo este material invalorable. “Para mí fue la forma más auténtica de reconocerme en el tango original. En lo que dejaron todas esas cancionistas como parte importante de una época del tango. Y también fue desasnar mi ignorancia, porque yo venía del blues y entonces para aprender lo que era el tango decidí ir hasta el fondo de su historia y me di cuenta de que es riquísima. Pero el desafío no era quedarse ahí, sino seguir buscando un lenguaje que me represente y también nuevos temas que se adecuen a mi estilo interpretativo. No me interesa la moda del revisionismo como tal sino que sirva para aportar algo personal al género”, dice esta cantora, que ahora integra el elenco de “Tanguera”, en el teatro Nacional.
Para el grupo 34 Puñaladas la apuesta es más radical. Esta formación de un cantor y cuatro guitarras se conecta con la zona más oscura de esa época lunfarda, ahondando en una corriente de apología tanguera a la droga, la misoginia, las mujeres de avería, el robo, la pequeña realidad del barrio y los amores contrariados. Buceando en ese repertorio, o tomándolo como piloto para formar su propio estilo, vuelven a exhumar canciones que sólo se atrevió a reinvindicar un icono como Edmundo Rivero, una de las voces que mejor encarnó ese estilo.
“Cuando nosotros elegimos este repertorio lunfardo y carcelario lo tratamos de encarar como un acto de provocación. Porque nos gusta esa etapa de incorrección política del tango que en sus letras defendía a los que les robaban a los ricos para dárselo a los pobres. A la vez, notamos que toda esa zona marginal que aparece en las letras tiene un paralelo con nuestra realidad. En cierta forma rescatamos esa carga ideológica, esa violencia y esa dignidad anarquista que pintó una época en crisis, que también era mundial. Ahora, además atravesamos por una de las peores crisis y, en este sentido, traer estas citas musicales tiene que ver con quienes somos hoy y qué queremos decir”, cuenta Nicolás Varchausky, arreglador y guitarrista del grupo que presentará su primer disco, “Tangos carcelarios”, el próximo martes 25, en el Teatro Alvear.
Entre las nuevas expresiones están los que tomaron el lunfardo y la forma de escribir manteniendo la ironía y dieron forma a nuevos tangos como el caso de la pianista y compositora Claudia Levy con su disco “Mentime más”. Allí se muestra con una temática femenina que toma de su admiración por Tita Merello. “Ella me parece muy valiente por varias razones: por la época en la que vivió y porque sin ser una buena cantante imprimió un sello muy personal. Es la figura arrabalera por excelencia, casi una rockera. Al principio de mi carrera como solista, la imitaba un poco. Por suerte después pude encontrar mi propio estilo, mezclando lo arrabalero con la sensualidad y lo moderno en mis letras”, reconoce Levy, que actuará en un Gallo para Esculapio, el fin de semana.
La tendencia revisionista fue también una forma de alimentar otros lenguajes escénicos. Para la actriz Cristina Banegas, que se apoderó de la fuerza escénica de las cancionistas del treinta y la poética lunfarda del veinte, fue una forma de elaborar un discurso nuevo que desarrolló tanto en el disco de tangos junto a Ubaldo De Lío (con autores como Celedonio Flores y Carlos de la Púa) como en su obra “La Morocha”. “Estudiar cómo canta Tita Merello, cómo pone su plexo solar o cómo pone su boca no implica hacer una parodia o una imitación. Significa trabajar sobre una imagen que es argentina. Profundamente argentina. Ahora podemos hacer una deconstrucción de esa estética muy interesante y de una identidad. Así como yo puedo reventar ciertas cosas de una manera más rocanrolera, ellas lo hacían en 1930, desde otro lugar”, explicó Banegas su postura revisionista.
Pero es Nicolás Varchausky del sugerente grupo 34 Puñaladas el que hace toda una apuesta desde lo teatral, la iluminación y el vestuario, quien reivindica esa vuelta al tango rante como un acto contracultural necesario en estos tiempos. “Hoy el tango no necesita más fieles o adeptos, sino herejes que lo piensen y hagan críticamente. Porque está como estancado, esperando que le claven un puñal y lo hagan sangrar un poco para que muera y renazca definitivamente.”
“Amablemente”
La encontró en el bulín y en otros brazos/Sin embargo, canchero y sin cabrearse/le dijo al gavilán: “El hombre no es culpable en estos casos”
Al quedarse solo con la mina/buscó las alpargatas y, ya listo,/le dijo cual sino hubiera visto: “Cebame un par de mates, Catalina”
La grela jaboneada le hizo caso/el tipo, saboreándose un buen faso/ la mateó, chamuyando de pavadas...
Y luego, besuqueándole la frente, con gran tranquilidad, amablemente, le fajó treinta y cuatro puñaladas
Poema de Iván Diez. Símbolo de esta corriente lunfarda que inmortalizó el cantor Edmundo Rivero.




