Toda la música, en una colección
A partir de mañana, y cada quince días, un libro y dos CD, opcional con LA NACION
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Hay una diferencia cierta, clara y contundente en favor de esta colección de música clásica que, a partir de mañana y cada quince días, acompañará a LA NACION en comparación con cualquiera de las varias, más o menos similares, que hayan sido lanzadas en los últimos años. Para empezar, es la primera vez que una antología musical está prolijamente planificada, con un sólido orden cronológico e histórico. La presentación es lujosa, en libros de tapa dura, con artículos firmados, amplios y comprensibles, referidos a los períodos, los compositores, las obras incluidas y los intérpretes que las llevan adelante. En cuanto al diseño, abundan las ilustraciones, los cuadros y las tablas. Y al final, prendidos en el interior de la contratapa, los dos compactos.
Hay que señalar que los registros sonoros son de rigurosa actualidad y han sido obtenidos con técnicas digitales de grabación en los estudios y laboratorios de Deutsche Grammophon (DG), ciertamente, el sello discográfico más prestigioso en el campo de la música académica. Para aventar suspicacias y posibles dudas, en la primera página del libro, están consignadas las fechas y los lugares de grabación. Sin embargo, y mucho más allá de estas cuestiones que no son ni accesorias ni decorativas, sino que hacen a la calidad de un producto cultural, lo más destacado es el repertorio escogido y las interpretaciones. Hay que destacar que no pocos de los compactos que conforman la colección están todavía en vigor en el catálogo de DG.
En el par inaugural de CD, el de mañana, late la música de Antonio Vivaldi a través de dos tipos de interpretaciones tan paradigmáticas como antagónicas y que vienen conviviendo en un enfrentamiento constante y muy saludable desde hace varias décadas. Nos referimos a las lecturas románticas o atemporales, si es que este término tiene algún sentido dentro de la música, y la historicista, es decir, aquella que recurre a instrumentos de época y a modos interpretativos que se atienen a las prácticas propias del barroco.
El primer compacto incluye Las cuatro estaciones y tres conciertos de L Estro armonico, Op. 3 en la visión de Herbert von Karajan, al frente de la Filarmónica de Berlín. En el segundo, el English Concert, ese formidable ensamble historicista que Trevor Pinnock comandó durante décadas, toca conciertos de Vivaldi para diferentes instrumentos solistas. Obviamente, en ambos casos, el sonido es impecable, digital, y la música suena bella y poderosa. Y diferente.
La enumeración de los siguientes números de esta colección de Deutsche Grammophon no haría sino confirmar el estupendo nivel de calidad. Bach por Reinhard Goebel y Musica Antiqua Köln y, nuevamente, el English Concert. Después una selección de la música orquestal de Handel con la Orquesta de Cámara Orpheus y momentos escogidos de El Mesías con las voces solistas de Arleen Auger, Anne Sofie von Otter, Michael Chance y John Tomlinson, en un registro digital de 1988. Y así, la colección irá avanzando hasta el último volumen que estará dedicado, casi un milagro, a Bartok y Stravinsky.
Una buena historia de la música, una edición impecable a precio accesible ($ 29,90), una selección musical apropiada, las mejores interpretaciones y el manto protector de Deutsche Grammophon conforman una alianza que se revela irresistible.



