
Tekis: cuando pase el temblor
Mamapacha , presentación del disco de Los Tekis. Con Mauro Coletti (vientos y coros), Sebastián López (voz y charango), Walter Sader (guitarras, percusión y coros), Juanjo Pestoni (percusión), Pipo Valdez (guitarras, vientos, bajo y coros), "Pucho" Ponche (bajo eléctrico). Anteanoche, en el ND/Ateneo.
Nuestra opinión: bueno
Se dice que los jujeños esperan todo el año para el tiempo del carnaval. Es el momento en que todos son iguales, blanqueados por la harina, entremezclados en perfume de albahaca y acullico de coca, embebidos en chicha de maíz y saratoga, bailando y desatando la alegría contenida durante el resto del año.
El último disco del grupo jujeño Los Tekis está rodeado de todo ese clima festivo y popular, de la nostalgia del pago y las realidades urbanas de los habitantes de la quebrada. Todo converge en un álbum que los muestra musicalmente maduros, alejados de esa estética más híbrida de los noventa, y donde encontraron en los ritmos de su región y en esa semejanza con el poderío de las bandas de sikuris y la actitud del rock una síntesis de su propuesta.
En la presentación del disco en Buenos Aires el grupo se encarga de transformar un concierto capitalino, con la frialdad de invierno de fondo, en un adelanto del febril carnaval jujeño en febrero. La comunidad de su provincia está presente. "Aguante el lobo", le grita al grupo una banda de aficionados vestidos con la camiseta de Gimnasia Esgrima de Jujuy desde la popular y Los Tekis responden a ese guiño regional -ubicados a unos 1800 kilómetros del pago- con una selección de carnavalitos, huaynos, tinkus, takiraris y sayas, que hacen temblar el teatro durante casi dos horas. El grupo irá calentando el ambiente. Comenzarán con los temas más profundos y de temática más introspectiva del disco Mamapacha como "Las manos del alfarero" (uno de los mejores del nuevo CD, por su sencilla profundidad), "Jilguero de flores" (con esa sonoridad más power de aires de tinku) y una muy buena versión del clásico "Doña Ubenza", de Chacho Echenique.
En ese camino reflexivo la banda asume su cruce entre lo regional y lo urbano, pero sin caer en el clisé pop, en el poderoso tinku "Sigue el cambalache", con la celebrada presencia de Rubén Patagonia, guitarras distorsionadas y una letra que es un alegato sobre el problema de las tierras.
De ese comienzo en el que la gente se mantiene sentada en sus butacas la banda pasará a esa sonoridad bien popular y para bailar, donde la influencia andina de Los Kjarkas, la polenta de los vientos, la fuerza de una base gorda, bien sayera y boliviana, se hace notar en una selección de carnavalitos que empuja la tracción de un grupo que no dejará sentar más a su público hasta el final del show.
La temática del carnaval alrededor de su último disco se impone con su toque local y también con esos ritmos y versos populares de inevitable alegría, que repercuten en el público, que tira papelitos al aire y hace sonar sus silbatos. Luego, la banda sorprende con una grabación en off sobre la ley de estupefacientes y la reglamentación que permite el uso de hoja de coca en todo el país, para dar paso a la canción de aires potosinos "Oro verde". Después llegarán takiraris con su toque local y melancólico como "No vuelvo a amar" o la más cumbiera "Llorar, llorar, llorar". Y es que en el tiempo del carnaval el baile es el protagonista.
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