
Tom Zé, brujo de la aldea global
Tomado como referente por las nuevas generaciones, el músico brasileño que con Caetano Veloso y Gilberto Gil dio vida al tropicalismo, y que deslumbró a David Byrne, se presenta esta noche en la Usina del Arte
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En las antiguas culturas aborígenes cuando el sabio de la tribu hablaba sentado alrededor de un fuego, los más jóvenes escuchaban lo que tenía para decir. En la historia antigua de Europa ese lugar lo ocuparon los poetas, como Homero y, en la Edad Media, los juglares. En el mundo contemporáneo de la música popular brasileña ese rol lo tiene el artista nordestino Tom Zé, integrante esencial de ese movimiento tropicalista que formó junto con Caetano Veloso y Gilberto Gil en 1968. Cada vez que Tom Zé habla, hace un concierto o saca un nuevo disco, el mundo de la música escucha con atención."Dicen que toda generación reniega de sus padres, pero procura conectarse con sus abuelos. Parece que todos esos músicos jóvenes y el público en general ven en mí a un abuelo lejano", ha dicho.
Ahora, ese abuelo del tropicalismo regresa a Buenos Aires para que todos lo escuchen en la Usina del Arte, donde hoy hará un repaso de su discografía. La última vez fue en 2009. "Habrá canciones de mis discos Jardim da Política, Vira Lata na Via Láctea, Tropicália Lixo Lógico, Com Defeito de Fabricação y de mi primer disco, Grande Liquidação", anticipa este hombre de rostro campesino y ojos encendidos, que condensa en su pequeño cuerpo una información del universo erudito y popular.
La condición particular de una educación sentimental más intuitiva, cultivada en un pueblo rural del interior de Bahía como Irará, y su estudio formal de las vanguardias internacionales en la Universidad de Música de Bahía, lo transformaron en el más tropicalista del tropicalismo. "Tom Zé es una de las mentes brillantes de la música popular brasileña", escribió Caetano Veloso, que está entre sus fervientes admiradores.
Entre 1968 y 1978, Tom Zé grabó cinco discos claves, entre los que se encuentra el notable Estudando o samba de 1976, que fue señalado como uno de los más influyentes por la Rolling Stone de Estados Unidos. "Sus discos experimentales de los años setenta son mejores que cualquier otro disco del tropicalismo", confesó Caetano cuando le preguntaron sobre la influencia de Tom Zé.
En 1968 el autor de "Alegría, alegría" viajó especialmente a Bahía para convencer a Tom Zé que tenía que formar parte del movimiento tropicalista que estaban gestando en San Pablo junto a Gilberto Gil. Así Tom Zé se sumó a ese seleccionado que incluía a Caetano Veloso, Gal Costa, Gilberto Gil, Nara Leão, Os Mutantes, los poetas Capinam y Torquato Neto, y el arreglador Rogério Duprat que grabó el álbum Tropicália ou panis et circencis, manifiesto del movimiento tropicalista, que llevó a Brasil de la Edad Media musical a la segunda revolución industrial. "La sofisticación antibossanovística de Tom Zé, el vinculo directo que él insinuaba entre lo rural y lo experimental, tendría lugar en el mundo que estábamos descubriendo. En la Tropicalía, Tom Zé se mostró, de hecho, como en casa", recuerda Caetano en su ensayo Verdad tropical.
El espíritu experimental y lúdico de Tom Zé que mostró desde su primer disco Grande Liquidação (1968), la ironía de sus letras y las piezas de deconstrucción musical que retoman elementos de la música contemporánea que se combinan con la fascinación por la bossa nova, el samba y los ritmos de la cultura popular nordestina le dieron un carácter único a su música. "Tuve que producir un nuevo género musical. Desde que intenté mis primeras canciones, sabía que no tenía voz de bossa y era un pésimo instrumentista, así que tuve que aceptar eso. Fue cuando se me ocurrió trabajar en esa frontera entre la música y el ruido, que me transformé en artista", dice sobre su bautismo artístico.
Sin embargo, a pesar de su genio, durante quince años fue una figura postergada. En 1989 en un viaje a Río de Janeiro, David Byrne (ex líder de Talking Heads) descubrió sus discos en una tienda de vinilos y quedó maravillado. Tom Zé estaba a punto de mudarse a Irará, su pueblo de la infancia, para trabajar en una estación de servicio, cuando recibió la llamada de Byrne que lo andaba buscando desesperadamente para poder editar material del músico en su sello, Luaka Bop. El encuentro fue en el número 269 de la calle Alagoas, esquina con Sabará, de San Pablo. "Cada vez que paso por allí, miro hacia la ventana del apartamento y hago el signo de la cruz por la suerte que tuve", recuerda el músico.
