
Un encuentro con Valentino y amigos
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Presentación del Organ Trío , con Juan Valentino en guitarra y bromas, Fernando Rusconi en Hammond B-3 y Nicolás Soccoratto en batería. Músicos invitados: Miguel Angel Tallarita en trompeta y Miguel Soccoratto en contrabajo. Los jueves de abril, en Thelonious, Salguero 1884.
El guitarrista Juan Valentino propone que cada actuación sea un encuentro de amigos, sólo que en vez de hacerlo en un bar se hace sobre el escenario.
El local elegido en esta ocasión es el cálido Thelonious, donde el guitarrista, Fernando Rusconi en el Hammond B-3 y Nicolás Soccoratto en batería desarrollan algunas ideas musicales sin afán exploratorio, más bien con un criterio de disfrutar el momento.
Esa aparente falta de exigencia les pone un color relajado a las noches de los jueves en el local, en las que el talento de Valentino, movido por el espíritu de Wes Montgomery, hace como si fuese un mandato natural un impecable trabajo de rearmonización.
Sentado, con su guitarra de caja, recorre un repertorio sin un orden determinado. Los temas van llegando desde algún lado a su cabeza y son tocados. Su técnica del pulgar, a la manera de Montgomery, es una garantía de que la melodía será la protagonista. Hay una inclaudicable bohemia en este músico con sólido buen gusto. Temas de Montgomery, de Miles Davis, boleros con un sesgo swinging y hasta música latina componen el repertorio.
El trío tuvo artistas invitados, como el trompetista Miguel Tallarita y Miguel Soccoratto en contrabajo, por ejemplo, que pusieron su cuota de musicalidad, como también el bluesman Piti Alvarez, ex líder de Viejas Locas y actualmente de Intoxicados, que si bien no subió al escenario de Thelonious no faltará oportunidad de que la visita sea más musical que personal con Valentino.
El guitarrista nuevamente mostró dominio sobre el diapasón, que quedó en evidencia durante sus solos, en los que usaba acordes como si fuesen single notes o en octavas. Por ejemplo, en un tema de Miles ("Walkin", si mal no recuerdo) desarrolló esta composición con verdadera ciencia. Supo darle a cada nota la intensidad deseada y a cada frase una deliberada intensidad, desprovista de virtuosismos gratuitos.
Con él, Rusconi mostró ser un excelente acompañante tanto cuando cubría el papel de bajo como cuando improvisaba.
Los momentos más fuertes de la noche estuvieron en las manos de Tallarita, un verdadero maestro de la trompeta latina, con una entonación y articulación de pulida técnica. Un cuadro musical pleno de colores fue el encuentro entre los climas de Rusconi, la aterciopelada sonoridad de Valentino y la potencia plateada de Tallarita.
En medio de tanta propuesta personal que tiene el jazz en Buenos Aires, la música de este guitarrista llega como una brisa fresca, conocida, por cierto, de saludable relajación.



