
Un homenaje con múltiples voces
Toots Thielemans y un gran elenco de cantantes le rinde tributo al compositor Harold Arner
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One More For The Road
Toots Thielemans
Come Rain or Come Shine, Between The Devil and The Deep Blue Sea, Last Night When We Were Young, Ill Wind, One For My Baby, I Got Right To Sing The Blues, I Wonder What Became Of Me, That Old Black Magic, This Time The Dream s On Me, Stormy Weather, It s Only a Paper Moon, Over The Rainbow (Verve)
"One More For The Road" es la última joya de ese escultor de melodías que es el armoniquista Toots Thielemans, de 84 años. Es un trabajo editado por Verve, que tiene como propósito homenajear al gran compositor Harold Arner, un artista que logró hacer más conocida su música que su nombre.
Enamorado de las melodías, Thielemans se reúne con un plantel de artistas a la altura de las circunstancias para llevar adelante esta propuesta que tiende a realzar la música de ese compositor.
Casi sin quererlo, este belga, nacido en Bruselas, en 1922, logró con este trabajo retratar una música que tiene medio siglo de vida, desempolvarla e introducirle arreglos que no sólo la actualizaron, sino que también dejaron en evidencia sus ricos costados armónicos.
Este proyecto nació a raíz de los cien años del nacimiento de Arner (1905-1986) en el que el armoniquista se asoció, por decirlo así, con uno de sus habituales acompañantes, el "gurú" del piano Kenny Werner, con quien desarrolló una sobria y eficaz instrumentación.
Sin embargo, el disco tiene al canto como principal protagonista. Para ello eligió varias de la voces jóvenes, algunas siempre prometedoras, y citó al estudio, por ejemplo, a Oletta Adams, para hacer una gran versión de "Stormy Weather"; nuestra conocida Madeleine Peyroux, para "Beetween the Devil and The Deep Blue Sea"; Lizz Wright, hizo un impecable "Come Rain or Came Shine"; "One For My Baby", en la voz del ascendente Jaime Cullum; la noruega, de voz de cristal y que tanto hace recordar a Grace Cosceri, Silje Nergaard, en "Last Night When We Were Young"; Laura Fygi, para "It s Only A Paper Moon"; Bert Hart, para la versión magnífica de "I Gotta Right To Sing The Blues" y Till Brönner en canto y trompeta, a la manera de un Chet Baker del siglo XXI, en "The Time The Dream s On Me", entre otros.
La variedad de las voces logró en este trabajo recordar la cualidad de la música de Arner, episódica y sustanciosa, y puso de manifiesto ese mundo de diferentes expresividades que tuvo como núcleo el repertorio del compositor.
Respecto de Thielemans sigue mostrando en este disco su capacidad gigantesca de saborear melodías desde su armónica cromática. Bonachón y eternamente juvenil, este belga propone un homenaje con un sereno sentimiento de propiedad sobre este material. Su sonido, su forma de fraseo y esa capacidad de construir mensajes, abiertos, tan fuertemente melódicos y a la vez cercanos al mundo europeo hacen que sus solos tengan colores únicos.
El disco comienza con el trompetista Ruud Breuls parafraseando la introducción que creó Miles Davis para su "Nuit sur les Champs-Elysées", centro de la película "Ascensor para el cadalso". Una trompeta desapacible, sin vibrato, pero el clima da un vuelco de campana y surge la voz de Wright, que frasea sobre el "Come Rain or Come Shine", con un arreglo que cruza la armónica con una guitarra slide , en manos de Bert Meulendijk.
Al parecer, una buena parte de las cantantes integran el plantel que tiene el sello, es decir, potenciales sesionistas de primer nivel que estuvieron dirigidas por el arreglador Jurre Haanstra.
Se podría decir que Thielemans logró en cada composición reunir el núcleo emotivo con la interpretación. Aquellos seguidores de este genial artista, notarán que se queda en casi todos los temas como un interlocutor de los cantantes.
La idea que parece trasuntar en la propuesta es que mientras que la voz humana cobra una dimensión importante, tal como en la música de Arner, que se rodeó de grandes letristas como Johnny Mercer, Ted Koehler o Ira Gershwin, la armónica es quien establece los diálogos, pero sin necesidad de protagonismos vanos.
Hay reflexión en los diálogos y es Thielemans quien pone las notas de improvisación en el disco que toma por variadas sendas, las que parecen surgir o ser propuestas por las voces. Toots responde aniñado a la noruega Nergarrd y suena sensual cuanto charla con Adams, en "Stormy Weathers".
Otro de los aspectos destacados es el aporte de Werner, tanto en el piano acústico como en el Fender Rhodes. Su estilo con raíces clásicas, pero con una articulación jazzística moderna, tiende a resaltar algunos aspectos de la melodía y estimula así el papel del solista que en este caso es un medido Thielmans, como siempre ubicuo, creativo y de sonido alegre.


