Tres cantantes reunidas para la gloria y el deleite
Susana Rinaldi, Amelita Baltar y Marikena Monti, reunidas en un ciclo de Clásica y Moderna, que se extenderá hasta el sábado 21
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Revival de Tres mujeres para el show (1973), con Susana Rinaldi, Amelita Baltar y Marikena Monti, acompañadas respectivamente por el cuarteto instrumental integrado por Abel Rogantini (piano), Juan Pablo Navarro (contrabajo), Mariano Cigna (bandoneón), Juan Carlos Cuacci (guitarra y dirección), y Aldo Saralegui (piano). Idea y realización: Baltar-Rinaldi-Monti y Ana Albarellos. Ciclo en Clásica y Moderna, Callao 892. Funciones, todos los días, a las 21.30, hasta el sábado 21)
Nuestra opinión: Excelente
Pasan cosas en Clásica y Moderna. Insólitas, inesperadas, encantadoras. Y a veces, de tan potentes, inolvidables. Maravilla que de pronto se instale allí, como en su propia casa, La Bola Loca, aquel boliche de la calle Maipú, de los años de plomo de los 70, con tres de sus protagonistas; paradigmáticas en la música popular. Para ofrendar, imbuidas de los mismos ideales e impulsos contestatarios de Tres mujeres para el show , lo más entrañable de un copioso cancionero, en cumbres de estilo y madurez interpretativa.
Esta vez, Clásica y Moderna decide tirar la casa por la ventana para recibir clamorosamente a Susana Rinaldi, Amelita Baltar y Marikena Monti, estrellas y reinas de aquella Bola, sin otra locura bendita que regresar con ellas en el tiempo y rescatarlas amorosamente para constatar la intacta juventud espiritual de cada una, la lozanía de sus voces, la vitalidad de su canto, la inteligencia de sus repertorios, la alcurnia de su arte. Así, casi intactas, llegan de nuevo, 36 años después, con alegría, humor y un sabroso anecdotario, sin divismo y sin la bruma de la nostalgia.
Dos instancias transitan ellas, tan amadas: una, humana; la otra, artística.
La humana ha decidido que cada cual presente, a su turno y desde distintos puntos de la sala, a su compañera, para así dar lugar a su actuación. Marikena anuncia a Amelita. Susana, a Marikena, y al final, Amelita, a Susana, quien cierra este fascinante recorrido.
¿Cómo lo encara cada una? Creando el sortilegio del cariño sincero y entrañable hacia la colega; señalando con devoción sus méritos personales y su trayectoria; declarándole su admiración. Son estos gestos de amistad, reflejados en cada palabra, los primeros en cautivar a todos. Es que entrañan los raros atributos de nobleza, sinceridad, generosidad.
Lo artístico resulta impecable, sorprendente, conmovedor. Bastará citar momentos de antología. Amelita, al entregar, desde sus vísceras, el Piazzolla de "Renaceré en Buenos Aires", "A Violeta", "Balada para mi muerte", la trillada, pero única en su voz, "Balada para un loco", y las zambas "La pobrecita", "La tristecita" y "Criollita santiagueña". Marikena, al repasar con voz de acero canciones de Brel, Jobim, Buarque y una insuperable "Non, je ne regrette rien", de la Piaf, que alterna con un registro del Gorrión de París, y Susana, al reivindicar a la Eladia Blázquez de "Luchar y existir", "Barrilete" y "Siempre se vuelve a Buenos Aires", y al legar versiones pujantes, definitivas, antológicas de los tangos "Ventarrón", "Tinta roja", "Yuyo verde", "Naranjo en flor" y "Como dos extraños".
Abel Rogantini y Aldo Saralegui, en piano; Juan Carlos Cuacci, en guitarra; Juan Pablo Navarro, en contrabajo; Mariano Cigna, en bandoneón, han creado los mejores climas.




