Totó la Momposina: una encantadora de audiencias
La entrañable cantante colombiana se presentó en el cierre del Festival Gabo; en esta edición se celebraron los 50 años de la primera edición de Cien años de Soledad
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Medellín (Colombia). –“¡Qué viva Medellín!, ¡Qué viva Gabo!, ¡Qué viva Totó!”, arenga Jaime Abello Banfi, Director de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, desde el escenario montado en el Orquideorama, al cierre de una velada inolvidable. Estamos en un fantástico auditorio de diseño vanguardista, enclavado en el Jardín Botánico de una ciudad que se volvió pujante y que fue la sede principal del Festival Gabo, que tuvo casi 5 mil inscriptos y donde se entregaron los premios que distinguen a las mejores crónicas del continente. En el cierre del encuentro, sin embargo, no hay tiempo de saudades.
El concierto de Totó La Momposina fue el único número musical del Festival. Y la elección no fue casual. Es que Gabo la invitó a participar de la entrega del Premio Nobel, 35 años atrás, y desde entonces el nombre de esta cantora, baluarte de los cantos ceremoniales de Colombia, ha estado vinculada al autor de Cien años de Soledad. Por eso eligió comenzar su show con una versión a capella de “Soledad”, la misma canción que cantó aquél mítico y lejano 8 de diciembre de 1982, bajando por las escaleras de la Opera Real de Estocolmo .“Cumbia, oye mi cumbia / Rincón de amor, del Magdalena / quema del sol, esta es mi tierra”. La canción no fue compuesta en homenaje al flamante Nobel, pero vino como anillo al dedo para aquella ceremonia. “El tenía que llevarnos para corroborar lo que había escrito”, explicó en una conversación pública que mantuvo en el marco de la sección Obsesiones de Gabo con el periodista Juan Mosquera. “Todo eso que él narra, todo eso es verdad. Pero él lo escribió de un modo poético, que se hizo universal. Por eso Gabo se conoce en todo el planeta”, explicó.
Igual de universales a los textos de García Márquez son las canciones regionalistas que canta Totó. Definir a ese evento como un concierto es, al menos, una reducción. Se trata, verdaderamente, de un ritual. Como una encantadora de audiencias, con la energía de los tambores y el empuje de sus cantos ancestrales, Totó, con su traje colorido, se transforma en una chamana. A través de cumbias, porros (“el dixieland del Caribe”, como definieron alguna vez) y fandangos, Totó no deja a nadie sin bailar. Al sonido tradicional de los tambores y las gaitas, Totó le añade sonoridades contemporáneas como la guitarra eléctrica e incorpora bronces que le sacan más brillo a su sonido.
Se trata de un catálogo, no tan reducido, de la vasta y ecléctica oferta musical de Colombia, que ostenta más de 100 ritmos en sus diversas regiones. Pero cualquier ejercicio intelectual que pretenda explicar la magia de Totó queda reducido a la nada frente a las miles de caderas ondulantes que se entregan al baile. Y, sobre todo, a las miles de sonrisas que parecen bendecidas desde el escenario.
Gabo solía decir “Cien años de Soledad es un vallenato de 400 páginas”. Así de importante, así de elocuente era el peso que tenía la música en su obra. Y cuando le preguntaron, extrañados, por qué había llevado a Totó a cantar a Suecia, cuando lo del Nobel, él respondió: “Yo ya no tengo palabras, en sus canciones están mis libros”. Esas canciones, como la emblemática “Cumbia del Pesador”, de José Antonio Barros, o el tradicional “Aguacero de mayo”, tienen ya el estatus de himnos. Y Totó las interpreta con maestría, a la altura de su propia leyenda.
Contra el reggaetón
En el marco del Festival, Totó ofreció una conferencia de prensa donde realizó declaraciones contra el reggaetón que generaron revuelo en los medios colombianos y se esparcieron rápidamente por las redes sociales. ““Y entonces los muchachos de ahora lo que oyen es reggaetón. «¡Qué te lo meto, qué te lo saco, qué lo hacemos, qué no lo hacemos¡». Eso no tiene ningún valor absolutamente de música y sirve para embrutecer a toda la humanidad a través de los malos pensamientos”, expresó la cantante. Al día siguiente explicó, “Un pueblo que no tiene cultura, no va a ninguna parte. El reggaetón es un proyecto de República Dominicana, pero forma parte de una estrategia de los United States (sic) para embrutecer la mentalidad de los muchachos”.