En ese primer compilado con su obra, David Byrne le escribía al mundo: "¿Estás listo para Tom Zé? Él lleva treinta años esperándote". Tom Zé tuvo que dejar postergada la idea de trabajar en una estación de servicio y salir de gira por los Estados Unidos. Actuó en el Lincon Center y cosechó nuevos fanáticos, como Beck, mientras The New York Times lo calificaba como el nuevo Frank Zappa. Ya no solo sus discos llamaban la atención, sus performances en vivo resultaban novedosas. Era capaz de improvisar sobre anuncios de las páginas amarillas utilizando un megáfono; salir disfrazado de político con una banda presidencial verde y amarilla sobre el pecho, como hizo en el último Rock in Río; hacer aullar a la gente como lobos para acompañarlo en el tema "Lua-gira-sol"; o utilizar una moladora para tocar un samba.
"Siempre procuré trabajar en los límites de la canción y siempre me gustó producir instrumentos propios; utilizar heladeras, bocinas y otros objetos cotidianos como grabadores de cinta, hasta hice música con hojas de ficus, una planta que crece mucho acá. Todo lo que los demás desprecian es mi área de trabajo. Se trata de aproximarse lo más posible a un lenguaje musical con cosas que no hablan un lenguaje musical. El humor es otro recurso ya que no tengo una bella voz para poder sustentar todo mi trabajo corporal", reconoce el compositor.
Hoy, el artista y performer bahiano se mantiene en estado permanente de tropicalismo y se encarga de mantener activo su espíritu rebelde como cuando le dedicó canciones a George W Bush en el disco Impressa cantada o al Papa Francisco en el EP Tribunal do Feicebuqui. Es la manera que tiene de iluminar al mundo o fabricarlo de vuelta a través de sus canciones. Es un confundir para explicar y explicar para confundir, como escribía en unas de las líneas de la emblemática canción "Tó", incluida en su no menos emblemático álbum Estudando o samba (1976).
"Desde pequeño tuve que conformarme con no poder hacer música contemplativa. Una de las maneras de salvarme de no ser un compositor bien dotado fue hacer reportajes sobre lo que sucedía a mi alrededor. Mi música es siempre un camuflaje de la rebeldía, que en realidad es el producto que fabrico, no arte", se define el músico, cuyo disco Com Defeito de Fabricação (1989), lo ubicó en el panorama internacional .
Con ochenta años recién cumplidos Tom Zé (que vive en San Pablo junto a su mujer, Neusa, inspiradora de su trabajo y manager personal) sacó un nuevo álbum dedicado a romper los paradigmas machistas sobre la sexualidad: Canções eróticas de ninar - Urgência didática. Allí aborda las memorias de su niñez y la idea represiva alrededor del sexo que se vivía en el pequeño pueblo de Irará, sin dejar de lado el erotismo.
"El eros no es solo la erección, sino también la oración", le explicó recientemente a O Globo. "Esperma no es una palabra pornográfica, es algo puro, porque es una vida en estado futuro. Por eso en los espectáculos uso traje de jardinero. La ropa es la referencia a El jardín de las delicias de Bosch, y El origen del mundo de Courbet. Me acerco a estos problemas con el cuidado de un jardinero. No quería tener discursos agresivos sobre el tema. La mayor parte de las canciones populares que hablan del sexo atacan a la mujer, como la «Danza de la botella». Es una canción tan cruel. Así que tuve cuidado de no repetir este tipo de agresión, algo en lo que Neusa (esposa del compositor) me ayudó muchísimo", explicó.
Conocer la música de Tom Zé, más tarde o más temprano, siempre produce un impacto y corrige la visión sobre el universo musical. Como sucedió con David Bynre y Caetano Veloso. Incluso, como le pasó al propio Tom Zé, cuando escuchó a João Gilberto. "Estábamos escuchando Radio Excelsior de Bahía y, de golpe, alguien tocó una cosa absolutamente extraterreste. Era algo extraño que traía toda la novedad y toda su raíz atrás. Era como si la historia entera del samba pasara por nuestras cabezas. Eso fue un asombro para nosotros porque no podíamos creer que se tratara de un cantor bahiano. Todo el mundo hablaba de ese terremoto artístico. Fue como la llegada a la tierra de una vida nunca imaginada". Con Tom Zé y sus ovnis musicales fabricados en Bahía sucede lo mismo.
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