
Un encuentro de amigos
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"En un rincón del alma", espectáculo de Alberto Cortez y Estela Raval junto a Los Cinco Latinos. Músicos de Cortez: Fernando Gómez Badía (piano, arreglos y dirección), Miguel Bareilles (teclados), Andrés Dulcet (bajo) y Norberto Di Bella (batería). Acompañantes de Raval: Los Cinco Latinos: Crisiglione, Antinori, Granata y Tenreyro, dirigidos por Daniel Vila. Sonido: Melero-Itelman. Luces: Fátima Boleti. Producción: Fenix Enterteinment Group. En el teatro Gran Rex. Próxima presentación: 27 del actual en el mismo teatro.
Nuestra opinión: bueno.
Exactamente tres horas y veinte demanda este encuentro del cantautor Alberto Cortez con la cantante Estela Raval para distribuir más de cuarenta canciones, algunas anécdotas y tres cuentos verdes (de salón), no sin antes intercambiar un par de halagos.
La coincidencia, dictada -como se dijo- por la admiración de ella y el afecto de él, es también ocasión propicia para que Estela Raval celebre sus 45 años con Los Cinco Latinos.
Esquivando modestias, Cortez había ya definido a la cita: "Más que una tertulia, es una reunión de talentos". Seguramente por esto el Gran Rex está lleno de gente mayor y también de la generación intermedia, totalmente rendidos a sus pies.
"En un rincón del alma" es un gran show. Simpático, incluso, para repasar el generoso cancionero de Cortez e internarse en este revival celebratorio, empapado de nostalgia.
Dos pantallas gigantes a los costados del escenario muestran a Alberto Cortez con una promoción turística de la Argentina, mientras estalla la parafernalia instrumental con temas de los respectivos repertorios. Las pantallas proyectarán durante todo el tiempo -asegurando el impacto emocional- lo que ocurre en el escenario.
Inútil detallar las instancias de la función, que abre Cortez, seguido por Raval y Los Cinco Latinos, donde luego confluyen los dos, y, como si esto no bastara, el retorno de Estela con su cancionero junto a un trío, y después Cortez con el suyo, para rematar juntos cantando a todo pulmón "Cuando un amigo se va".
Alberto Cortez no puede con su temperamento y estilo interpretativo, por lo que vocifera sus canciones, a las que salva del puro estruendo canoro al dotarlas de breves y esquivos matices. Además, vuelve a forzar su garganta de barítono, con las notas agudas de la tesitura de tenor.
Sin duda, el prolífico compositor (y sus atractivas melodías, que suelen remontar vuelo) y versificador (que en muchos tramos alcanza a transmitir poesía, emulando a los clásicos de la lengua en una empecinada prolijidad de la rima) se cuenta entre los más prestigiosos cantautores -Serrat, Sabina, Rodríguez, Milanés...- que honran nuestro idioma con imágenes y metáforas. Pero son estos énfasis -el continuo desgañitarse- los que parecen estropear su inspiración. Se convierten en su talón de Aquiles.
No obstante son muchos los que en este teatro disfrutan al escucharlo en "Callejero", "A partir de mañana", "Amor desolado", "Te llegará una rosa", "¡Qué maravilla, Goyo!", "Castillos"... a juzgar por las ovaciones.
Estela Raval también las cosecha con su entrega y sus sorprendentes atributos canoros cuando canta "Como antes", "Sólo tú", "Quiéreme siempre", "Tú eres mi destino", "Balada de la trompeta"..., que perduran en la memoria de aquella generación de los años 60. A Los Cinco Latinos no les preocupa el anacronismo de los coritos, los gestos y el atuendo. Es mejor escucharlos tocar, sentados, sus instrumentos de viento: trompeta, flauta, clarinete, saxo, trombón.
Si en tal contexto de géneros de la música popular se cuelan la zamba "Luna tucumana" y el tango "Pasional", es apenas un desliz, una peregrina ocurrencia. Lo cierto es que Estela Raval -que va exhibiendo tres vestidos deslumbrantes de diva- entrega toda su espléndida voz y sabe dosificarla con variados matices, mostrándose más suelta y natural -incluso ocurrente y compinche-. En definitiva, menos hierática que su colega.
Es seguro que esa mayoría de fanáticos esperó, con razón, más canciones. En cambio, para aquella estrecha porción de oídos neutrales, las tres horas veinte pudieron convertirse en toda una prueba de paciencia. "Menos es más", reza un proverbio chino...
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