
Scala de Milán: inauguró la temporada con Aida, de Verdi
En una exitosa gala, el régisseur Franco Zeffirelli y el director Riccardo Chailly fueron ovacionados por un público que estuvo integrado por varias celebridades, artistas, mandatarios y políticos de todo el mundo
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MILAN.- Son casi las diez de la noche del jueves 7 de diciembre, fiesta de San Ambrosio, patrono de Milán, capital financiera de Italia. Acaba de caer el telón rojo sobre el escenario de la Scala, uno de los templos más famosos de la lírica mundial, y el público selecto de la gran noche de inauguración de la temporada, uno de los eventos musicales y mundanos más glamurosos del año, aplaudió furiosamente. "¡Bravi! ¡Bravi!", gritaron desde las primeras filas de la platea señoras elegantísimas.
Desde el escenario Franco Zeffirelli, que había prometido que ésta, la quinta y probablemente última Aida de su carrera, iba a ser la más espectacular de todas, con su esmoquin negro y bufanda de seda blanca, levantó sus manos triunfal, y saludó, emocionado hasta las lágrimas. Desde lo alto del teatro restaurado hace dos años, los melómanos, enloquecidos, le tiraron flores a él, que tiene 83 años magníficamente llevados, y al otro gran protagonista de la noche: el director milanés Riccardo Chailly, que acababa de superar la prueba de fuego que significó estar por primera vez en el podio de la Scala en la noche de gala de San Ambrosio, dirigiendo nada menos que a Aida . Los aplausos duraron 13 minutos, certificando el triunfo. Así culminó anteanoche la esperadísima inauguración de la temporada lírica de la Scala, donde tras 21 años de ausencia volvió a subir a escena la Aida de Giuseppe Verdi (1813-1901), con una puesta espectacular, al mejor estilo Hollywood, del famoso Franco Zeffirelli. El régisseur y cineasta en los últimos días había prometido a la prensa "la Aida de las Aidas", un "espectáculo que pasará a la historia", y así lo hizo, según pudo constatar LA NACION, único medio latinoamericano acreditado para la ocasión.
Para contar una vez más la dramática y exótica historia de Aida, la princesa-esclava etíope -interpretada por la imponente soprano lituana Violeta Urmana- que termina muriendo por amor junto a su amado, Radamés -Roberto Alagna-, Zeffirelli acudió a toda la pomposidad y fastuosidad que pudo imaginar.
Si bien justamente por esto recibió críticas de los expertos, que en su mayoría consideraron que "se le fue la mano" con una puesta "troppo" (demasiado) recargada, el director florentino famoso por su refinamiento, fue aclamado por el público, fascinado por una Aida faraónica, verdaderamente colosal.
La ópera -en su origen realizada para celebrar la inauguración del Canal de Suez, por lo que tuvo su estreno mundial en El Cairo el 24 de diciembre de 1871, y sucesivamente su estreno italiano en la Scala el 8 de febrero de 1872, con puesta en escena del mismo Verdi-, Zeffirelli se basó en el oro y el blanco, y batió todos los récords. Utilizó nada menos que 450 bellísimos trajes, 200 kilos de oro en polvo, 7000 metros de tuberías, por supuesto siempre doradas, 200 kilos de vidrio en resina, 40 metros cúbicos de madera, 20 metros cúbicos de poliéster y 200 kilos de cola vinílica. A través de los cuatro actos de la ópera, de hecho, pudieron verse inmensas columnas llenas de jeroglíficos, gigantescas cabezas de faraón, templos con escalinatas y un azulado desierto con el Nilo de fondo.
Con 350 personas en la escena triunfal del segundo acto, cuando Radamés vuelve de la batalla en la que doblegó a los etíopes, Zeffirelli también deleitó con imponentes efectos visuales, como cuatro hombres pájaro cayendo desde el cielo, así como los trompetistas. Entonces, fue ovacionado por el público el escultural bailarín italiano Roberto Bolle, que fue protagonista de un ballet "escandaloso", en el cual se lo veía totalmente desnudo, con tan sólo un taparrabos.
"Es lo máximo del kitsch, pero está muy bien, así tiene que ser en esta ópera", dijo a LA NACION en el entreacto el famoso semiólogo Umberto Eco, que en riguroso esmoquin -como todos los hombres-, aprovechaba la pausa para tomarse un whisky, con su inefable cigarro (apagado) en la mano.
"La verdad, a mí no me gusta esta puesta: ¡es demasiado hollywoodense!", confesó por su parte el famoso cantante italiano Lucio Dalla, también vestido de gala, con su tradicional arito de brillante en la oreja. Eco y Dalla no eran los únicos famosos de la noche. Entre los muchísimos VIP del mundo político y de las altas finanzas italianas, escoltados por decenas de guardaespaldas con auriculares y camperas de cuero, los paparazzi asediaron al actor Rupert Everett, que hizo de acompañante a la platinada (y demasiado operada) Donatella Versace, vestida con un traje largo celeste, y a la actriz francesa Fanny Ardant.
En el palco real, en tanto, estaban el premier Romano Prodi (que confesó que tuvo que adelgazar para entrar en su viejo esmoquin, y que era su primera vez en la Scala), junto a la canciller alemana, Angela Merkel, y la elegantísima alcaldesa de esta ciudad, Letizia Moratti.
Temporada 2007
Daniel Barenboim será el director de Tristán e Isolda
MILAN.- Será el gran maestro argentino, Daniel Barenboim, quien inaugurará la próxima temporada -el 7 de diciembre de 2007- con Tristán e Isolda, de Wagner, y Patrice Chéreau como director de escena.
Así lo reveló Stéphane Lissner, superintendente y director artístico del teatro, que no quiso revelar cuánto gastó para presentar la famosa ópera de Verdi. Si bien se calcula que hicieron falta más de 2 millones de euros para la faraónica Aida de Zeffirelli.




