
Un cantante con mucho carisma
El Chaqueño Palavecino tuvo que agregar una función, por demanda del público
1 minuto de lectura'

Cada vez que el Chaqueño Palavecino llega a Buenos Aires se aloja en un hotel de la zona de Congreso. Pequeño, agradable y, sobre todo, tranquilo. "Me gusta tener un buen auto y una buena casa. Por comodidad, por darme el gusto. Pero con ciertas cosas trato de mantener un perfil bajo. Estoy recontento con lo que me está pasando y ahora agregamos una función en el Luna Park", dice con los gestos de un chico entusiasmado.
Pero no es un chico. Tiene 41 años, medio millón de discos vendidos y un flamante CD, "La ley y la trampa", que presentará este fin de semana al público porteño.
La cantidad de gente que lo verá el sábado, a las 21.30, y el domingo, a las 19.30, no lo asusta, porque es uno de los artistas más convocantes en los festivales de todo el país. Sin embargo, no sale de su asombro. "Con hacer sólo una función estaría satisfecho. El Luna es un lugar histórico, codiciado por muchos que no tienen la posibilidad de estar. Bueno, yo la tengo, y con la sorpresa de hacer un segundo show. Eso es bueno para un provinciano. Porque yo vengo haciendo las cosas de allá para acá. El país sabe quién es el Chaqueño Palavecino por los festivales. Eso me dio más coraje para venir."
Tomando clases
Durante el último lustro, con su estampa criolla y ese vozarrón que no repara en matices, el músico del Chaco salteño se convirtió en un personaje carismático de la música folklórica. Aunque debajo del escenario busca refugio en su decir campechano o en esas palabras que le dieron título a uno de sus álbumes, "Apenas cantor".
"Porque yo soy un cantor que sólo ahora está tomando clases -asegura-. Tengo la obligación de aprender, pero no tengo mucho tiempo. Me llaman de muchos festivales. El ánimo no es el mismo todos los días, pero cuando entro a cantar me siento de igual a igual."
-¿Con el público?
-Y, sí. Le tengo que agradecer eternamente. Sin desmerecer a mi representante o a otra gente que trabaja conmigo, mis patrones son las personas del público. Si no están, no me contratan en ningún lado. Y si los aplausos son mínimos, siento que me están regalando la plata.
-¿Mirás mucho a la gente cuando estás sobre el escenario?
-Tengo un problema con eso, porque me gusta cantar con las luces del público encendidas. Siempre veo gente que se contagia, que lo vive, hasta el que menos aplaude y escucha. La gente en silla de ruedas, en primera fila, muchos chicos, los grandes, los abuelos, que por una cuestión de edad se cansan más rápido y sin embargo aguantan el estar mucho tiempo ahí, parados o bancándose un día de frío. Das una alegría y te hace sentir que servís para algo.
-¿Cómo te ven ellos?
-Creo que ven a un tipo que representa a la música nuestra. Siempre me pregunto por qué le gusto a un chico, a ese que me imita, que copia la vestimenta. Hasta ahora no encontré respuesta. Tal vez sea el ángel de uno. Por eso agradezco hasta donde llegué. Apenas pude terminar 7° grado y desde que tengo conciencia he servido en el campo, cuidando el sembrado, sacando agua del pozo. Ya en el pueblo, lustraba botas, vendía alguna cosa, buscaba la forma de ir a la escuelita... de lucharla. Y tuve un contacto permanente con la gente cuando manejaba camiones y ómnibus. Trabajé en eso hasta hace cinco años, cuando me pude despegar y dedicarme sólo a cantar.
-¿Lo que no se te despega es la manera de interpretar el folklore?
-Y ni pienso. No tuve que recurrir a una batería para cantar una zamba. Pero, con lo mío, he contado los aplausos de uno en uno. En el peor momento seguí con mi sombrero y mi pilcha gaucha. Y ahora estoy sumado al cancionero popular. No quiero ser el único, quiero ser útil para esto.
-Y mientras otros buscan la novedad te quedaste con lo más tradicional, en la línea del "cantor popular". Por eso se te comparó con Horacio Guarany.
-No busqué estrategias, sino la manera de mejorar un poco. Me gusta el tango, pero no puedo cantarlo. Con las baladas románticas sería un desastre. Me gusta el cuarteto, Luis Miguel y ABBA, en su momento. Me gustan los Decadentes y los Divididos, porque es gente que desde su música se ha preocupado por ir hacia algo autóctono, como el carnavalito. Pero yo comencé a hacer la música de mi región, con la guitarra, el bombo y el violín, y le puse el toque romántico de la polca y el takirari, del folklore paraguayo y del boliviano. Y en cuanto a Guarany... Yo me presento en los lugares donde canta él. El ha sido el cantor del pueblo. No estoy a su altura, porque Horacio jugó 50 años en primera y lo que escribió estoy seguro de que no lo voy a poder escribir yo. Pero me estoy sumando. Dios dirá hasta cuándo.
-¿No estás solo en esa línea?
-La tenemos a la Sole, que llegó primero a los medios de Buenos Aires para mostrar lo suyo en todos lados. Y en los festivales vas a encontrar a mucha gente con una propuesta como la mía. Algunos tenemos más suerte, o más ángel, o somos más trabajadores. Yo me siento una continuación de Las Voces de Orán o de Guarany, pero con mi estilo, con la simplicidad que ha venido conmigo.




